Concurso “Cuentos de Mi Pueblo”: Santa Elena celebró a sus mujeres

En uno de los certámenes literarios más importantes de la provincia, se distinguió a 18 autores en tres categorías, rescatando historias de vida y poesías que honran el legado femenino de la localidad

Por Vicente Suárez Wollert

La comunidad de Santa Elena vivió una jornada especial con la entrega de premios del V Certamen Literario “Cuentos de Mi Pueblo: Mujeres de Santa Elena”, una propuesta que año tras año se consolida como espacio de encuentro entre la literatura y la memoria local. Esta quinta edición recibió 58 textos entre cuentos, relatos, biografías y poesías de diferentes escritores y autores locales, una cifra que refleja el creciente interés por rescatar y visibilizar las historias de las mujeres que construyeron la identidad del pueblo.

Los textos presentados exponen de forma artística el rol de la mujer santaelenera en sus múltiples facetas: como profesional, ama de casa, en su rol político, familiar de abuela, docente, jubilada, y desempeñando oficios tradicionales según la época y la idiosincrasia local. Esta diversidad de miradas permitió al jurado evaluar un amplio espectro de voces y experiencias que, en conjunto, dibujan un retrato colectivo de la mujer en Santa Elena a lo largo de las décadas.

El jurado estuvo integrado por reconocidas figuras del ámbito literario y educativo: Dana Gavini, periodista y escritora; Lucía Pabón Morales, presidenta de la Asociación de Escritores de Entre Ríos; y las profesoras Adriana Gallardo y Mariángeles Casco. Este panel tuvo la difícil tarea de seleccionar a los ganadores entre la variedad de propuestas que llegaron al certamen, cada una con su particular forma de homenajear a las mujeres del pueblo. Los premios, como cada año, fueron diseñados artesanalmente por Teresita Gómez, artista plástica local, convirtiendo cada reconocimiento en una pieza única que combina el valor simbólico con el arte visual.En la categoría adultos, género narrativo, el primer premio recayó en Florencia Johana Nosmor con “El dedal de la Gunda”, una pieza que capturó la atención del jurado por su capacidad de transformar un objeto cotidiano en símbolo de una vida dedicada al trabajo y la familia. El dedal, ese pequeño instrumento de las costureras, se convierte en la obra de Nosmor en metáfora de protección, destreza y memoria. El segundo lugar fue para María Daniela Cabrera con “La sin nombre”, un relato que aborda la invisibilización de tantas mujeres cuyas historias quedaron al margen de los registros oficiales, mientras que Guillermo Alberto Spanh obtuvo el tercer puesto con “Santaelenera”, texto que celebra la identidad femenina local.

En poesía adultos, Vicente Joaquín Suárez Wollert se alzó con el primer premio gracias a “La Rusa”, poema que evoca la figura de una mujer probablemente llegada de tierras lejanas para hacer de Santa Elena su hogar. Le siguió Mirta Mabel Genre-Bert con “Carmencita”, pieza lírica que rescata la ternura de un nombre familiar, y Stella Maris Mariano con “Nueve lunas”, obra que cierra el podio con una evocadora metáfora sobre la gestación, la espera y el milagro de la maternidad.

La participación adolescente mostró un notable compromiso con la investigación histórica y la memoria familiar, demostrando que las nuevas generaciones valoran el legado de sus antecesoras. Iara Guadalupe González ganó el primer premio en narrativa con “Biografía de Blanca Andino”, un trabajo que rescata del olvido a una figura femenina significativa para la comunidad. Matías Servín obtuvo el segundo lugar con “El gesto de doña Gregoria”, relato que encuentra en un acto aparentemente simple la grandeza de una vida, y Brenda Chamorro completó el podio con “Biografía de mi abuela Ramona Teresa Casals de Chamorro ‘Ñata'”, demostrando cómo la memoria familiar se entrelaza con la historia colectiva y cómo los apodos cariñosos guardan historias profundas.

En el género lírico adolescente, Agostina Goncebatt conquistó el primer puesto con “Tres libres y un cuarto de neblina”, título que sugiere una búsqueda de libertad teñida de misterio y ambigüedad poética. Estefanía Retamar obtuvo el segundo premio con “A mi madre, maestra de la vida”, poema que reconoce el rol educador que trasciende las aulas, mientras que Giovani Ian Gael Quintana cerró la terna con “Mujeres de Santa Elena”, poema que abraza el espíritu mismo del certamen al celebrar la pluralidad femenina del pueblo.

Los participantes más jóvenes, en la categoría pre adolescentes, demostraron sensibilidad y talento precoz, además de una conexión especial con las historias familiares. Joaquín Ignacio Toledo ganó el primer premio narrativo con “Paky, corazón de tiza”, una obra que combina ternura y simbolismo, posiblemente evocando la figura de una maestra que dejó huella en sus alumnos. Zoe Rosa Mariel Cañete obtuvo el segundo lugar con “El misterio de la primer cocinera”, un relato que convierte la cocina y sus saberes en enigma digno de ser narrado, mientras que Luz María Schneider completó el podio con “Historia de mi bisabuela Ramona ‘Tique'”, confirmando que las raíces familiares son fuente inagotable de inspiración y que los bisabuelos pueden convertirse en personajes literarios fascinantes.

En poesía pre adolescente, Nabil Luis Oscar Velázquez Ovando se llevó el único premio otorgado con “La pescadora”, poema que rescata una actividad tradicionalmente asociada a los hombres pero que en Santa Elena, pueblo ribereño, también fue territorio femenino. El segundo y tercer puesto quedaron desiertos, lo que subraya el desafío que representa la escritura lírica para los más jóvenes y la exigencia del jurado en mantener los estándares de calidad del certamen.

El certamen reafirma su vocación de ser un puente entre generaciones, donde abuelas, madres, maestras, costureras, cocineras y trabajadoras cobran vida a través de las palabras de quienes decidieron no dejarlas en el olvido. Santa Elena demuestra así que la literatura es también un acto de justicia y reconocimiento hacia aquellas mujeres que, con sus gestos cotidianos, su trabajo silencioso y su fortaleza, construyeron la identidad de un pueblo que hoy las celebra con letras, memoria y arte.

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