Un cuento futurista para nuestro más preciado tesoro

Por César Luis Penna

A pocos años de la llegada del tercer milenio, el río Paraná simplemente desapareció y con él la vida costera. El cauce de 4880 kilómetros quedó totalmente seco, miles de canoas y árboles, billones de anzuelos y líneas quedaron expuestos como testigos de que alguna vez fueron parte del gran caudal que moldeó tres países. A medida que el caudal fue disminuyendo, los animales ribereños cambiaron de hábitat, la flora típica de la costa desapareció y la desertificación avanzó, fuerte, sobre las ciudades. Hubo una gran sequía de varios años lo que provocó también un éxodo enorme. Estos tipos de cambios en el clima fueron generados por aquellos que utilizaron el clima como un arma desde 1965. Esta vez lo llamaron el “Proyecto duna” ejecutado por el Imperio Americano.
La rebelión del mal
Todo comenzó cuando un nuevo partido político denominado “Nueva esperanza para la libertad” ganó las elecciones en Brasil. El país más grande de Latinoamérica, que fuera el último bastión del socialismo, entró en otra era. En dos décadas todo se revirtió y aquella corriente política pasó a formar parte de los libros de historia. Las ideas políticas de derecha se expandieron como un incendio en un bosque seco, por algunos años pasó a ser una especie de moda en los principales partidos gobernantes de América.
Pero los pueblos siempre se han enfrentado a estas corrientes y se generaron guerras civiles en todos los países. El norte de nuestro país, entró por varios años en guerra contra la gran nación sudamericana. Gran parte de Misiones era reclamada por aquella, todos temieron que se transformara en la Gaza de Sudamérica. El ejército y las milicias lucharon de sol a sol y lograron que retrocedieran. Pero todo se complicó.


Aconsejados por el Imperio Americano (Anteriormente llamado Estados Unidos) El anterior país hermano pasó a ejecutar un plan que llamaron “Abutre Preto”. Mientras luchaban palmo a palmo con las fuerzas argentinas fueron haciendo una gran obra de ingeniería, nunca antes vista. Su plan era robarse el río Paraná, secar a las provincias del litoral y poner en jaque a más de la mitad del país. Desviaron a la altura de Porto São José el río Paraná y lo mismo pasó con el Iguazú, con un gran desvío a la altura de Salto Santiago cambiando su rumbo. Todo con un costo ecológico y social gigante. No les tembló la mano, lo hicieron con una frialdad nunca vista. Todo bajo el mando del Imperio Americano, que tenía listos bombarderos sigilosos para atacar a nuestro país si sus planes se frustraban, el mismo plan que tuvieron Inglaterra y la OTAN en el 82.

Los de abajo se mueven
Entre Argentina y Paraguay se tramaron muchos planes, el país limítrofe también fue muy afectada. Pero la dirigencia política de ambos países hacían todo lo que el Imperio les indicaba mientras la sequía iba matando a toda la fauna y la flora lindera al cauce seco. Uruguay como siempre, controlados por los mismos de siempre, se declaró neutral, y Chile siguió mirando hacia el Pacifico y hacia sus amigos imperiales, Bolivia y Perú sí que estaban listos para sumarse a luchar espalda con espalda con Argentina. Parecía que la historia se repetiría.
Esa tranquilidad hueca que siempre tiene el poder se socavó y los 50 millones de habitantes salieron a las calles, a las rutas y a las fronteras listos para ir a buscar lo que les habían robado.
Como en las épocas de San Martín, Belgrano y Güemes se trazaron planes para liberar el río. La tarea era titánica; debían pelear contra dos potencias y los imperialismos de siempre se frotaban las manos por ver a nuestro país derrotado.
Como el territorio argentino estaba bajo la pesada mano de Los Acuerdos de Madrid todo lo que se planeó fue bajo la oscuridad segura de los montes paraguayos y chaqueños. Las tropas eran conformadas por las milicias de ambos países donde las fuerzas armadas tenían participación en el entrenamiento y logística pero no eran mayoría. Cuando llegaron al primer punto de ataque se encontraron con la novedad que los habitantes de toda la rivera del Paraná del lado de Brasil querían unirse para pelear juntos, ellos nunca tuvieron ayuda, ni fueron consultados ante tan tremendo desastre que produjo la muerte de miles de personas, animales y cultivos. Se formó un escuadrón brasileño al mando de las mujeres guerreras de las tribus del Amazonas.

Dura y larga expedición
La expedición duró varios meses y la Legión Libertadora logró liberar el río Paraná y tomar toda la región. El “Escuadrón Amazonas” fue tan grande que recuperaron grandes zonas y la maquinaria que utilizó el Imperio para reencauzar el río. Los espíritus sonrientes de Bolívar y San Martín flotaban por los cielos y los árboles resistentes de la selva brasileña. Como la causa era justa la Legión fue avanzando bajo la sombra del Amazonas para liberar al otro gran río. Los soldados imperiales se volvían locos usando sus radares y sus satélites y no veían nada. Los pueblos originarios amazónicos llevaban siglos luchando contra el hombre blanco armado y sabían cómo esconderse y en qué momento atacar; una sabiduría generacional con un valor que los gringos nunca tuvieron.
La lucha fue inmensa, aquellos bombarderos sigilosos de líneas rectas despegaron con ojivas decididos a masacrar a todos. Pero ellos también eran vigilados por los pequeños satélites argentinos lanzados allá por el 2020, que los enemigos de los pueblos ignoraron. Escuadrones con aviones supersónicos peruanos y argentinos salieron con vuelo rasante y derribaron al bombardero y destruyeron la base junto con los otros aviones porque conocían el potencial peligro que eran para todos. La explosión fue tan grande que todos los que estaban en la batalla de Salto Santiago la vieron y festejaron como si fueran las viejas fiestas de fin de año.

Con la cola entre las piernas
No solo los imperialistas americanos retrocedieron sino también los dirigentes políticos que provocaron el desastre. Se produjeron revueltas tan grandes en los países, siguiendo el ejemplo argentino, que si la dirigencia no huía a los países europeos los hubieran juntado con cucharita, como les enseñara el pueblo francés allá por el 1789.
Así floreció en toda la región, “La comunión de los pueblos” y la vigilancia constante para que esa atrocidad no pasara de nuevo. La alegría fue tan grande que los ciudadanos de los países participantes de la gran defensa pudieron circular libremente por toda la región, y cuidando siempre lo más preciado que todos tememos: el río.

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