Ante el ataque a Venezuela: ser libres de toda dominación extranjera

El sábado amaneció con el ataque militar contra la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Las imágenes de los misiles y sus explosiones sobre un país de América Latina sacudieron al mundo.

Las palabras de Donald Trump, horas después, fueron explícitas: “Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder”.

El presidente de Argentina Javier Milei festejó el ataque y el secuestro de Maduro, lo hizo a través de las redes sociales. Similar fue la posición que tomó la vicepresidente Victoria Villarruel: “Hoy renace la esperanza en Venezuela”, escribió.
Pero el ataque, el secuestro, la muerte de militares y civiles venezolanos es una violación a su soberanía.

Es el pueblo venezolano quien tiene el derecho a decidir los caminos para resolver sus problemas.
Desde aquí, no cabe sino el repudio a esta agresión bélica e imperialista encubierta en una falsa lucha contra el narcotráfico.

Estados Unidos toma la iniciativa militar en América Latina con consecuencias que hoy no son fáciles de determinar. De todos modos, lo planteamos desde el primer número de El Telégrafo de Entre Ríos: el mundo se encharca en sangre y suenan las campanas de una nueva guerra mundial. El ataque es parte de la ejecución de la doctrina militar de la administración de Donald Trump, de dominar política, económica y militarmente a todo el continente desde el polo norte al sur, para asegurar estar en mejores condiciones para una conflagración mundial en disputas con otras potencias como Rusia y China entre otras.

“Seamos libres de España, su metrópolis y de toda dominación extranjera”, establece la Declaración de Independencia Argentina de 1816. Una parte de nuestro territorio, Las Islas Malvinas, están en manos de Inglaterra por su poderío miliar mientras avanzan en el saqueo de nuestros recursos y se proyectan hacia la Antártida.

Nuestro semanario sostiene en su portada una frase de Manuel Belgrano: “Ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo”. Ante los acontecimientos, el camino del 25 de mayo de 1810, es una huella a transitar en los tiempos que corren para garantizar la felicidad y la prosperidad de nuestro pueblo y de nuestra Patria.

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