Roberto Romani: la voz que rescata los movimientos culturales

Es de los máximos referentes entrerrianos y reconocido en todo el país. La difusión cultural, la reivindicación de lo nuestro y la realidad actual son sus principales preocupaciones

Por María Constanza Fernández Larraburu

Es escritor, músico y periodista, pero, sobre todo, es un gran difusor y defensor de la cultura. Ha estudiado la literatura de nuestra provincia y de nuestro país al detalle, conoce cada rincón de Entre Ríos, pueblos, aldeas y comunas, en las que ha visitado escuelas e instituciones varias.

Después de años como asesor cultural de la Provincia, continúa su labor de transmitir su conocimiento a través de la palabra, la música y la poesía. En diálogo con El Telégrafo de Entre Ríos, Roberto Alonso Romani habla de todo.

—¿Qué tareas ocupan tu tiempo actualmente?

—Estoy presentando mi libro San Carlos, un castillo de leyenda. Tenemos que haber hecho como 50 presentaciones, incluida la de la segunda Feria Provincial del Libro, donde también tuvimos otras actividades, como un homenaje a Jorge Enrique Martí por el centenario de su natalicio. Como me llamaban para que presentara el libro decidí que fuera dentro del espectáculo que hacemos con Vicente Cúneo, Hugo Mena y Joaquín Bogado.

—De esta manera, recorren cada lugar de Entre Ríos…

—Sí, donde nos llaman, grande o chiquito, hemos ido a juntas de gobierno, comunas, escuelas en el medio del campo. Es una experiencia muy linda, hay un intercambio hermoso que depende de los grupos, donde hay uno o dos interesados los otros se arriman. Entonces yo hablaba de poetas, por ejemplo, y ellos no conocían mucho, pero me decían “a nosotros nos gusta la poesía del río”, así que les recitaba poetas que hablaban del río. Y Vicente les preguntaba porque había dos o tres que eran pescadores.

“El espectáculo —señala— más allá de disfrutarlo es también didáctico. Hablo de Bruno Alarcón, pero les cuento en qué ritmo, de dónde viene el ritmo. Si hablo de la chamarrita o del chamamé les digo a los chicos que hagan un arreglo de la guitarra, un arreglo del acordeón. Siempre aprenden, después dependerá si lo siguen, pero les va a servir siempre, porque esas cosas que tienen que ver con la cultura, si vos lo enseñás en un clima de distensión y de alegría, como es un espectáculo así, es más fácil”. 

—¿Cómo nació el último libro?

—Empezó cuando Gustavo Bordet era intendente (de Concordia) e hizo una encuesta para ver qué quería la gente hacer con el castillo, que es de 1886. Si terminar el castillo como estaba antes, destruirlo y hacer algo nuevo o poner en valor las ruinas y la mayoría de la gente votó para poner en valor las ruinas. Se hizo un trabajo notable como en las ruinas de San Ignacio, que merecieron el primer premio de patrimonio nacional. Esa fue la motivación, porque él me pidió, durante la pandemia, que escribiera algo sobre la puesta en valor. Gustavo estaba muy enfermo, al borde de la muerte, fui a visitarlo a la casa, a charlar con él y le dije: si voy a escribir sobre la puesta en valor, escribo toda la historia de lo que ocurrió hasta hoy en ese lugar, que es una cosa soñada todo lo que ha pasado ahí, y que se hizo universal por la llegada de Saint-Exupéry, que estuvo ahí entre el 29 y el 31.

Sobre cómo influyó en la obra El Principito la familia que habitó el castillo, el autor da cuenta que “los Fuchs Valon vivían con dos hijas, Edda y Suzanne, que eran las que domesticaban los animales, los pájaros, las víboras, todo. Fundamentalmente las víboras y los zorros. Fijate que después en los personajes de El Principito, la serpiente y el zorro ocupan un lugar preferencial. Él se inspiró en un aterrizaje forzoso que hizo en el desierto de Sahara y en el castillo San Carlos para escribir nada más ni nada menos que El Principito”.

