Una reflexión de todo lo vivido en tan solo unos minutos. Dicen que a veces la vida completa pasa en un instante cuando algo ocurre y de golpe nos deja al borde del abismo. Un respiro en las entrañas de Paraná V
Por César Luis Penna
Me voy en cero, sin ninguna deuda ni en billetes ni en metas ni en promesas. Algunas personas viven a lo largo de su vida poniéndose objetivos todo el tiempo, y quienes no lo hacen, no encajan con ellas. Los que entendimos correctamente la fábula del Burro con la zanahoria adelante, sabemos que si bien el burro marcha, esa ilusión lo desgasta; por lo que a veces solo hay que sentarse y mirar cómo pasa todo, como hace la costa que ve pasar al río.
Cuando era chico si tenía algunas metas dependiendo el momento de mi vida, aunque podría denominarlas: “sueños o fantasías”. La primera fue ser piloto de aviones (inspirado por películas temáticas que veíamos en la tv abierta), reemplazada por ser cadete naval al ver un desfile en calle Maciá. Ese sueño fue destruido por la simple y concreta expresión “no tenemos plata para mandarte a una escuela así”. Por lo que el bachillerato fue la única opción. Unos años después cuando era adolescente surgió el de ser músico y tocar la guitarra o cantar ante muchas personas. Llegué a hacerlo con Xcarabajo, una banda de heavy metal organizada por los hermanos Rodríguez de San Agustín. Ensayamos y compusimos temas casi por un año y medio y salimos a tocar a San Benito, Crespo, Hernandarias, Santa Fe y el último fue en Paraná en la Hendija ante más de 200 personas. Disfruté cada recital y mi pierna lesionada nunca fue inconveniente. Después vendría “Con Botas Sucias” banda tributo a Barón rojo, del que no había escuchado ni medio tema y tocamos en muchas localidades ante un gran público también.
Tuve más novias de lo que imaginé en mis noches de soledad, y conviví con dos de ellas con el mismo pésimo resultado. Me sumé a la ola del apocalipsis del 1999-2000 y el 2012, y me senté en el techo de mi casa a esperar los meteoros o la “catástrofe”. En ninguna de las dos fechas pasó nada, por lo que me puse algunos objetivos más, ya que todo seguía igual. Los medios nacionales por esos años nos taladraban con las ideas de: Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Una de las primeras cosas que pude hacer es darle vida a mi patio de departamento, plantando arbolitos en planteras y regalando algunos también. Lo del hijo lo descarté de inmediato el día que no me pude mover a raíz del primer síntoma de mi enfermedad crónica en las articulaciones. Así es que solo me quedaba lo del libro, ya estaba contento con haber publicado un par de cuentos en una revista llamada Río Bravo, por lo que la publicación de Crónicas de una Heavy metal (el libro realizado junto a Ana Editorial) fue como un punto y aparte con lo de los objetivos. De buenas a primeras mi amigo el Panki de Santa Fe me invitó a su programa de radio a presentarlo, lo que generó una serie de entrevistas que finalizó con la presentación del libro en Canal 13 de Santa Fe (donde toda la infancia miramos Tincho Carpincho, El Chavo y el Quini 6). Entré con una sonrisa y seguí así por una semana completa. La presentación culminó en una actividad organizada por la Facultad de Filosofía y Letras en el “Centro cultural Floreal Gorini” a cuatro cuadras del Obelisco. Lugar donde me tomé unos mates una mañana de diciembre del 2019 ante la mirada incrédula de los paisanos locales.

Nunca me lo propuse ni fue un objetivo, pero allí fui, incluso pude entrar por primera vez en la “Radio de la Universidad Nacional de Entre Ríos” para que un profesor me hiciera una entrevista. Terminé presentando el libro en todos lados, desde la escuela con más alumnos de la ciudad como lo es “La Comercio Uno” hasta la última presentación en el “Museo de la ciudad” en el marco de una exposición sobre el rock en Paraná.
Durante mis años de caminata de mi casa al centro y a la facultad, muchas noches soñaba con un medio de transporte propio, sin esperarlo regalado de nadie. Logré tenerlo hace cinco años, un tiempito después del libro. Aprendí de cero a moto-manejar, miré mil tutoriales y la he mantenido siempre andando. Viajé solo, acompañado, y con mi perrito, el Chiquito. He andado por rutas cercanas al tope, y por todos los barrios de la ciudad.
Me hice de dos profesiones que he podido llevar con dignidad y empeño. He sido reconocido por alumnos y han valorado lo que hemos aprendido en el aula o en el laboratorio. He dado clase en muchas escuelas en donde siempre quise dar, quedando maravillado por mi paso por “La Base” donde, a pesar de las carencias edilicias, me impactaba todo el movimiento del lugar.
He podido refaccionar mi hogar, por dentro y por fuera solo y con ayuda cuando la he necesitado. He podido hacer con la ayuda de mi hermano una churrasquera que siempre soñamos en familia.
Pude comenzar a entrenar en un gimnasio porque llegué a ser gordo. Nunca en mi vida lo había sido y un día pasó, y el gym me ayudó a bajar esos kilos de más. Llegué a recorrer largas distancias en bici aun con la rodilla colgando. Nunca me supe capaz de alzar una pesa y lo he logrado.
Mi sueño adolescente de conducir un programa de radio lo alcancé a realizar varias veces, siendo productor además; y para mi sorpresa he logrado sobrevivir solo más tiempo de lo que creí.
Sí, cumplí todas mis metas, mis sueños y ya no tengo más… Si a causa de la fatídica ingestión de algo en mal estado o del agua rancia del gobierno que me viene golpeando hace más de una semana, me encuentran seco en el baño, no lo difundan, solo digan que era un tipo que se fue en cero.
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