Hace cien semanas, salimos a la calle con una certeza y un riesgo. En aquel primer número, escribimos que no estábamos dispuestos a transitar el camino del silencio, aunque la economía nos apretara el bolsillo y el futuro pareciera un mapa de incertidumbres. Hoy alcanzamos la edición número 100.
Dijimos que este semanario nacía para hablar de las necesidades de nuestro pueblo y de nuestra Patria. Lo hicimos. En estos 100 números, nunca nos pusimos del lado de los que riegan el hambre o de los que entregan la soberanía. Frente al ajuste que aún duele en el mostrador del almacén o en la cola para pagar la boleta de la luz, quisimos ser escudo y lanza, y al menos lo hemos intentado. Lo dijimos hace 100 números y lo podemos decir ahora también: es injusto que un jubilado tenga que decidir entre comer o comprarse medicamentos.
Quienes hacemos El Telégrafo de Entre Ríos somos los mismos: laburantes que no llegan a fin de mes, que corren de un lado al otro para pagar el alquiler, que se levantan temprano para trabajar y que terminan cuando ya es de noche. Por eso, este número 100 es un abrazo colectivo a todos los que dan la pelea diaria para salir adelante.
En el número 1 citamos a Manuel Belgrano y desde entonces la tapa del semanario lleva sus palabras, esas que nos mueven y alientan: “Ni amo viejo, ni amo nuevo, ningún amo”. En ese número 1 reivindicamos la causa de Malvinas como la causa justa de nuestro pueblo, bregamos por la necesidad de malvinizar y homenajear a los héroes de la Gesta de 1982, defender la soberanía, dar pelea por la integridad territorial de nuestro país y repudiamos la ocupación colonial del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en nuestros territorios. Hoy, 100 ediciones después, esa huella es más ancha y más profunda.
Agradecemos a los vendedores de diarios, a los canillitas, a los distribuidores, a los anunciantes que confiaron en una propuesta como esta y, sobre todo, a los lectores. No sabemos qué pasará en las próximas semanas, la situación política nacional e internacional cambia a gran velocidad. Dijimos hace 100 números que el mundo se encharcaba en sangre y que sonaban las campanas de una tercera guerra mundial por la disputa de los países poderosos; el Papa Francisco ya lo había advertido y lamentablemente no estaba equivocado. Ante esto y pase lo que pase, los pueblos del mundo haremos lío.
Gracias por acompañarnos en estas 100 semanas.
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