Y agrega: “De tal manera que la obra apunta a conocer a ese Saint-Exupéry de la Argentina, que estuvo tres años acá, volando a la Patagonia primero y después volando a Paraguay. Cuento toda la vida también de Saint-Exupéry, las motivaciones que tuvo en libros anteriores, porque él se va en el ‘31 y El Principito lo escribe en el ‘43, que lo editan en los Estados Unidos, un año antes de la muerte. Él no pudo dimensionar la trascendencia que iba a tener. Hoy es la obra más vendida del universo, junto con La Biblia.

—Y Entre Ríos presente…

—Y Entre Ríos ahí. Por eso en mi obra hay fotos antiguas, incluso alguna que tomó él mismo, y fotos actuales. Una hermosa edición hizo la Editorial de Entre Ríos. Los últimos dos libros me los editó, el otro es La última estrella, que son todos relatos ilustrados por Vicente Cúneo. 

—Conocés cada pueblo, cada rincón de Entre Ríos, ¿cuántas cosas que tenemos para seguir revalorizando, no? 

—El hecho de poder recorrer la provincia desde hace tantos años te da una aproximada dimensión de lo que es histórica y culturalmente Entre Ríos. La historia de Entre Ríos está ligada a todos los grandes acontecimientos importantes de la Nación, desde las invasiones inglesas, que hubo escuadrones de acá de Gualeguay que salieron a defender Buenos Aires y a defender Colonia. Ya en el ‘10, cuando se recuperan los cabildos, aparece un personaje como Bartolomé Zapata, que no solamente adhiere a la idea de la Revolución de Mayo, sino que él mismo, con un grupo de gauchos, rescata para las fuerzas criollas los cabildos de Gualeguay, de Concepción y de Gualeguaychú.

“El virrey Vértiz le pide a Rocamora que venga a fundar pueblos, porque ya existían las capillas como lo había manifestado monseñor Sebastián Malvar y Pinto. El primer grito de federalismo que da Artigas con la Liga de los Pueblos Libres lo tenía a Entre Ríos integrado. Francisco Ramírez desde Entre Ríos y desde Corrientes y Misiones crea la República de Entre Ríos adoptando la misma bandera federal de Artigas, que es la bandera de Entre Ríos”, enumera. 

Romani continúa luego: “Desde Entre Ríos se promueve el acuerdo de San Nicolás con Urquiza, la Constitución y el primer gobierno central fuera de Buenos Aires, el único en la historia entre 1854 y 1861, que fue todo el territorio federalizado de Entre Ríos hasta el 58 y después la ciudad de Paraná. Entre Ríos se anticipó a la ley Avellaneda de 1876, porque ya tenía en marcha la colonia San José del 2 de julio de 1857 con piamonteses de Italia, saboyanos de Francia y valesanos del Cantón de Valais, es decir, Entre Ríos es pionera. Y si venimos a este tiempo, Entre Ríos tuvo 34 muertos en Malvinas, no hay un solo acontecimiento en la historia que no tenga el protagonismo de algún científico, de algún estudioso, de algún hombre del aula, maestras que se formaron aquí en la primera Escuela Normal del país, la de Paraná, y uno de los primeros colegios más grandes que tuvo el país, el Colegio Histórico del Uruguay”.

El hombre de la cultura rescata “el circuito de las colonias judías y vas a Villaguay, a Domínguez, o hacer el circuito de las aldeas alemanas del Volga entre Paraná y Diamante y después acá hay italianos y españoles y hay sirio-libaneses. Hay cantidad de pueblos del mundo trabajando en libertad y en común acuerdo, nunca hubo peleas entre judíos y alemanes, entre italianos y españoles. Pudieron perfectamente convivir”. 

