Nuevo año escolar, entre risas y ninguneos

La radiografía de una precariedad. Tras un 2025 donde los docentes sintieron que atropellaron sus derechos y sueldos, iniciaron este 2026 con las ganas de reconquistar lo propio. La crónica de un profe Heavy Metal

Por César Luis Penna

Durante el 2025 no solo no paramos de trabajar sino que no nos dejaron parar para reclamar por nuestros sueldos y por nuestras escuelas que necesitaban y necesitan arreglos desde los techos hasta las ventanas, o por más presupuesto para nuestros comedores escolares a los que asisten cada vez más chicos.
Sí, así es. Eliminaron un derecho constitucional con un decreto, y no solo eso, sino que además instauraron un régimen persecutorio para con los docentes y con los directivos. Hubo sindicatos que avalaron, otros que pelearon con tibieza y hasta hubo algunos que no encontraron la manera de resolver esta situación a favor de los docentes. Más de un trabajador pudo observar, adentro del CGE y mientras reclamaba por su salario, a un secretario general a pura risa amistosa con aquél que decidía el sueldo de todos los que estábamos afuera.

Comenzamos un 2025
El ciclo arrancó allá por febrero con temperaturas de 30º bajo techo de chapa con uno o dos ventiladores para 30 alumnos y sin agua potable. Este 2026 se propuso contratar y pagar entre todos los trabajadores unos bidones de agua porque la Municipalidad no ha ni siquiera leído las notas enviadas por la escuela desde su creación pidiendo el líquido vital elemento.
Dimos lo mejor que teníamos durante todo el año 2025, pusimos de nuestro desnutrido bolsillo para comprar afiches, fotocopias, fibrones, tizas y libros, globos, galletitas y caramelos para poder llevar a cabo las actividades.
Vivimos hasta el último día realizando tareas fuera de nuestro horario laboral causándonos un estrés desbordante ya que desde todas las instituciones exigen más de lo que corresponde imponiendo un sobrecontrol para con quien solo realizaba su trabajo y nada más. Cuántas veces fuimos convocados a participar obligatoriamente de peñas, bingos, matinés, ferias… todo por el mismo sueldo.

Seguimos en la misma
Desde el CGE no pararon las amenazas de descuento, desde el gobierno nacional no paraban de decir que no había plata, la situación en nuestras escuelas empeoraba semana tras semana. Un día, cuando estaba llegando a mi segundo trabajo (amenazado también por el gobierno nacional de privatizarlo y echarnos a todos), unos exalumnos de mi facultad trabajando para un canal de televisión me invitaron a hacerle una pregunta al gobernador que estaba al aire. Por un momento dudé, trastabillé con la pregunta hasta que salió clara y concisa: ¿Cuándo van a arreglar las escuelas? “No hay plata”, fue la respuesta con un gran cinismo y acento porteño. Todos sabemos de la gran deuda de la coparticipación, de la inmensidad de los recursos económicos, los productos y cultivos que se van al exterior desde la provincia, todos los días pasan las barcazas repletas por el río, todos lo vemos, así como salen de nuestra provincia toda esa carne de exportación a la que no tenemos acceso. Además de que somos una de las provincias con tierras en manos extranjeras que supera el promedio nacional, algo más de 246 mil hectáreas que quién sabe si pagan algún impuesto. Todo esto demuestra lo vacío del no hay plata.

Un 2026 complicado
Mientras los impuestos subieron exorbitantemente, así como los combustibles, las comunicaciones, los alimentos, y lo textil… los genios de la matemática ataron nuestro salario a los números de un organismo que no pega una desde el paleolítico, dejando nuestros salarios en la indigencia.
¿Habrán hecho los cálculos desde sus autos nuevos? ¿O desde un resort en Europa, El Caribe o Brasil?
En este contexto que claramente nos afecta a todos porque las escuelas están lejos y tenemos que usar nuestros vehículos, y hay que pagar Internet (para seguir trabajando desde casa), y se debe reponer el vestuario que aumenta y aumenta.

