La herramienta para que el pueblo viva un poco mejor

Hospitalarias realidades, una reivindicación a los trabajadores y a los profesionales de la sanidad en los barrios de Paraná. En el Centro de Salud Dr. Arturo Oñativia atienden a unas 24.000 personas por mes

Por César Luis Penna

Al dar los primeros pasos nos exponemos a tener pequeños accidentes que nos dejan un moretón, raspadura o cortadura. Muchos golpes son necesarios para generar en nosotros esas ganas de no recibir más ninguna caída, ni golpe, ni raspadura, ni nada. Ese es el instante cuando decidimos inconscientemente andar sin tropiezos. En otros aspectos de la vida no tengo duda que pasa lo mismo.

Claramente fui el ejemplo de una arrolladora ansiedad por crecer y medio que no pensaba cuando caminaba o corría, lo que me llevó a chocarme mil veces la heladera de mi abuela y tener unos señores chichones a diario. Así andaba, sin miedo al golpe o a la lastimadura. Una vuelta haciendo un juego con los gurises del barrio erré el paso en un tapialito y mi pierna y la mitad de mi cuerpo quedó rodeada de “la corona de cristo” una planta llena de espinas. Claro que ese paso en falso no me detuvo. Me arranqué un pedazo de dedo con un carrito de rulemanes, me raspé tantas veces las rodillas que había temporadas que las cascaritas se formaban una arriba de la otra, y me reventé un par de veces los dedos con las gomeras.
Todas esas experiencias cicatrizaron en mí, y cursando la secundaria y la universidad nunca me caí, si me tropezaba nunca me caía, mi cuerpo realmente aprendió. En esas épocas no entendía por qué pasaba, solo seguía adelante. Pero todo lo bueno se termina y esa elasticidad, ese centro de gravedad bien balanceado que me ayudaba con aquello, en algún momento se esfumó.

El primer accidente
Cuando uno va quedando solo y nos toma de sorpresa alguna enfermedad o lesión, siempre nos surge la pregunta ¿a dónde vamos? La primera respuesta siempre es: Al médico. ¡Pero yo estoy enfermo hoy! (grita la ansiedad). Si la fiebre nos permite pensar un poquito más surge la respuesta: ¡A la guardia más cercana!
El cómo ir siempre depende de la situación, siempre nos salva un remís, un taxi o Uber.
A la primera guardia a la que asistí en la vida fue a la del San Martín un día que tenía la muñeca explotada por una caída jugando un fútbol nocturno… Estuve allí junto a una mujer grande, medio rubia que se agarraba una mano hinchada, y junto ella estaba el marido con un alacrán en un frasco. Además esperaban dos personas más, yo estaba al final de ellos. Claro que no me quedé, era 24 de marzo y me fui a la marcha, recién al otro día volví a que me atendieran en el centro de salud ATM.

La primera visita
Una noche comencé con unos fuertes dolores en el vientre. Tenía unas puntadas que no podía estar tranquilo del dolor. Utilicé todos los recursos aprendidos: La manta, el almohadón, el paracetamol, pero todo era inútil. Ni bien amaneció llamé a un remís y me fui al Centro de salud ex-Corrales. Cuando llegué me enteré que había cambiado de nombre a Centro Regional de Referencia (CRR) Dr. Arturo Oñativia. Me atendieron por un costado, y me hicieron pasar. Esperé unos veinte minutos que con los dolores que tenía para mi fueron el doble. El doctor que me atendió era uno bajito, de cabello oscuro que en dos segundos me dio el diagnóstico. A la hora ya no tenía ni un solo dolor, ahí mismo agendé el lugar cual médico de cabecera.