“En Ingeniero Sajaroff, que antes se llamaba La Capilla, vivieron juntos los negros que habían llegado de Brasil, incluso con los elementos de esclavitud en las manos, y después llegaron judíos. Una convivencia rarísima para la época y que es un hecho que se pone como ejemplo en el continente americano. Eso habla del clima propicio para ese acercamiento entre las colectividades del mundo. Por eso Jaime Dávalos cuando conoce Entre Ríos dice “Entre Ríos, trabajan en tu suelo las razas de todos los climas del mundo. Por eso la suma del amor humano tus hijos serán. Llevan en la sangre praderas jugosas de limos profundos y la generosa fuerza de la tierra que cruje en el pan”. Un hombre que no era de aquí advirtió eso”, relata.

Más adelante, Romani destaca el rol del docente entrerriano, que “muchas veces ha estado solo, pero en esta etapa de la historia argentina, de este presente, más que nunca. No solamente porque gana una miseria, sino porque está como solo, lo envían a cualquier lugar a que haga lo que pueda. Y el docente no da abasto, porque a veces tiene que atender al chico, darle de comer, ayudarlo, es decir, tantas cosas que tiene que hacer y a veces un docente joven, recién recibido, que todavía no tiene el camino andado, no tiene la experiencia y tiene que hacer frente solo a todo. Entonces, ante esa situación, desde el campo de la cultura, tenemos que acompañarlo, no porque no sea bueno lo que enseña, sino para complementar”.

—¿Cuál es la situación de la cultura hoy? 

—Primero, me entusiasma muchísimo porque hay una nueva generación que ya la voy descubriendo en los pueblos, lo veo en las convocatorias que se hacen desde la Provincia en poesía, en cuento, en novela, en artesanía, en artes plásticas, en teatro. Hay una nueva generación que está empujando, que está haciendo cosas muy valiosas. Estamos tranquilos que hay una nueva generación que va a seguir haciendo cosas y va a seguir poniendo a Entre Ríos en el mapa nacional con personalidad, con identidad, con belleza, con raíz y vuelo.

“Lo que me preocupa —advierte— es que no siempre se recuerda a los hombres y mujeres que abrieron el camino en la cultura. Fue el aniversario de la muerte de Andrés Chabrillón y del natalicio de Mastronardi, siempre con las efemérides voy jugando y si está cerca una fecha se los menciono para que tengan una relación de la época que vivió y por allí noto que hay un desconocimiento en esta generación de hombres y mujeres que fueron muy valiosos, ya no solamente para la cultura de Entre Ríos, sino para la cultura del país”.

“Cuando en la década del ‘90 se provincializaron las escuelas recién se empezaron a editar libros de acá que hablaran de nosotros. Si no en la historia, vos pasabas la primaria y el secundario y dabas en una efeméride a Pancho Ramírez, Bartolomé Zapata, Artigas, Urquiza, López Jordán, los inmigrantes. Cuando se daban los pueblos originarios te hacían dibujar algo porque decían que los pueblos originarios habían desaparecido. ¿Cómo van a desaparecer? Hace poco murió Blas Jaime, que era el último hablante descendiente, porque las mujeres siempre transmitían la cultura de los pueblos. Él la transmitió y además nosotros pudimos hacer el diccionario con el respaldo de la UNESCO. Al hacer el diccionario de la lengua chaná se salva para siempre. El guaraní ya está escrito, como se salvó el quichua y tantos idiomas”, reflexiona. 

Enseguida, sostiene: “Tenemos que estudiarlos en presente y seguir valorando el idioma. Transmitir con respeto y con amor la cultura de los pueblos originarios. Y a eso va asociado el cuidar el medio ambiente, los ríos, como lo hacían ellos. Nadie mataba un animal que no fuera para alimentarse y ahora vos tenés que aceptar que en nuestra provincia se siga aprobando la caza de ocho perdices, que ya no hay más, porque con las fumigaciones las han ido diezmando. Matan deportivamente, o sea, que ven las bandadas, les dan un cebo o imitan el sonido que tienen los patos y cuando vienen bajando los masacran, los matan como deporte”.

