Inaugurado en 1930, en un contexto marcado por resistencias religiosas y dificultades económicas, la primera iglesia católica de la ciudad sigue siendo un espacio vivo, con valor patrimonial y social
Por Vicente Suárez Wollert
La historia del primer templo católico de Santa Elena está atravesada por la tenacidad de una comunidad que apostó a la fe, incluso cuando el contexto jugaba en contra. Su construcción, iniciada en 1928, enfrentó resistencias por parte de las administraciones alemana y británica, que predominaban en la zona y profesaban el protestantismo, así como también por las dificultades propias de la época: permisos, clima adverso y escasez de recursos.
Los antecedentes religiosos más antiguos en la ciudad remiten a la presencia de misioneros jesuitas y, ya en el siglo XVII, a la existencia de un pequeño oratorio dedicado a la Virgen del Rosario. La tradición asegura que fue visitado por el General Manuel Belgrano, y los documentos más confiables indican que fue atendido por Gregoria Pérez de Denis. Solo quedan restos de aquel lugar, pero el legado espiritual persistió en el tiempo.
Con la llegada del frigorífico, hacia 1920, se instalaron en la ciudad una treintena de familias de tradición anglicana. Pronto se radicó el pastor Chapman para acompañarlas pastoralmente. A pesar de ello, la fe católica siguió creciendo y el 10 de octubre de 1928 se colocó la piedra fundamental del nuevo edificio, sobre un terreno cedido por Establecimientos Argentinos de Bovril Ltda. La obra estuvo a cargo del ingeniero Carlos Lochner y fue bendecida por el obispo de Paraná, Monseñor Julián Martínez.

Una inauguración que hizo historia
El 8 de junio de 1930 se celebró la apertura oficial. La ceremonia fue presidida por el padre misionero Carlos Hanlon, delegado del Obispo. Ese día se bendijeron la campana y la imagen de Santa Elena, ambas donadas por una Comisión de Damas de la ciudad y traídas especialmente desde Buenos Aires. Más de 400 niños recibieron un recuerdo de la jornada, en un acto que dejó una marca indeleble en la vida religiosa local.
La elección del nombre del pueblo, como del templo, también se conecta con la devoción popular. Gregoria Pérez de Denis se había casado un 18 de agosto, día de la santa. Décadas después, en 1858, Patricio Cullen firmó el boleto de compra de las tierras con el nombre de “Santa Elena”, en posible homenaje a su esposa Elena de Iturraspe o también a la festividad católica. Aunque durante años los mapas marcaron el área como “Campos de Cullen”, fue el nuevo nombre el que terminó imponiéndose.

Fiestas patronales y multitudes
La primera festividad religiosa se celebró el 23 y 24 de agosto de 1930, ya que el 18, día de la santa, caía lunes. Fue un verdadero acontecimiento: fieles de todas las edades colmaron el espacio. Algunos debieron seguir la misa desde afuera por falta de lugar. La celebración incluyó procesiones, bombas de estruendo y la participación de la Banda Popular. Hubo visitas desde La Paz, Quebracho y localidades del Uruguay. Ofició la misa el padre José Joannás, de Villa Hernandarias, con la colaboración de acólitos del Colegio Torres Vilches.
La estructura, de estilo neogótico, se compone de una nave central con altar y comulgatorios de mármol, altares laterales, pila bautismal, rieles con luminarias e imágenes, estas últimas, restauradas y devueltas a su ubicación original. Todo fue pensado para ofrecer un espacio de recogimiento y belleza, que resistiera el paso del tiempo. Su frontispicio, además, luce un cerámico artesanal pintado a mano por Teresita Gómez, artista plástica local y quien durante décadas, fue la responsable de embellecer y preservar la imagen patronal.
Ciclones, donaciones y restauraciones
En 1953, un fuerte temporal destruyó la parte norte del techo. Dos años antes, la comunidad anglicana había donado un órgano a pedal que aún permanece en el lugar, aunque ya no se encuentra en funcionamiento. La convivencia entre ambas tradiciones religiosas, que en un inicio fue tensa, se transformó en gesto de respeto mutuo.
Hacia los años 90, con la construcción de un nuevo templo y la casa parroquial en el centro urbano, el edificio original fue perdiendo protagonismo. Sin embargo, en la actualidad ha recobrado vida gracias a la Fundación San Lázaro, que se ocupa de su preservación y uso cotidiano. El espacio está abierto a actividades de instituciones religiosas y civiles de la ciudad y alberga a jóvenes de toda la provincia que transitan procesos de recuperación vinculados a consumos problemáticos.
Un legado vivo
En 1991, fue declarado Monumento Histórico mediante ordenanza N° 08/91 del Honorable Concejo Deliberante. Cada 18 de mes, la comunidad se reúne para celebrar la memoria de su santa patrona, manteniendo viva una tradición que ha atravesado generaciones.
A 95 años de su apertura, este edificio no es solo una construcción: es símbolo, es raíz, es encuentro.
Representa la perseverancia de una comunidad que logró edificar, con esfuerzo y fe, un lugar que sigue latiendo en el corazón de Santa Elena.

