Por Martín Acevedo
Argentina no tiene padres fundadores, sino Padres de la Patria. El léxico de los doblajes de la industria del cine chatarra estadounidense se cuela en los discursos oficiales al más alto nivel. Mientras que a algunos nos deja consternados oír o leer tales expresiones, en otros despierta aplausos. Ni el expositor ni los escuchas advierten que esto es una demostración del imperio de la ignorancia, para ellos, todo lo contrario, se trata de un signo de distinción, de expresiones cultas, imitadas de alguna de las franquicias cinematográficas, esas mismas que repiten hasta el hartazgo en sus argumentos realidades maniqueas y simplificadas.
Esta pobreza léxica y conceptual no es un accidente, sino el síntoma de una colonización cultural que se infiltra por las rendijas del lenguaje, disfrazada de prestigio. Se celebra como si fuera un gesto cosmopolita, cuando en verdad es una renuncia a la riqueza de nuestra propia tradición discursiva, a la densidad histórica de las palabras que nos nombran.
En nuestro presente, se suele evocar la época de la Argentina potencia. Como ya tratamos en una columna anterior, esa idea es falsa. Pero, si hablamos de ese periodo, podría ser favorable rescatar una de las características positivas de su clase dirigente. Los presidentes discutían a través de libros, y Mitre tradujo la Divina Comedia de Dante Alighieri, por citar un ejemplo. Sin embargo, el regreso a ese periodo que se nos plantea es retomar la explotación, la precarización de las condiciones laborales y la vulneración a todo derecho social.
Si bien, el pensamiento imperante por aquel entonces tenía un claro sesgo europeizante, no podemos negar su profundidad y riqueza. De hecho, algunos de los logros de nuestra sociedad fueron su consecuencia, la educación pública, entre otros.
En cambio, los que hoy promueven el regreso a esa falsa arcadia no leyeron a Dante, su bagaje cultural (si es posible usar estos términos) se sostiene en lo que consumen de las pantallas.
En este sentido, las producciones audiovisuales del país del norte se constituyen como un dispositivo colonizante que no se limita a exportar entretenimiento: transmite imaginarios, vocabularios y narrativas que terminan por moldear la percepción de la realidad. Sus relatos, repetidos hasta la saturación, instalan arquetipos que sustituyen las complejidades de las realidades locales por fórmulas universales, fáciles de consumir y de imitar. Así, la épica hollywoodense se infiltra en los discursos políticos, en la publicidad y hasta en la educación, impone un canon de buenos y malos, lo que empobrece la mirada y la aleja de un sentido crítico. El resultado de este proceso es la dependencia simbólica: se habla con palabras ajenas, se piensa con metáforas prefabricadas, y se celebra como prestigio lo que en realidad es una forma de sometimiento cultural.
Las palabras no sirven solo para comunicarse, a través de ellas configuramos lo que puede ser dicho y pensado. Foucault nos advirtió que el discurso no solo refleja la realidad, sino que la produce, delimita sus contornos y establece jerarquías de saber. Cuando estos términos impuestos por el cine estadounidense se instalan en el repertorio oficial, no hablamos de simples préstamos lingüísticos, sino de la imposición de un régimen discursivo que organiza la memoria y la identidad.
El poder se ejerce precisamente en esa naturalización: en que nadie se dé cuenta de la violencia simbólica que implica sustituir “Padres de la Patria” por “padres fundadores”, como si fueran equivalentes. No se trata de un gesto inocuo, sino de una clara operación colonizante que redefine nuestra genealogía nacional con palabras que no nos pertenecen, y se legitima una visión del mundo que simplifica, homogeneiza y neutraliza la diferencia.
Es hora de que nos dejemos de imitaciones. La madurez consiste en la valentía de generar nuestros propios imaginarios, y tenemos una rica tradición desde la que partir. Seamos argentinos.
Seguí leyendo
Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.

