Guerreras y Solidarias: una historia de lucha y superación

Patricia Zair batalló contra el cáncer y esa experiencia la convirtió en ganas de hacer cosas por los demás. Primero los turbantes y las mantas para pacientes oncológicos, después se sumaron los cascos fríos

Por Pablo Felizia

Por María Constanza Fernández Larraburu

Patricia Zair batalló contra el cáncer y esa experiencia la convirtió en solidaridad. Primero fueron los turbantes y las mantas para pacientes oncológicos, hoy sumó cascos fríos. Con estas herramientas acompaña durante el proceso de quimioterapia a quienes atraviesan la enfermedad. Aquí, una historia de entrega, tiempo, dedicación y compromiso.

El inicio

“En 2018 fui a hacerme un control anual y me detectaron cáncer de mama, a través de una mamografía. Después vinieron muchos estudios, como la biopsia, para saber qué clase de tumor era, y la operación en Paraná. Me recuperé bien, gracias a Dios, y siguieron las quimios y 35 sesiones de rayos en Oro Verde. A eso se sumó un año de tratamiento acá en el Hospital San Antonio, que me ponían vacunas en la panza”, relata Patricia con precisión, mientras recuerda que con la curación sobrevino la caída del pelo. “Fue una de las peores partes que me pasó, porque la verdad es que el pelo en la mujer es como algo muy importante y más allá que los médicos por ahí te dicen que lo importante es curarte, y está bueno que uno piense en curarse, pero también esa otra parte es tremenda”.

Para cubrirse, Patricia usaba muchos pañuelos de colores “y después cuando estuve recuperada me puse a coser, para ver cómo podía ayudar a otras mujeres e inventar un turbante o alguna cosa. Empecé con unos de algodón, compraba tela y los donaba, hasta que se fue haciendo más viral todo y entonces formamos un grupo con otras chicas. Como había que ponerle un nombre, elegimos Guerreras y Solidarias Gualeguay”.

“Empezamos a trabajar bastante —expresa—, algunas cortaban y otras cosían. Después también se fue incorporando la manta de polar, porque cuando te hacen la quimio pasás mucho frío, más allá de que estés con calefacción o sea pleno verano. Empezamos a hacer las mantas para regalar y eso lo conseguimos a través de donaciones que la gente nos hacía, nos traían telas o a veces nos daban la plata y nosotros comprábamos lo que necesitábamos”.

Actualmente son tres las mujeres que conforman Guerreras y Solidarias, donde Patricia corta los turbantes, “otra señora me ayuda a coserlos y otra persona corta las mantas de polar. Como el polar no necesita costura porque es una tela que la cortás bien prolija y no se deshilacha ni nada, entonces ella las corta y las emprolija. Hace seis años que estamos con esta tarea y cada vez nos estamos haciendo más conocidas”.

—¿Reciben alguna ayuda? 

—Únicamente de la gente que nos quiere donar, así como hay gente que por mes nos dona 10 mil pesos. El año pasado nos donaron plata las chicas de La Olla en el campeonato de softbol y compramos telas. 

Concientizar y seguir 

En el marco del Mes Rosa, de Concientización sobre el Cáncer de Mama, Guerreras y Solidarias organizó un encuentro de gimnasia en el Centro de Educación Física de Gualeguay. “No quisimos cobrar nada, solo concientizar, porque siempre tenemos un poquito de plata guardada para cuando precisamos. Ahora se está haciendo una movida muy grande con unos chicos de acá que son ciclistas y viven en Buenos Aires. Son de apellido González, su mamá tuvo cáncer de mama también y entonces ellos este año nos contactaron y nos dijeron que iban a hacer como una movida a beneficio de Guerreras”.

“Ellos se van a juntar, el punto de encuentro es el Obelisco, son cantidad de ciclistas y van a hacer 16 kilómetros de recorrido dentro de la ciudad de Buenos Aires, van a pasar por distintos lugares y todo lo recaudado va a ser para comprar cosas para Guerreras. Me habían pedido mi alias y como que mucho no me gusta eso, entonces pusieron un alias de ellos y con todo lo recaudado se van a comprar cosas en Buenos Aires”, explica Patricia, que destaca que “ya decidimos con ellos comprar, por ejemplo, un rollo de cada color de polar. Los rollos vienen de 40 metros y tenés para 40 mantas. Y después, por ejemplo, el jersey de algodón para los turbantes y todo lo que sean las cuentas para ponerle a los turbantes que hacemos con flecos”. 

Patricia Zair (a la derecha) acompañada por la enfermera Noelia Quindt

Esas cuentas no siempre las compraron. “En su momento nosotros pedíamos collares que la gente no usa, los desarmábamos todos con unas herramientitas que nos conseguimos, con unas pincitas y seleccionábamos por color, pero por ahí es tanta la cantidad que tenemos y que no nos sirven, porque son tan chiquitas las piedritas que no pasa la tela. Además, necesitamos unas cabezas en 3D para poner los turbantes y todas esas cosas las van a comprar ellos, que van a manejar la plata”, señala.