Centro Regional de Referencia
Fui muchas veces y siempre fui bien atendido, y un día se me ocurrió charlar con la gente del lugar para conocer algunas cosas y para que se pueda reconocer de alguna manera su labor. El Director del CRR es Nicolás Roldan, hace 21 años que está al frente del lugar y vio cómo fue creciendo demográficamente la zona y presenció la manera en que el patio delantero que tenía la ex-casona se convertía en lo que es hoy, y a los viejos caminos de tierra, asfaltarse haciendo de ellos avenidas y calles muy transitadas; vio como yo aquellos descampados o campitos desaparecer bajo las casas de distintos tamaños.
Lo primero que me decía es que la tan mencionada “guardia” en realidad es un Consultorio de Atención de Demanda Espontánea (C.A.D.E.) porque una guardia debería tener todos los implementos y todos los profesionales orientados en atención crítica o emergentología. Esos profesionales no están ni en el Carrillo, ni en el Centro de Salud Domac que es otro que tiene guardia. Están en el Hospital San Martín para la población adulta y en el San Roque para la población pediátrica.
“Nosotros tenemos un consultorio las 24 horas del día atendiendo las demandas que van surgiendo en esta zona de la ciudad y ciudades aledañas como San Benito, Colonia Avellaneda, Oro verde. Atendemos cuestiones generales, acá no hay neurocirujanos o cardiólogos de guardia eso no hay. Para eso están los centros de esa complejidad”, contó.

El Director Nicolás Roldán

Los críticos
Mientras me aclaraba aquello de la “no guardia” pensaba… ¿Y si llega alguien es estado crítico, por un choque o un accidente casero? ¿Qué pasa? y me contó: “Por supuesto que cotidianamente se nos presentan casos críticos. Son atendidos aquí, se lo acondiciona y son derivado al San Martín o al San Roque según corresponda. Acá no tenemos para hacer cirugía. Somos un centro de atención en el que podemos resolver la mayoría de las cosas que se nos presenta: cuadros febriles, de dolor, hipertensivos, pacientes diabéticos que vienen descompensados y se los corrige y se mantienen en observación y son derivado a su casa si mejoran o al hospital si no es así, con una ambulancia que está las 24 horas”.
Desde ese primer día que pisé las baldosas del CRR siempre lo vi repleto, y nunca vi a las mismas personas lo que marca sin decirlo que pasa a diario mucha gente.

¿Cuántos pacientes somos?
Tanto el Director Nicolás Roldan como Edgardo Monzón, el Jefe del Servicio de Enfermería, me decían que en ese periodo de tiempo en la guardia de enfermería se atienden entre 120 y 150 pacientes. “De ese total, el 30% son urgencias y emergencias. La mayor de las consultas son crisis hipertensivas, o pacientes diabéticos, accidentes, son muchos los casos que tenemos por día”, relató el Director.
Mientras que a todo el centro de salud concurren alrededor de 800 personas todos los días.
“La gente viene espontáneamente. por ejemplo: tengo fiebre o un chiquito con fiebre, ¿qué hago? lo llevo al Centro de Salud para saber lo que le pasa. Cualquier dolencia es atendida y puede esperar 10, 15, 20, 30 minutos y se va a su casa, yo lo invito a ir a una clínica privada, tiene al menos dos horas y media de espera”, decía el Director, y ese dato lo corroboró mi ex-compañera que fue en reiteradas ocasiones y tuvo que esperar todo ese tiempo.

Innovaciones en la atención
Respecto del tema de la atención, Edgardo me decía que en enfermería los fines de semana y los feriados están probando un sistema nuevo. “Estamos haciendo “La Admisión de Pacientes”. La idea es contener al paciente cuando ingrese por los profesionales de enfermería, y si amerita una atención inmediata avisarle al médico para que lo evalúe; si hay que derivarlo se lo deriva sin tener demoras en la sala de espera. Por ejemplo, en una crisis hipertensiva el paciente puede no presentar síntomas pero tener la presión muy alta. Entonces estamos en una primera etapa para poder ampliarlo a los días hábiles, mientras estamos trabajando fines de semana y feriados”.