Entre descuentos y reclamos
Terminamos el 2025 con descuentos de 350.000 a 600.000 pesos, totalmente arbitrarios porque en nuestra escuela ya nadie hizo paro, ni asamblea, sin embargo nos descontaron y nos ocultaron los recibos de sueldo, al eliminar la página donde estaban subidos, para recién publicarlos hace unos días.
Todavía seguimos pidiendo el asfaltado de calle Artigas a la altura de nuestra escuela, ya que el tránsito pesado ha destruido la calle; el arreglo de los techos que pone en peligro a chicos y docentes en días de lluvia; y de la entrada a la escuela, que en días de lluvia es puro barro y nadie llega limpio al aula.
Parecería que los funcionarios solo están preocupados por ponerles pantallas led a los colectivos nuevos, siendo peligroso tanto para el tránsito como para los pasajeros, y por seguir construyendo “La Torre de la Justicia” que se levanta en calle Santa Fe con vaya a saber qué propósito.
En este 2026 arbitrariamente y no respetando la paritaria pusieron en marcha un aumento a nuestro sector que llega a los 25.000 pesos (a docentes con más de 10 años de antigüedad), que sería la mitad de una compra en un supermercado sin la carne, ni útiles escolares o docentes, y muchos menos la ropa; solo alcanza para una remera y un par de medias o medio pantalón. Además, este monto es vía FOPID y Conectividad, no forma parte del sueldo básico, y es solo temporal. Algunos dirán que se debe aceptar ese monto porque hay compañeros a los que les resuelve… Claro que resuelve y sirve, pero nos merecemos más, trabajamos para ello, nos rompemos el cuerpo, la mente, las articulaciones, el bolsillo y el corazón dando clases, enseñando, y tratando de forjar un futuro que quizás nosotros no veremos.

La burla continúa
Este primer sábado de marzo llegó a todos los docentes la ayuda escolar. ¡Vergonzoso! La indignación llegó a todos los grupos de wasap. La “limosna escolar” así la bautizaron las compañeras, alcanza para un cuaderno y una birome. Queda afuera el uniforme, todos los útiles escolares, mochila, zapatillas, merienda, fotocopias, libros y toda la ropa para educación física. Está bien que desde siempre ha sido una miseria increíble, yo lo veía en los recibos de sueldo de mi padre (quien fue empleado municipal por 35 años) que no alcanzaba para nada y también era una burla.
Hoy siguen riéndose de todos nosotros en la cara, mientras preparan el aumento de la edad jubilatoria de 62 a 65 hombres y 57 a 60 mujeres. Nosotros tenemos un régimen especial dicen los compañeros, y es cierto: llegamos a jubilarnos llenos de enfermedades relacionadas al estrés, la mitad de nosotros tiene en su piel las marcas de ello ahora mismo, para no mencionar alergias o las propias de la degradación natural del cuerpo humano y las articulaciones que nos van abandonando. Llegamos con lo justo y se gasta más de la mitad de la jubilación en remedios.
A la consigna del ¡82% móvil no se toca! se agregó: ¡La edad tampoco! Van por la edad, la movilidad y la caja, porque resulta que nosotros somos culpables por vivir más de lo debido, y además “por nuestro bien” eso lo van a manejar los privados que saben cómo administrar. Eso ya lo decían desde antes del 2023, hoy la reforma laboral pone en jaque todos nuestros derechos incluso este de jubilarnos con dignidad.
Claro quienes deciden la economía del país tuvieron un incremento en su patrimonio de 64% uno y 221% la otra. ¿Será la plata de los jubilados (que los golpean, gasean y encarcelan todos los miércoles), del hospital Garrahan, de los discapacitados o de las universidades, o realmente son genios del crecimiento económico?
Entre tantas risas y ninguneo marchamos a dar clases todos los días, en moto, en auto, en bici, a pie, en colectivos, bajo el sol agobiante y días grises y fríos, en días de lluvia intensa… tan solo para ir sembrando el futuro en nuestros alumnos, porque como todos sabemos el futuro no está escrito, solo existe lo que hacemos.

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