“A su vez Guerreras quiere ayudar al hospital con algo de plata de ahí, porque están refaccionando la sala de oncología, ya que compraron la campana que faltaba, para que los enfermeros puedan manipular la droga de las quimios. Están agrandando toda esa parte para que puedan entrar más pacientes e iremos a usar esa plata un poco también para ayudar. Incluso si sobra algo haremos una donación, porque también tenerla guardada y que otra persona esté necesitando no me parece. Mientras sea para un tratamiento oncológico es muy importante poder ayudar, así que siempre estamos con eso”.

Cascos fríos

Patricia decidió que turbantes y mantas no eran suficientes. Por lo que se arriesgó a sumar otra iniciativa para acompañar a quienes transitan el cáncer. Esta vez fue la propuesta de cascos fríos, un elemento que se utiliza durante las sesiones de quimioterapia para evitar que el calor que producen las drogas debilite la raíz del pelo y produzca que se caiga.

—¿Cómo surgió esto?

—Hace dos años que estamos con Noelia Quindt, que es enfermera de oncología del Hospital San Antonio, con Cascos Fríos. Somos las creadoras del banco de cascos fríos de Gualeguay, porque también está en Gualeguaychú, en Buenos Aires, muchas ciudades lo tienen. Estamos trabajando mucho, el año pasado La Olla Softbol Club dividió las donaciones en Cascos Fríos y en Guerreras y pudimos comprar muchos geles. Tenemos más de 150 cascos para armar.

—¿Mucha gente los usa?

—La verdad que sí y se necesitan por paciente entre seis, siete y 10 cascos, aunque la mayoría de las veces son entre ocho y 10, dependiendo el horario de las quimios, se saca una cuenta y cada media hora se cambia el casco. El casco se hace personalizado y nosotros vamos a la casa de la persona que nos contacta, vamos con todo nuestro equipo de geles, las cintas que necesitamos y le dejamos otros accesorios como una gorra que va abajo del casco, en la cabeza. Necesitamos cinco geles de dos tamaños por casco. 

“Tenemos 150 cascos más o menos y están casi todos prestados, eso después se vuelve a reutilizar, se desarman y se vuelven a usar y la verdad que es una opción que tiene la paciente. El oncólogo te dice que lo importante es que te cures, pero ahora ellos están muy abiertos con los cascos fríos, antes no”, indica la fundadora de Cascos Fríos Gualeguay, al tiempo que da cuenta que “al principio era una lucha porque el médico no te decía que tenías la opción de elegir usar los cascos y ahora sí, ellos pasan nuestros números de teléfono, entonces se contactan con nosotras y está bueno eso porque lo más importante es curarte y hay personas a las que no les interesa que se le caiga el pelo, te dicen no importa, yo lo único que quiero es curarme, pero después está la otra persona que te dice yo no quiero que se me caiga. Nosotras ayudamos a eso, a que no se le caiga el pelo con estos cascos y la persona puede elegir si quiere probar de hacerse los cascos o si le damos un turbante después cuando se le caiga el pelo”. 

—¿Hay un protocolo a seguir para que den resultado?

—Sí y hay que seguirlo al pie de la letra para evitar que se te caiga el pelo, que por ahí se te puede caer por partes, a veces detrás de las orejas, lugares donde con el casco no llega bien el gel frío. Por eso una vez que la persona está en tratamiento nosotros aconsejamos que se masajee con la mano libre, o sea, con la mano donde no tiene la vía, para que el gel corra y enfríe toda la cabeza, porque el medicamento llega hasta la raíz del pelo y eso hace que el pelo se caiga.

“También —agrega— mandamos cascos a otras ciudades. Por ejemplo, ya vamos mandando dos veces a Misiones. Mandamos en cajas los geles, les mandamos un video hecho por nosotras donde vamos explicando cómo hacer el casco con la ayuda de una o dos personas y se lo han hecho y a estas chicas de Misiones, es impresionante, no se les ha caído el pelo”.

—¿Cualquier paciente que se está sometiendo a quimioterapia puede utilizar los cascos? 

—No, no es cualquier paciente oncológico. Nosotras siempre decimos que necesitamos tener la autorización de su médico, porque no es para cualquier cáncer tampoco. Noelia, que es la enfermera, siempre pide el pedido médico donde dice qué clase de medicación va a usar la paciente y en base a eso se saca la cuenta de cuántos cascos va a usar.

—¿Cómo es la utilización durante la quimio?

—Las pacientes a veces están tres, cuatro o cinco horas haciéndose la quimio, entonces como cada media hora se va a cambiar el casco, porque se calienta, necesitamos siempre saber eso. Y también una de las cosas muy importantes es que dos días antes de empezar la quimioterapia, la persona ya tiene que tener los cascos en el freezer en su casa, porque recomendamos ir probando si tolera el frío, porque es muchísimo el frío que va a tener en la cabeza por varias horas y hay gente que no lo soporta. Sin embargo, hay gente que está tan en su mente que no quiere que se le caiga el pelo, que sí lo soportan. Está buenísimo eso de ir probando 10 minutos un día, 15 el otro, 20, entonces, vos también ya te vas haciendo la idea del frío, porque realmente es mucho. 

