La mirada estatal para abordar el suicidio y evitar que ocurran

Delfina Noé, referente del Programa Provincial de Prevención del Suicidio, habló sobre la multicausalidad del fenómeno. La importancia de las políticas públicas para llegar a tiempo a un problema que preocupa

Por Camila Gomez

El suicidio es un fenómeno multicausal y, tal como hemos acordado en notas anteriores, las tasas en la provincia superan el promedio nacional, con 20,8 casos cada 100.000 habitantes.

¿Cuál es la importancia del Estado en esta problemática? Relevar, informar, actuar a tiempo y prevenir. En esta entrevista, Delfina Noé, directora del Programa Provincial de Prevención del Suicidio, dialogó con El Telégrafo de Entre Ríos sobre las tareas realizadas y por hacer.

—¿Cuál es la situación de la provincia con relación a los suicidios?

—Entre Ríos presenta históricamente tasas de suicidio que nos preocupan y que requieren una política pública sostenida. Esta situación nos obliga a estar atentos, a fortalecer las estrategias de prevención y, sobre todo, a no naturalizar el suicidio como algo inevitable. Pero también tenemos que ser muy cuidadosos con la manera en que miramos este fenómeno. Detrás de cada suicidio hay una persona, una historia y una red de vínculos que también queda afectada. Por eso, no alcanza con mirar solamente cuántos suicidios ocurren. Necesitamos comprender qué está pasando en nuestros territorios, qué situaciones de sufrimiento están atravesando las personas y qué podemos hacer como Estado para intervenir antes de que una situación llegue a un desenlace fatal.

En ese sentido, venimos fortaleciendo la prevención, la detección temprana y la atención de las situaciones de crisis, pero también el trabajo comunitario. Porque entendemos que la prevención del suicidio no puede ser responsabilidad exclusiva del sistema de salud. El desafío es construir una red en la que una persona que está atravesando una situación de sufrimiento pueda ser escuchada, pueda pedir ayuda y pueda encontrar una respuesta. No queremos llegar solamente cuando aparece la crisis; queremos construir condiciones de cuidado mucho antes.

—¿Cuáles son las causas de los suicidios?

—No podemos hablar de una única causa. El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal. En cada situación se combinan de una manera particular factores personales, familiares, vinculares, sociales, económicos y culturales. Por eso me parece importante no caer en explicaciones rápidas. A veces se busca encontrar un motivo puntual: una separación, una pérdida, un consumo, un problema económico. Pero generalmente estamos frente a una trama mucho más compleja de situaciones de sufrimiento que se fueron acumulando.

Y hay algo que como sociedad tenemos que empezar a mirar más, el debilitamiento de los vínculos y de las redes de cuidado también importa. No porque expliquen por sí solos un suicidio, sino porque una persona que atraviesa una situación de sufrimiento necesita encontrar alrededor espacios donde pueda hablar, ser escuchada y pedir ayuda. Por eso la prevención no puede quedar exclusivamente en manos de los equipos de salud mental. Es una responsabilidad del conjunto del Estado y también de la comunidad.

—¿Qué franja etaria es la más afectada?

—En Entre Ríos vemos un impacto particularmente importante en adolescentes y jóvenes. Los registros provinciales de intentos de suicidio muestran una fuerte presencia de población joven, lo que nos obliga a desarrollar estrategias específicas para esas edades. Pero tampoco quisiera que esto nos lleve a pensar que el problema es solamente de los jóvenes. El suicidio atraviesa distintas etapas de la vida y cada una requiere una mirada particular. También tenemos que prestar especial atención a los varones. En los registros provinciales de intentos, las mujeres representan el 63% y los varones el 37%; sin embargo, cuando miramos los resultados de los suicidios consumados, el 80% corresponde a varones.

Esto nos plantea un desafío: tenemos que pensar cómo estamos construyendo nuestras estrategias de prevención y, particularmente, cómo logramos que los varones puedan pedir ayuda y hablar de lo que les pasa antes de llegar a situaciones extremas.

—¿Qué políticas se están llevando a cabo para la prevención?

—La Provincia viene desarrollando una política integral de prevención del suicidio que no se limita a la atención de las crisis. Tenemos un Programa Provincial de Prevención del Suicidio que trabaja en territorio, capacitando equipos de salud y articulando con educación, seguridad, justicia, universidades, municipios y organizaciones de la sociedad civil. Durante 2025 se realizaron más de 80 intervenciones en distintos puntos de la provincia, entre conversatorios, capacitaciones y acciones comunitarias.

Además, se fortalecieron los dispositivos de atención en crisis y la Línea 135, y se está ampliando la capacidad de los equipos del primer nivel de atención para abordar situaciones de salud mental. En 2026, la provincia comenzó a implementar la estrategia mhGAP en las cuatro regiones sanitarias, incorporando herramientas de salud mental a equipos que trabajan en centros de salud y hospitales de baja complejidad.

Y hay una cuestión que considero central: estamos trabajando para que la prevención no sea solamente una tarea del Ministerio de Salud. En 2026, por ejemplo, se desarrollaron capacitaciones junto al Ministerio de Desarrollo Humano para agentes que tienen contacto cotidiano con la comunidad, fortaleciendo herramientas de escucha, acompañamiento y prevención.

—¿Qué hace falta como sociedad para erradicar este fenómeno?

—Yo cambiaría un poco la palabra “erradicar”. No creo que podamos plantearnos el suicidio como un fenómeno que simplemente se elimina. Sí podemos y debemos trabajar para reducir las muertes evitables y construir mejores condiciones de vida y de cuidado. Y para eso necesitamos algo que parece sencillo, pero no siempre hacemos: aprender a escuchar. Tenemos que poder hablar de salud mental sin vergüenza, preguntar cómo está alguien cuando vemos que algo cambió, tomar en serio cuando una persona dice que está sufriendo y saber que pedir ayuda no es un signo de debilidad. También necesitamos recuperar algo del valor de los vínculos. Una comunidad que cuida no es una comunidad en la que nadie sufre; es una comunidad en la que una persona que está sufriendo tiene más posibilidades de ser vista, escuchada y acompañada.

Y esto nos involucra a todos. A las familias, a las escuelas, a los clubes, a los lugares de trabajo, a las organizaciones sociales, a los medios de comunicación y, por supuesto, al Estado.

—¿Qué mensaje te gustaría dejar a los lectores sobre el suicidio?

—Hay una idea que me parece importante transmitir: prevenir el suicidio no significa solamente intervenir cuando aparece una crisis suicida. La prevención empieza mucho antes. Empieza cuando construimos vínculos, cuando una persona tiene espacios donde sentirse parte, cuando una escuela puede detectar que un adolescente no está bien, cuando un centro de salud tiene herramientas para acompañar, cuando una comunidad sabe qué hacer frente a una situación de crisis. Por eso necesitamos pasar de una mirada centrada exclusivamente en el riesgo a una mirada que también pueda preguntarse por el cuidado.

Los datos son indispensables. Nos permiten saber dónde estamos y hacia dónde tenemos que dirigir los esfuerzos. Pero después hay que ir al territorio, escuchar a las personas y comprender qué está pasando. Los números nos dicen dónde mirar; el territorio nos ayuda a comprender qué estamos mirando. Y ahí está, para nosotros, una parte central de la prevención: que nadie tenga que atravesar solo una situación de sufrimiento que podría haber sido acompañada.

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