Fundado por Lorenzo Oyhampé con el apoyo de Bovril, el Tiro Federal Argentino de Santa Elena formó a generaciones en el manejo del Mauser antes de ser cuna de una de las escuelas más antiguas de la ciudad
Por Vicente Suárez Wollert
En septiembre de 1922 quedó fundado en Santa Elena el Tiro Federal Argentino, institución que respondía a un movimiento de alcance nacional destinado a instruir a la población civil en el uso de las armas reglamentarias del Ejército. Su primer presidente fue Lorenzo Oyhampé y su creación contó con un actor decisivo: Establecimientos Argentinos de Bovril Ltda., la compañía que por entonces dominaba la vida económica de la región, que cedió el terreno donde se levantó el edificio y aportó fondos para su construcción. No era la primera vez que la firma inglesa participaba de una iniciativa de este tipo: a lo largo de esos años, Bovril sostuvo distintas obras y entidades vinculadas a la vida social de Santa Elena, en un modelo de intervención que combinaba los intereses productivos de la empresa con cierto rol de promotora del progreso local.
El predio se ubicó en las inmediaciones de la actual avenida San Martín y calle Buenos Aires, un punto que con los años quedaría integrado a la trama urbana de la ciudad. Allí se erigió una construcción de líneas imponentes para la época, con un frente de mampostería flanqueado por pequeños remates ornamentales, ventanales amplios y un mástil emplazado frente a la fachada principal, donde se izaba la bandera antes de cada jornada de instrucción. En ese mismo frente se podía leer una frase que resumía todo el sentido de la institución: “Aquí se aprende a defender la Patria”. No era una consigna menor: el Tiro Federal formaba parte de una red de polígonos que el Estado argentino promovía en todo el país para preparar a la ciudadanía, en un contexto internacional atravesado por tensiones y por la reciente experiencia de la Primera Guerra Mundial, que había dejado instalada en buena parte de Occidente la idea de una defensa nacional apoyada también en la instrucción civil.

La instrucción impartida en el Tiro Federal Argentino de Santa Elena giraba en torno al manejo del Fusil Mauser Argentino, el arma reglamentaria del Ejército Nacional. Los socios y vecinos que se acercaban a la institución recibían allí nociones de tiro, disciplina y manejo del arma, en jornadas que combinaban el entrenamiento con la sociabilidad propia de una entidad civil con vida institucional: comisión directiva, socios, actividades y un edificio pensado para durar.
El Polígono de Tiro, es decir, la instalación específica donde se realizaban las prácticas de tiro al blanco, fue inaugurado formalmente el 31 de agosto de 1924, dos años después de la fundación de la entidad. Esta diferencia de fechas no es un dato menor: habla de un proceso de construcción y organización que llevó tiempo y que, probablemente, respondió tanto a cuestiones de financiamiento como a los tiempos propios de una obra de esa envergadura para una localidad como Santa Elena en la década de 1920.
Con el correr de las décadas, el edificio del Tiro Federal fue mudando de función, como suele suceder con las construcciones que sobreviven a la institución que les dio origen. El 30 de marzo de 1954 comenzó a funcionar allí la Escuela Nacional Nº 236, que inició sus actividades con 197 alumnos, provenientes en su mayoría de los barrios Desforono y Palomar. Su primer director y maestro fue el señor Carlos E. Entrocassi. Aquella escuela, nacida entre las paredes del viejo polígono de tiro, es la que hoy conocemos como Escuela Nº 101 Almafuerte, una de las instituciones educativas de mayor trayectoria en Santa Elena.
El edificio original del Tiro Federal Argentino no llegó, sin embargo, a nuestros días. Hacia 1970 fue demolido, en un episodio que privó a la ciudad de una de sus construcciones más singulares, testigo de una etapa particular de la vida institucional y educativa local. De aquel edificio no quedó en pie un solo muro: su fachada, sus ventanales y la consigna que coronaba su frente sobreviven hoy únicamente en fotografías de época, el único registro que permite imaginar cómo era realmente el lugar donde varias generaciones de santaelenenses aprendieron a manejar el Mauser. De toda esa arquitectura perdida, apenas dos objetos lograron trascender la demolición como testimonios físicos y no sólo documentales: la campana y el mástil, que hoy permiten reconstruir, más allá del papel, algo de la memoria material de la institución.
Uno de ellos es la campana que coronaba el edificio. Tras la demolición, fue reubicada en el campanario de la capilla Nuestra Señora de Fátima, donde continúa cumpliendo función hasta la actualidad, aunque pocos vecinos conozcan hoy su origen ligado al viejo Tiro Federal.
El otro elemento rescatado fue el mástil que se erguía frente al edificio, en el mismo predio donde generaciones de socios formaron fila para izar la bandera antes de sus prácticas de tiro. Ese mástil permaneció largo tiempo fuera de la vista pública hasta que, en 2022, fue trasladado al Museo de la ciudad. Allí, en un acto cargado de sentido, la bandera fue izada por veteranos héroes de Malvinas, en un gesto que unió dos capítulos distintos de la historia argentina bajo un mismo símbolo: el compromiso con la defensa de la Patria que, cien años antes, había dado origen a la propia institución.
La historia del Tiro Federal Argentino de Santa Elena condensa, en poco más de un siglo, varias capas de la memoria local: la impronta de una empresa extranjera en la vida cotidiana del pueblo, la cultura cívico-militar de comienzos del siglo XX, el nacimiento de una escuela emblemática y, finalmente, el rescate simbólico de sus fragmentos materiales, dispersos hoy entre una capilla y un museo, pero unidos por el relato de una misma ciudad.
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