Con destino a La Picada, una crónica sobre rieles gastados

Un viaje en tren desde Paraná. La vorágine de la ciudad y sus colectivos quedan atrás. El tiempo se detiene, uno presta atención a las charlas, escucha música, lee, conoce personas; advierte cada olor y cada paisaje

Por Camila Gomez

Son las 13.30 y suena el silbato, el tren ya partirá. Subo y busco lugar entre la gente, quedan pocos asientos vacíos. El inspector se acerca y pregunta a dónde voy. “A la estación Jorge Méndez, en La Picada”, respondí y luego pagué lo correspondiente a la distancia: 930 pesos.

El pasaje mínimo es de 550 pesos. Es increíble lo barato que es y la eficiencia en horarios y comodidad al viajar.

El recorrido del tren tiene 13 estaciones: Paraná, General Francisco Ramírez, División de los Andes, Miguel David, Las Garzas, Gobernador Faustino Parera, Salvador Caputo, Gobernador Héctor Maya, Ramón Parera, Colonia Avellaneda, Enrique Berduc, La Picada y Jorge Méndez. Funciona de lunes a sábado en cuatro horarios.

Si se considera que la gran mayoría de los pasajeros son trabajadores, una persona puede usarlo para ir y volver a trabajar en el turno mañana, pero sólo para ir al turno tarde.

El tren avanza a paso lento pero constante. La música y las charlas son la banda sonora del viaje. En el vagón se encuentran amigos, compañeros de trabajo y familias enteras vuelven a casa.

Antes de llegar a Colonia Avellaneda ya habían subido diez personas más, y bajado unas seis. Un hombre de mediana edad viajó con su bicicleta desde la estación de calle Racedo y bajó en la de Gobernador Héctor Maya. Es decir, usó el tren dentro de Paraná sabiendo con qué tiempo cuenta de viaje y por un tercio del precio de un pasaje de colectivo. Al costado de las vías, casas construidas con chapas, cartón, bolsas y lonas son habituales.

El vagón quedó con tres personas después de frenar en Colonia Avellaneda, allí bajaron las familias y la mayoría de los trabajadores. Enrique Berduc fue el destino de una mujer joven y La Picada fue el de otros dos.

En las estaciones las personas esperan pacientes. Saben que si el horario indicado de llegada es 14.45, es cumplido.

A las 15 salía el tren desde la estación Jorge Méndez a la estación de calle Racedo en Paraná. Los minutos en La Picada pasaron entre charlas. El inspector confió que su trabajo es muy tranquilo, la gente suele ser respetuosa y nadie daña ningún sillón ni el baño (parece una tontería, pero los respaldos de los sillones de los colectivos nuevos de Paraná ya están dibujados). Es un hombre de no más de 45 años, atento con cada pasajero, conversa con los que viajan todos los días en los mismos horarios con total familiaridad.

Consultado sobre la cantidad de pasajeros, responde que ese lunes, ya sin clases, es menor, pero que en época escolar va lleno en el primer horario y al mediodía. “Son muchos los docentes que van desde La Picada y Colonia a Paraná, o viceversa. También son muchos los chicos de secundaria”, sumó.

De vuelta a Paraná, una vez más la estación con más gente por subir fue la de Colonia Avellaneda. En este punto cabe recordar que la línea 22 del Área Metropolitana (a cargo del gobierno provincial) es la que une las ciudades, con frecuencias de hora y media, viajes en los que uno va parado y un boleto que está por llegar a los 2.000 pesos. He aquí la razón por la que cada vez más personas eligen, siempre que puedan por sus horarios, el tren.

Viajar sobre rieles es como detener el tiempo. Uno presta atención a las charlas, escucha música, lee, conoce personas, observa cada olor y cada paisaje.

Una advertencia: cuando se llega a destino es difícil romper la burbuja, por lo que es recomendable comenzar a enlistar tareas dos estaciones antes, con la calma que da el viaje y el tiempo pasando despacio.

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