Cómo se genera y distribuye la riqueza social en la economía

En una nueva entrega del curso de Economía para Todos se abordarán conceptos de los cuales se habla mucho, pero se sabe muy poco: qué es y qué indica el Valor Agregado y el Producto Bruto Interno (PBI)

Luis Lafferriere – Promotor de la Cátedra Abierta Por un Mundo Nuevo

El tema de esta nota se vincula a una cuestión muy tratada en la denominada macroeconomía, de la que en general se habla mucho pero se la conoce poco. Al menos para entender su verdadero significado y por su utilidad como parámetro para medir la actividad económica. Me estoy refiriendo al Producto Bruto Interno o PBI.

Para entrar en la mencionada cuestión es conveniente considerar otro concepto similar, que ayuda a la comprensión de esta temática. Se trata del Valor Agregado.

¿Qué es el Valor Agregado? La nueva riqueza que genera cada empresa.

En economía se considera Valor Agregado a la riqueza que se genera en cada unidad productiva, y que surge de agregar a los bienes intermedios o insumos adquiridos por una empresa, un valor mayor que permite llegar al precio del bien final. Esto significa que si una unidad económica ofrece un bien o un servicio final de un determinado valor, este valor incluye tanto a la suma invertida en adquirir de otras unidades los bienes y servicios necesarios para llevar adelante el proceso de producción, como el mayor valor que adquieren esos bienes intermedios luego de ser transformados en un bien final de mayor valor. 

Por lo tanto, ese Valor Agregado es igual al valor final de un bien menos el valor de los bienes intermedios adquiridos a terceros. Ese valor agregado se considera como la riqueza nueva, algo que aparece sumada a la riqueza que ya existía (y se adquirió a otras empresas) y que se generó dentro de la propia empresa gracias al trabajo realizado en ella (Valor Agregado = Precio Final – Bienes Intermedios)

Valor Agregado se mide a nivel micro: Bien final – Bienes intermedios

Y como en las empresas de nuestro sistema económico predominan las que son de propiedad privada del capitalista, ese Valor Agregado o nueva riqueza, se distribuye básicamente entre el empresario dueño de los medios de producción (como ganancia) y los trabajadores que llevaron a cabo el proceso productivo (asalariados).

Ponemos como ejemplos simples una panadería y una mueblería. 

En la primera, se compran insumos como harina, levadura, azúcar y se usan máquinas que fueron adquiridas a otras unidades económicas (las que durante cada proceso productivo sufren un deterioro que se puede cargar como costo en función de su amortización). Y de esa empresa salen bienes finales a la venta, que tendrá un valor mayor que los insumos mencionados. Por lo tanto, la riqueza nueva que se generó en la panadería no es el precio total final de lo vendido, sino es ese precio final deducidos los valores de los bienes intermedios utilizados. 

Caso de la mueblería lo mismo. El valor final de los muebles que se comercializan en el mercado no es todo una riqueza generada por la misma empresa, sino que contiene el valor de los bienes intermedios usados (madera, clavo, pegamento, desgaste de maquinarias) que se compraron a otras empresas, y el valor agregado dentro de la misma mueblería.

Este modo de medir la riqueza que genera cada empresa dentro de un sistema económico tiene limitaciones. 

Si se trata de una unidad económica que no vende sus productos en el mercado, no se tiene en cuenta como valor agregado, no existe para la economía convencional. Puede ser el caso de muchas actividades que brindan un servicio en condiciones gratuitas, o que generan bienes para el autoconsumo.

Tampoco se considera un bien o servicio que puede brindar un valor social muy grande, pero no tiene precio en el mercado o su precio no se corresponde con su valor social. Lo que considera la economía convencional es el precio del mercado. 

Y otra gran limitación radica en que los costos que genera una unidad económica pero que no lo asume la misma sino que son daños a terceros (como puede ser contaminación del aire o del agua, depredación de bienes comunes, etc), no se restan del bien final para calcular el valor agregado por esa empresa. 

Entonces, puede aparecer una unidad económica altamente rentable, que a pesar de generar graves daños que no son considerados, aparenta producir mucha riqueza nueva. Claro, porque no tiene en cuenta los daños externos. Sucede en general con las actividades extractivas, donde los recursos que se sacan no se regeneran o recuperan, y llegan hasta su agotamiento. O cuando se contamina la tierra, el agua, el aire o a las propias personas.

