Desde los cuentos de nuestros mayores, los videos virales, y toda la mercadotecnia para transformarlos en mercancía, siempre han estado entre nosotros, en sus múltiples formas. Y dan un poco de miedo
Por César Luis Penna
Desde muy chicos nuestros mayores nos contaban historias para advertirnos de algo, de no hablar con extraños, de no tocar tal cosa, de no irrumpir la paz en la siesta y de dormir antes de medianoche porque los fantasmas y otras criaturas rondaban después de las 12. Sin saberlo nos han dado herramientas para protegernos, pese a que el miedo algunas veces nos tire para atrás. El cine ha esfumado muchos de esos sustos primigenios, tanto que más de uno lleva diferentes monstruos en remeras, mochilas, stickers, máscaras. Parece que ese miedo a la oscuridad que cantaba a los gritos Bruce Dickinson (fear of the dark) en Iron Maiden quedó completamente olvidado. Hoy, los niños están despiertos hasta la hora que quieren y vaguean por la plaza o la calle. Nosotros antes de las diez estábamos durmiendo, y pegábamos un grito si teníamos que bajar de la cama para ir al baño, porque todos sabíamos que debajo había un monstruo que te comía los pies.
Una noche con mis pocos añitos quería salir afuera, la puerta estaba cerrada y de golpe se empezaron a escuchar aullidos…
–No se puede salir –decía mi papá.
–¿Por qué?
–Porque anda el Lobizón, te va a correr y se va a meter acá, escucha como aúlla.
–Si está la puerta cerrada no puede entrar.
–Pero se hace chiquito y pasa por abajo.
Ante la más ligera posibilidad de que fuera cierto, las ganas de ir a dormir se desplomaron sobre mi pequeña persona rulienta.
La modernidad
La cultura moderna de las ciudades vino a romper con esa tierna leyenda de “La Solapa”, ya que muchas de las actividades que realizamos las hacemos durante la hora de la siesta.
Pero en el campo la realidad es otra, parecería que las criaturas mágicas y monstruos se cansaron de las luces prendidas toda la noche, y del continuo movimiento que quitan la privacidad necesaria para asustar. Lejos de las luces todo parece ser posible.
Las que siempre están
Una de las apariciones más usuales es la chica al costado del camino, que en algunos casos si no se la mira no pasa nada, pero, si se la mira se introduce en el vehículo y ahí las versiones de lo sucedido cambian. En nuestra provincia la aparición más reciente se dio en Concordia en una de sus calles a las afueras de la ciudad. Existen también en la misma ciudad varias apariciones en el Castillo San Carlos, algunas de ellas registradas en fotografía que no dejan lugar a dudas.
Pero no es el único caso en la provincia, en la Unidad Penal Nº 1 de Paraná han registrado en las cámaras sombras fantasmales en los patios. Dan credibilidad, las muertes acontecidas en el penal de las que poco se conocen. En varias escuelas también hay apariciones, de las que nadie habla pero allí están en nuestro mismo plano existencial.
Dando clases en una de las escuelas centenarias de la ciudad, los alumnos me contaron que en una de las escaleras hay apariciones, a veces solo están sentadas en los escalones y otras hacen caer a los chicos. Nadie sabe por qué, pero al ser un edificio tan antiguo las teorías podrían ser varias.
En otra de las instituciones más antiguas, que tiene un sótano sellado y donde vivió la comunidad afro, resulta ser que también hay apariciones. Un día después de unas mesas de examen, como sabía que ya no volvía, le saqué una foto a unos de los árboles del patio interno que siempre me pareció increíble. Justo en uno de los pasillos se vio la silueta de un pequeño con guardapolvo espiando hacia donde estaba yo. El tema era que en la escuela no había nadie y los chicos hace más de diez años que no usan guardapolvo. Cómo olvidarse de la primera de la ciudad, que en sus aulas cursan siempre uno o dos más de lo que figura en la lista de alumnos.

Los que no son
Hoy en día donde la tecnología nos atraviesa, cualquiera que se interese en el tema se convierte en “cazafantasmas”. Pero todos sabemos que solo son cuatro y manejan el Ecto-1. Los cementerios y las casas abandonadas son los sitios preferidos de esta gente, y si no encuentran nada lo falsifican. Como aquellos que filmaban en la ciudad de México en las tierras sagradas, y se veía una chica sentada sobre una tumba y un chavo llamándola. El terror que nos dio a los que vimos el video fue inimaginable. Pero todo era falso, lo habían hecho con el fin de hacerse conocidos.
¿Cuántos casos hemos escuchado de personas que se bajan en la puerta de aquellos lugares y pasan a través de las rejas cual fantasmas? En todos los cementerios del país hay una historia así. O de los colectivos que pasan enfrente de aquellos y el timbre suena sin parar aunque no haya ningún pasajero. Nosotros tenemos el fantasma de la Línea 20, que sucedió en San Benito y cuyo chofer, se dice, aún hoy continúa con tratamiento psicológico.
El primer trabajo de mi viejo como empleado municipal fue el ser guardián del cementerio a la noche. Ante la consulta de si alguna vez vio algo dijo que no, que sí se escuchaban ruidos en los panteones pero nada más. Hay que tenerle más miedo a los vivos, me dijo alguien una vez. Miedo a esos que entran reptando por las noches a llevarse los bronces de las lápidas, acciones ocurridas desde el 2001 a la actualidad. Ya los muchachos no saben de dónde más sacar bronce, ah… sí de los picaportes de las puertas.
La oscuridad del parque
De los que nadie habla son los del Parque, que no aparecen todos los días sino que lo hacen en fechas especiales. En la zona periférica al monumento a Urquiza suelen deambular algunas sombras cuando baja el sol justo donde estaban las baterías de defensa de la ciudad cuando apenas nos habíamos independizado como Nación. En el Paseo de los Poetas se ve a una señorita sentada en una de las bancas en las noches de luna llena, solo está ahí como mirando el río a la espera de alguien. Es raro cómo un espíritu se apega a un lugar que es público, pero sucede más cuando el lugar es centenario. En las zonas de poca iluminación siempre deambulan apariciones que muchas veces prefieren no ser vistas pero ahí están mirando todo lo que hacés. No me refiero a las apariciones que te piden plata por cuidar el auto, o aquellas de capucha que quieren robarte todo, solo para poder drogarse un día más; ni tampoco aquellas que ocupan bancas sin pagar un solo impuesto, enriqueciéndose a costa de todos nosotros.
Cómo llegan a ser
Según especialistas no todas las personas que mueren se transforman en fantasmas, sino solo aquellas que han sufrido un fuerte trauma, los que tienen una cuenta pendiente, o aquellos que se niegan a irse. Muchos se pierden, no ven la famosa luz y se quedan. Ninguno puede causar daño a los vivos, lo que lo hacen son criaturas de abajo que toman la forma humanoide pero no son. Por lo que se puede concluir que sí, los fantasmas solo son personas, en otro estado, donde la energía que nos da vida toma otra forma. Quienes tienen la capacidad de verlos dicen que están en todas partes.
Al acecho el fantasma regresó, a esta casa que está fuera de control…
(Tren Loco “al acecho”)
Lo que sí sabemos es que cuando dormimos nunca estamos solos, si hay fantasmas no están los de abajo, y si estos están no hay fantasmas. Cuando nos despertamos más cansados de lo normal seguro anduvo bicho de bajo quitándonos esa energía que tanto necesitan, y si soñamos con uno, seguro alguno anduvo por ahí… pero esa es otra historia.