Un tropezón… es caída
Mientras charlaba con los dos profesionales me venía el recuerdo de aquel día en el que salí a la mañana a correr al ex-hipódromo. Era la primera vez en ese turno porque lo hacía siempre de tarde, tomé por las viejas veredas para el lado del Club Paraná, al trotecito, cuando llegué al lugar donde estaba el viejo acceso a la tribuna vieja tropecé con quién sabe qué y caí como una bolsa de papas. Me astillé las manos, rompí la pantalla del celular y sentí un golpe ardiente en la rodilla. No había nadie ni en la calle ni en la vereda así es que no sentí vergüenza y seguí al trotecito. Volví a casa y me saqué una foto de la rodilla… me faltaba un pedazo de pantalón y rodilla. Fui al Centro de Salud Ilia, y me colocaron una venda provisoria derivándome al CRR. Le pedí una mano a mi amigo Diego para llevarme, y fuimos.
Consultados sobre esta situación me dijeron que estuvieron bien porque el Oñativia es un centro de referencia ante casos como esos.
Llegamos y en segundos me atendieron, yo sentía que me limpiaban con una esponja de acero y escuchaba el asombro de las enfermeras al ver las cicatrices previas en la rodilla. Con el matambre en la articulación me fui contento de no haberme arrancado mis ligamentos cruzados que tanto me costó arreglarlos.
Al personal que me atendió no los vi más por lo que pregunté cómo era el tema. En el C.A.D.E, de lunes a viernes hay dos médicos clínicos, y cuatro enfermeros por turno (Mañana y tarde) salvo a la noche que este número disminuye a la mitad. Son 19 enfermeros los que forman parte del plantel, para atender de 2.500 a 3.000 personas por mes sólo en enfermería. En total en el CRR se atienden aproximadamente a 24.000 pacientes por mes.
Creo yo que fui uno de esos casos raros que todo doctor cuenta en un asado, el Director me decía que al ser un centro de atención espontánea hay gente que sale para hacer las compras y si se siente un poco mareada pasa por la guardia y se hace atender, algo similar pasaba cuando teníamos el Centro de salud Ilia en el barrio Paraná V, además siempre había una vecina que entraba gritando ¡Me muero, me muero! tan solo para que la atiendan rápido. Pero entrar a los gritos pidiendo que lo atiendan no es patrimonio exclusivo nuestro, en el Oñativia también muchas veces entran gritando exigiendo atención, esa nunca es la forma, claramente. Edgardo me contaba que casos raros no se han encontrado, pero sí lesiones que no condicen con lo relatado.
Cuando me contaba eso me imaginaba…

–Atiéndame por favor me caí y me golpeé con la silla…
–Pero señor a usted lo han chocado!
–¿Cómo se dio cuenta?
–¡Porque tiene los relojes de la moto marcados en el pecho amigo!
–¡Venga!

Todos los datos
Ya para esa altura de las charlas trataba de retener todos los datos:

  • El área programática del Oñativia es: Almafuerte y Caputo para el oeste, hasta Garrigó y Almafuerte, y al sur de Newbery y Caputo, y para atrás Newbery y Garrigó; pero se atiende a pacientes de muchos lugares.
  • La atención se da las 24 horas.
  • El vacunatorio funciona de 8 a 18 (sin importar el área programática)
  • Tanto el Jefe como el Director me decían que no faltan medicamentos, que hay para atender todo tipo de patologías, y si es un caso de mayor complejidad se le hace una primera atención y después de estabilizarlo se lo deriva.
    El Director Roldan me contaba aquello que también ocurre: “Mucha gente mira google y viene con un diagnóstico cuando solo es información y se debería respetar la palabra del médico”, además concluía: “En realidad nosotros, el sistema de salud, solo somos una herramienta para que la población viva un poco mejor”.

En el C.A.D.E. me atendieron por dos infecciones, tres accidentes de articulaciones, atendieron a mi ex-compañera dos veces, a la mamá de mi sobrino también, mi sobrino mismo recibió todas las primeras atenciones ahí, y la última atención que recibió mi hermano fue ahí mismo. En todas las ocasiones nos atendieron siempre con la mejor onda, resolviendo la mayoría de nuestros padecimientos, siendo parte de esos 24.000 que concurren por mes, solo buscando sanar… como se escribiera en Hospitalarias realidades de Hermética hace ya 25 años.

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