¿Cómo se distribuye esa riqueza nueva?  

Como se mencionó antes, ese valor agregado se distribuye entre el empresario y sus trabajadores. Pero como cuando se vende en el mercado el precio incluye también los impuestos indirectos que recarga el Estado, éste es parte de la distribución.

Entonces el Valor Agregado (la nueva riqueza que genera cada unidad económica dentro de un sistema social) se reparte entre: 

Dueños de medios de producción + Trabajadores + Estado

Saltamos a la medición a nivel macro: el PBI

La introducción anterior nos sirve para entender las variables de nivel macro económico, esto es, considerando la totalidad de las empresas que integran un determinado sistema global (puede ser de una provincia, un país, etc).

Para analizar la riqueza generada por todo el sistema, se suman las riquezas de cada unidad económica existente, es decir, la sumatoria del valor agregado por cada una. 

Eso nos da como resultado el Valor Agregado Global, que en economía se asimila a la totalidad de los bienes y servicios finales producidos durante un período de tiempo y se  denomina Producto.

Y también por convención o definición, se considera igual al Ingreso total, es decir, a la suma de lo que reciben los empresarios (ganancia), los trabajadores (salarios) y el Estado (impuestos indirectos).

VA = PRODUCTO = INGRESO

Limitaciones del PBI como indicador de la actividad económica

Esas variables indicativas de la actividad económica global, es decir, de la denominada macroeconomía, tienen mucho uso para el análisis de la realidad y para el conocimiento de cómo funciona un sistema económico, según la economía convencional.

El conocido Producto Bruto Interno es quizás la variable más popular en la difusión mediática, y que se considera como la medida de la salud de una economía. Esto es, cuánta riqueza genera un sistema económico. Y las políticas públicas se centran en su difusión cuando esa variable muestra crecimiento de un año a otro.

Pero en general no se conocen las serias limitaciones que ofrece ese indicador, si realmente queremos saber si una economía está cumpliendo bien con sus funciones principales. Desde mi mirada, la actividad económica es la que llevamos a cabo socialmente para generar y distribuir los bienes y servicios necesarios para que todos vivan dignamente, sin afectar el ambiente de manera que también tengan los mismos derechos a su disfrute las generaciones futuras.

Pero, ¿nos dice algo de eso el Producto como indicador?

Como el Producto habitualmente se conoce como la sumatoria de todos los precios de los bienes finales que se generan durante un período, ese valor no dice nada respecto de qué tipo de bienes y servicios produce una economía.

Tampoco indica la manera en que la actividad económica se lleva a cabo (con qué tecnologías), o si al realizarse se está dañando el ambiente o depredando los bienes comunes, de manera que no se puedan utilizar en el futuro. 

Tampoco habla el valor del Producto de los daños sociales que pueden ocasionarse cuando las nuevas tecnologías reemplazan gran cantidad de trabajadores por máquinas, lo que lleva la pérdida de empleo y de ingresos concomitantes a sus respectivas familias. 

Ni se habla tampoco de la forma en que se distribuye esa riqueza generada, que en el marco del sistema capitalista siempre se realiza con grandes desigualdades.

Y tal vez la falencia más grande es no considerar como un servicio clave con valor esencial, al realizado por las mujeres como madres y trabajadoras de cuidados en el hogar, cuando lo hacen de manera gratuita. A pesar de que su trabajo constituye un soporte esencial para toda la sociedad, la economía convencional no lo tiene en cuenta.

Considerando esas limitaciones, podemos creer que porque un país tiene un Producto mayor que otro, o que su producto crece sostenidamente durante varios años, esa economía es robusta y funciona bien. Pero nos olvidaríamos de la esencia de la actividad económica y no tendríamos en cuenta cómo vive la gente. Nos estaríamos poniendo lentes equivocados para mirar la realidad, y por lo tanto las políticas que se aplicarían no tendrían en consideración lo más importante: que todos vivan dignamente.

En síntesis, cuando se insista desde la mirada de los economistas convencionales de la importancia del Producto Bruto Interno como medida de la salud de un sistema económico, debemos tomar con mucho cuidado esa mirada, porque estaría ignorando lo esencial.