—¿También han recibido donaciones para este proyecto?

—Sí, como dije La Olla nos ayudó el año pasado y se compraron en la fábrica de Pilar los geles. Te hacen muchos descuentos cuando comprás por mayor, así que ahí compramos todo. También compramos la cinta scotch, que es la ancha y tiene que ser la buena, compramos en cajas también y fue lindo todo porque hemos comprado tres veces en la fábrica con las donaciones y después la misma gente de Gualeguay va y la retira porque por ahí hacemos correr que necesitamos que alguien nos retire las cosas y la gente enseguida se pone en contacto, van, retiran, pagan y es como toda una cadena, se arma algo muy lindo.

—¿La gente acompaña en la concientización?

—Este es el cuarto año que Guerreras organiza “Gualeguay se viste de rosa” e invitamos a los negocios, a las escuelas, a los gimnasios. El año pasado fue tremenda la movida que logramos hacer porque hubo muchos premios de plata para las escuelas y los negocios y este año no pudimos armar eso, porque lleva mucho tiempo. En 2025 hubo jurado, recorríamos los negocios para ver y dar los premios, porque lo único que queríamos era que cada negocio adornara su vidriera y dejara un mensaje de concientización. Estuvo muy bueno, pero este año invitamos a los negocios, pero no hubo premios ni nada y fue bastante doloroso para mí en lo personal porque mucha gente me llamó para preguntarme si no había premios este año y entonces no es ni la cuarta parte del año pasado. Casi no hay negocios participando, son muy pocos los que han adornado sus vidrieras. 

“¿Qué es lo único que como persona, como paciente oncológica que fui, deseo? Que alguien me escuche y diga: me tengo que hacer los controles, porque pienso que tal vez estoy salvando una vida, con eso para mí ya está, ¿me entendés? No hay necesidad de armar cosas muy locas. Este mes de octubre es muy movilizante, cada vez que hablo con alguien es como que a mí se me eriza la piel, pero ¿por qué? Porque yo pienso eso, que capaz estoy salvándole la vida a alguien porque hay personas que hace años que no se hacen un control y van. Agarrado a tiempo el cáncer de mama es curable, pero si vos hace años que no te hacés nada no va a ser lo mismo”, resalta.

Y subraya: “Por eso la importancia de concientizar y de que toda la sociedad tome conciencia de eso. Por ejemplo, acá hay escuelas que es impresionante cómo trabajan en octubre con sus alumnos, charlan, llevan profesionales, hablan con los chicos. Eso está muy muy bueno”.

Mirar al otro

Patricia asegura que algo cambió en ella una vez que superó la enfermedad y que ya no pudo pensar individualmente, que le fue necesario cambiar la mirada y acompañar a quienes transitaban el tratamiento del cáncer, ese que a muchos les cuesta hasta nombrar. “Después de que yo pasé por todo eso, empecé a pensar en los demás. Se te abre tanto el corazón, es una cosa que no tiene mucha explicación. Como ser humano, yo creo que las personas tenemos que pensar en ayudar al otro con una palabra, con un gesto y después que uno pasa por todo no quedarte y decir bueno, sí, tuve cáncer y ya está, sino que con un granito de arena a veces vos estás haciendo tanto”.

—Cuántas historias debés conocer después de todos estos años…

—Sí. Hay chicas que me escriben o las encuentro y me preguntan si me acuerdo de ellas, a veces me pasa que como el pelo crece diferente después de caerse no las reconozco con sus nuevas melenas. Otras me llaman para que les explique cómo son las quimios, porque les han dicho que se van a descomponer, se van a sentir mal o les va a pasar esto o lo otro y yo les digo que no escuchen a nadie, porque cada caso es diferente. Siempre digo que yo no puedo hablar por los demás, por lo que escucho. Yo siempre digo lo que yo viví. 

“A mí lo único que me pasó fue que se me cayó el pelo y que a los dos o tres días de hacerme las quimios el cuerpo cambia, entrás en un estado como gripal que vas a la cama sí o sí porque no tenés ganas de nada, pero después yo nunca me descompuse. Nada, nada. Entonces yo no puedo decirle a una persona te va a pasar esto, te va a pasar lo otro. Mi experiencia fue positiva mientras me hacía las quimios, porque la palabra quimioterapia es aterradora. Sí les digo que pregunten todo, que vayan anotando las cositas, porque yo lo hacía y eso te sirve”.

Sobre el final, Patricia agradece: “Todos los días, porque me encanta eso de poder ayudar y charlar con la gente y dar amor, que es lo más importante en cualquier ser humano”.

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