La tragedia ocurrida en 1972 marcó para siempre la historia de Santa Elena, llevándose la vida de seis trabajadores. La memoria se sostiene en monumentos, placas y relatos; una remembranza que se transmite
Por Vicente Suárez Wollert
Santa Elena, en sus épocas de esplendor, contaba –además de su muelle– con una flota propia de barcos para transporte de cargas y de pasajeros: Guayquiraró, Nora, Duke of Atholl, Portman, Sofía, Bedford, Bovril, Nicolasita, entre otras, son las más recordadas e inmortalizadas en numerosas postales de distintas épocas, donde los viajes por vía fluvial eran el medio de transporte por excelencia.
Editorial Ana, en la edición del libro Muelle Histórico, un portal de esperanza (2022) recupera la evolución del muelle y su vínculo con los principales acontecimientos de la comunidad: “Más rudimentario o más equipado, el muelle siempre fue portal hacia una nueva etapa: en barco arribó al puerto la imagen de Santa Elena, desde Buenos Aires, para inaugurar la capilla. Arribaron presidentes, autoridades de renombre, inversionistas, visitantes, curiosos y familiares de otros continentes venían a reencontrarse con los suyos. Embarcaciones de menor y mayor rango, como una goleta en 1890 hasta las anónimas y cotidianas de pescadores, que alrededor de la estructura diariamente navegaron río adentro en busca de aquello que el Paraná pudiera ofrecer, vieron transitar por el muelle sueños, esperanzas, desahucios, desamores, bienvenidas y despedidas, éxitos y fracasos, crecientes y bajantes”.
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