El emblema que identifica hoy a la ciudad fue diseñado por encargo del comisionado municipal de facto, Juan Elías Beltzer, a su hija. Pero aquí también hay otra historia
Por Vicente Suárez Wollert
El 29 de marzo de 1971, mediante la Ordenanza N.° 39/71, el Municipio de Santa Elena adoptó formalmente su escudo oficial. La obra fue realizada por María del Carmen Beltzer, con la asesoría del doctor Alciro Abel Puig, ex ministro de Gobierno, Justicia y Educación de la Provincia de Entre Ríos. Lo que la efeméride no siempre cuenta es el contexto político y familiar en que ese encargo tomó forma, y las preguntas que ese proceso dejó abiertas durante décadas.
Su autor intelectual fue Juan Elías Beltzer, padre de la proyectista y comisionado municipal de Santa Elena entre 1968 y 1972, es decir, una autoridad designada durante la dictadura y sin mandato democrático. Bajo su gestión, el Municipio había convocado en dos oportunidades, durante 1970, a un concurso público para la presentación de proyectos de escudo. En ambas ocasiones, la convocatoria fue declarada desierta: oficialmente, ningún santaelenense había participado.
Sin embargo, esa versión comenzó a resquebrajarse en los últimos años. La Asociación Siglo y Medio — Cultura Accesible dio a conocer públicamente la existencia de proyectos inéditos de escudo correspondientes a aquel período, diseños que permanecían ignorados y que, al parecer, no fueron considerados en el marco de ninguna de las dos convocatorias. La revelación instala una pregunta incómoda que la historia oficial nunca se había formulado: ¿fueron realmente desiertas esas convocatorias o hubo propuestas que sencillamente no llegaron a ser evaluadas?

La respuesta, hoy por hoy, no tiene certeza documental. Pero la existencia de esos proyectos ocultos arroja una sombra de duda sobre la legitimidad del proceso que culminó con el encargo a María del Carmen Beltzer. Ante el supuesto fracaso de las convocatorias, el propio Ejecutivo resolvió la cuestión de manera directa, encomendando el diseño del escudo a su hija, acompañada de un asesor técnico. El resultado de ese proceso es el escudo que la ciudad conoce y usa hasta hoy.
No era la primera vez que Santa Elena contaba con un emblema. En 1952, el primer intendente electo de la ciudad, Enrique Renaud, había impulsado mediante decreto y con el trabajo de una comisión la creación de un escudo original, hoy prácticamente desconocido. Ese diseño incorporaba una estrella de plata sobre campo de gules en representación de la Provincia de Entre Ríos, elementos alusivos al río Paraná y a la actividad fluvial y económica local, referencias a la ganadería, la industria y el agro, y un laurel estilizado que evocaba los valores del federalismo. Sin embargo, las administraciones que sucedieron a Renaud lo ignoraron por completo, y ese escudo quedó sepultado en el olvido institucional, reemplazado sin debate ni memoria por el que hoy luce la ciudad.

El escudo actual fue adoptado, además, en un momento cargado de significado para Santa Elena: apenas un año antes, en 1970, la ciudad había conmemorado su Centenario, a cien años exactos de su fundación el 2 de octubre de 1871. La necesidad de contar con un emblema propio formaba parte del clima de afirmación identitaria que rodeó a esa celebración. Que ese emblema haya terminado siendo definido al margen de la participación ciudadana, en el marco de una gestión de facto y mediante un encargo de carácter familiar, constituye uno de los capítulos más llamativos y menos conocidos de la historia local.
Lo que finalmente quedó plasmado en la Ordenanza N.° 39/71 fue el producto de un proceso atravesado por la ausencia de participación ciudadana verificable, la decisión unilateral de una autoridad no electa y el vínculo directo entre quien ordenó el encargo y quien lo ejecutó. Una historia que, como en otros municipios entrerrianos de la época, revela cuánto de lo que hoy se considera patrimonio simbólico de las comunidades fue definido durante años en que la democracia estaba suspendida y las instituciones carecían de la legitimidad que solo otorga el voto popular.
El escudo fue modernizándose con el paso del tiempo, adaptándose a los recursos tecnológicos de cada era, y se fue convirtiendo en el emblema cotidiano de la ciudad: presente en documentos oficiales, en la papelería municipal, en actos públicos y en la memoria visual de generaciones de santaelenenses. Esa apropiación colectiva es real e irreversible. Pero conocer las circunstancias de su origen no resta valor a ese vínculo; al contrario, lo enriquece con la complejidad que merece cualquier símbolo verdaderamente vivo.

En ese espíritu trabaja desde hace años la Asociación Siglo y Medio — Cultura Accesible, cuya tarea de recuperación y difusión del patrimonio histórico local ha sido fundamental para visibilizar estos episodios. Recientemente, concejales del bloque “Más para Santa Elena” del Honorable Concejo Deliberante se sumaron a ese esfuerzo, colaborando en la digitalización y difusión de la ordenanza original. Gracias a ese trabajo conjunto, documentos que permanecían inaccesibles para la mayoría de los vecinos comenzaron a circular, y preguntas que nadie se había hecho en voz alta empezaron a encontrar, al menos, el espacio para ser formuladas.
A 54 años de aquella ordenanza, Santa Elena tiene la oportunidad de mirar su escudo con ojos más informados: reconocer en él no solo un símbolo de identidad, sino también el testimonio de una época en que las decisiones se tomaban sin la comunidad.
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