“O en los ríos nuestros que entran 400, 500, 2.000 lanchas al Paraná en un lugar de Corrientes para la pesca. Es irrecuperable todo lo que se daña en la naturaleza, en la riqueza ictícola. Todo eso lo conocés al estudiar los pueblos originarios que tenían una conciencia absoluta sobre el cuidado del paisaje, del árbol y del otro”, insiste.

—¿Hay un abandono de la cultura a nivel nacional? 

—Es un momento muy difícil el que estamos viviendo. Los otros días cuando escuché que se disolvió el Coro Nacional de Niños casi me muero. Se me caían las lágrimas, porque yo lo he presentado varias veces al Coro, con chicos de todas partes, algunos que no tenían ni siquiera la posibilidad de comprar un libro, pero dejaban su voz, se integraban a ese fenómeno cultural. No tenemos ningún derecho. ¿Cuánto puede costar?

Cuando yo leía las cifras, es insignificante lo que le puede costar, pero, además, ¿cómo vamos a soñar un país grande si no apuntalamos la cultura, que es lo que nos distingue? Es la carta de presentación. Alguien dice, un jugador de fútbol, pero ¿dónde se formó? ¿Cómo habla? ¿Qué conoce del río, del paisaje, de la historia? 

“Me parece que no son tiempos propicios para dejar de lado, no solamente expresiones culturales maravillosas, sino instituciones que son las que prolongan el espíritu de un pueblo. Cuando se cierra un museo, una escuela son oportunidades que no van a tener las actuales generaciones”, expresa Romani, al tiempo que recuerda “una frase que está en la formación de los guardaparques: No se olviden que lo que nosotros tenemos aquí se lo hemos pedido prestado a nuestros hijos. Si uno ese concepto lo volcara en todos los ámbitos de la vida, fundamentalmente en la cultura, no asesinaríamos, buscando una metáfora distinta, manifestaciones culturales y mucho menos echaríamos abajo instituciones culturales que han sido realmente prestigiosas en nuestra Patria y que deben seguir existiendo”.

Para el referente de la cultura, “eso preocupa. Yo voy todos los años a una provincia distinta donde se hacen los congresos nacionales de folklore del Instituto de Arte Folclórico, así que tengo oportunidad de conversar con la gente de cultura de esos pueblos y ellos también están muy preocupados”.

—¿En qué estás trabajando ahora?

—Estamos con Los ríos nombradores, con el cual presentamos el libro nuevo. Estoy como siempre dando charlas, en escuelas, bibliotecas, donde me requieren. Estoy con el Instituto Juan Bautista Alberdi de Paraná, que le preparo micro semanales de cultura y de vida y obra de hombres y mujeres destacados de Entre Ríos. Estoy con la señal El folclórico, que durante 24 horas transmite festivales y expresiones folclóricas de todo el país. Hago un informe semanal para T5 Satelital de Corrientes y todas las semanas grabamos Escenario de los sueños para 84 radios de Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires. 

—¿Estás escribiendo un nuevo libro?

—No, ya he publicado 30 libros y el último es reciente. Me parece que ya está bien. No digo que voy a hacer un partido de despedida como Messi, pero con todo esto y lo que la gente me conoce aprovecho para difundir las obras de los otros. Me parece que yo ya he dado rienda suelta a esta vocación de escribir, de cantar, he compuesto más de 500 obras, la mayoría de las cuales han sido grabadas, los libros editados, así que me siento feliz.

—¿Qué más te hace feliz?

—La alegría más grande es el abrazo de un niño, la sonrisa de un niño que viene corriendo porque algo le gustó, porque algo le emocionó. Hace poco habíamos ido con Patricia (su esposa) a Libertador General San Martín, veníamos saliendo y entraba una pareja de unos cuantos años menos que yo y entonces él me llama Romani, lo saludo y me dice: “A lo mejor no se acuerda de mí, pero yo estaba en tercer grado en la escuela de Aldea Asunción cuando usted fue una vez a dar una charla”. Ese es el premio, que para ese ser humano uno haya significado algo y que se acuerde a los 45, a los 50, que le haya servido de algo, que lo haya motivado, ese es el premio mayor que yo puedo tener en la vida. 

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