Vivencias de un montielero: Juan Carlos Haiek presentó su libro

En el Club Social de Gualeguay fue presentado el primer trabajo literario de Haiek. Cuentos y poesías fueron compartidos con el numeroso auditorio que se dio cita

Por María Constanza Fernández Larraburu

Bajo el sello de Ana Editorial, Vivencias de un montielero es el primer libro de Juan Carlos Haiek, gualeyo por adopción que durante años ha dejado plasmadas las experiencias de su infancia en el Departamento Villaguay, de su familia, de sus amigos y de la trascendencia del amor y la amistad.

La presentación se desarrolló en el Club Social de Gualeguay y contó con la participación de una enorme cantidad de vecinos, que llegaron entusiastas a conocer la obra de Haiek. La conducción de la celebración estuvo a cargo del periodista Richard Manzor, mientras que la lectura de algunos de los textos del libro fue realizada por Fernando Núñez, reconocido locutor nacional.

También hubo música, a cargo de Iván Haiek en voz y Mauricio Haiek en teclado, nietos de Juan Carlos, acompañados por María Marta Denaday en guitarra y su hija Luz Ocampo en acordeón. La danza estuvo presente de la mano de Antonella Lencina y Cristian Andino. 

“Durante mi vida fui escribiendo distintas vivencias, distintas ocurrencias, tanto mías como de otras personas que me han contado cosas y yo las he plasmado en la literatura”, cuenta el autor, al tiempo que reconoce que no tenía prevista la publicación de sus textos. “Escribía para mí y fue amontonándose. Un día mi secretaria me dice, ¿por qué no hacés un compendio y por lo menos lo tenés bien archivado? Empezamos a hacerlo en la computadora hasta que armamos un tipo libro”. 

Más adelante, destaca: “Uno no se considera un escritor, simplemente alguien que puso unas palabras en la hoja de papel, por lo que un día decidí llevarle los textos a Roberto Romani para que los lea. Pensé que si él consideraba que tenían un mínimo valor literario me animaría. Le llevé a Roberto, leyó, me llamó y me dijo que estaba muy lindo el libro, que le dé para adelante y lo edite, así que me puse en campaña y ahí está, salió el libro”.

—¿Cuándo empezó a escribir?

—Desde chico. Me acuerdo que empecé con las composiciones que te daba la maestra. Una vez me asusté porque ya en el secundario hice una composición, como le decían antes, con la profesora de Lenguaje, que así se llamaba, y les dio las notas a todos, pero la mía la retuvo. Dije ¡qué mal debo haber escrito!, pero me llamó aparte y me dijo: quiero que la lea en el aula, porque lo que escribió usted es hermoso. Me sorprendió.

—¿Sobre qué versan los cuentos y poesías?

—Empiezo contando mi estilo, que siempre fue sencillo, sin ningún rebusque, para que quien lo lea lo pueda interpretar rápidamente, tanto un poema como un cuento. De ahí en más escribí un poco sobre el amor, sobre personajes de las selvas montieleras, los que vivían de la caza y de la pesca. Escribí sobre algunos niños, que vi muchos chicos entenados, como quien decía, en las estancias, en los campos, que eran sobrinos y no sobrinos, de alguna mujer que había tenido alguna criatura sin conocer el padre, que lo había criado algún patrón o algún tío. Esas criaturas se refugiaban mucho en una mascota, entonces de ahí sale un lindo cuento que se llama Rogelio, que es muy interesante. 

“Después —agrega— escribí sobre historias que me han contado, cosas que pasaban allá, en el norte de Entre Ríos, en el sur de Corrientes, en las épocas de las estancias en 1900, del abuso sobre las chicas de trabajo, tanto de los patrones como de los hijos de los patrones. También escribí sobre una persona que esperaba y esperaba sus jubilaciones y no llegaban nunca. Me contó y me llevó a escribir un cuento sobre eso, sobre las jubilaciones que nunca llegaban en aquella época. Y así de todo un poco, o sea, es muy matizado, no versa todo sobre un tema. Ese tema lo vas a encontrar en un cuento, después vas a encontrar en un poema otro tema totalmente diferente, el tema del vicio, hay un poema ahí sobre la droga. Y también un poco les he escrito a mis hijos, por ejemplo, cuando uno de ellos se recibe de médico”. 

—¿Qué le dijo su familia cuando decidió publicar el libro?

—Me han alentado, inclusive yo ahí en el libro agradezco también a la familia porque a veces alguna ocurrencia se las leía y los aburría un poco leyéndoles dos o tres veces lo mismo, pero bueno es la familia. También los amigos me alentaron, acá en el Club Social tenemos una peña de hace muchos años, que nos juntamos los jueves, y siempre me dijeron que le dé para adelante. En el libro hay un poema dedicado a la peña, que se llama La peña de los jueves, y habla un poquito de los personajes más destacados. Así que les he escrito a todos, al amor, a la mujer, a los amigos, a la sociedad.

Sobre el autor

Juan Carlos Haiek nació en el Departamento Villaguay, donde vivió sus primeros años de vida. Descendiente de una familia árabe, de oficio comerciante, asegura que “siempre me gustó ganarme la moneda, ganarme el peso. De chico empecé a buscar la manera de hacer algo, ya sea en la fábrica de mi padre como afuera. Teniendo 12 años, estando en Posadas, Misiones, con mi padre, durmiendo la siesta en el hotel, me escapo, me cuelo en un barco y me cruzo solo al Paraguay, porque quería conocer. Nunca le tuve miedo a nada, siempre me gustó la aventura”.

“Me casé muy joven —continúa—, a los 20 años, y nos fuimos a vivir a Villaguay, al campo, con mi señora, que es maestra. Estuvimos en la zona de Mojones, de Lucas, de Raíces, el que conoce Villaguay sabe lo que era, te hablo de los años 74, 75, 76, todavía había montes, selvas montieleras, que hoy con el tema de la soja se ha desmontado muchísimo, lamentablemente. Después volvimos acá a Gualeguay y yo trabajaba con Frutos del País, compraba lana, cerdas, cueros, yo también compré y vendí hacienda. Y después me dediqué al comercio, yo les digo a mis nietos que ya son la quinta generación de comerciantes en esta ciudad, que no es poca cosa”. 

Haiek también incursionó en la política. Fue director de Turismo de Gualeguay y administrador de Puerto Ruiz, lugar de nacimiento de Juan L. Ortiz.

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