Toneladas de sonrisas y otros peligros

A veces descarrilados, otras rebeldes, por lo general brillantes; una edad por la que todos pasamos, y no nos dábamos cuenta de los vulnerables que fuimos. El desafío de haber sido adolescente en los ’80 y los ’90

Por César Luis Penna

Cuando nos llega la adolescencia somos muy vulnerables, estamos expuestos a peligros que no podemos dimensionar y a mil estímulos que muchas veces no somos capaces de manejar. Mientras avanzamos por la escuela secundaria nos nutrimos de los conocimientos básicos que necesitaremos para vivir el resto de los años que nos queden, pero tampoco lo advertimos, es así. Además, no lo sabemos y nadie nos lo aclara, pero se trata de una época que es el punto de partida para ser lo que queremos ser…
Se vos no más que al mundo salvarás, porque engañarse y mentirse… escribía Ricardo Iorio en “Se vos”. Una canción que nos proporcionó un punto de partida para avanzar a lo que debíamos ser. Porque por aquella época cada canción de heavy metal era el consejo de un padre o las palabras de un amigo que siempre nos caían al oído cuando más la necesitábamos.
El heavy metal fue la rama donde muchos adolescentes de mi generación se agarraron al caer en ese torrente furioso que se llamaba crecer. Al menos algunos, otros se agarraron de otras ramas, de esas que decía La Renga… “Les pedí fuego y del bolsillo saqué una rama pá convidarlos y bajo un árbol del otoño nos quedamos chamuyando…” (La balada del diablo y la muerte). Algunos terminaron muy mal y otros soltaron a tiempo la rama para llegar a ser grandes profesionales, y mejores personas.
Una de las principales cosas que nos apuraba era el tema de la sexualidad… Hoy en día todos tienen celulares con internet, y desde hace un año todos tienen acceso a una IA a la que solo hay que preguntarle todo lo que se quiere saber; además en las escuelas siempre hay docentes preocupados por el tema y se dan clases y talleres muy completos. Hace unos años les dieron un taller a mi curso donde tenía 28 varones y solo 2 chicas. Cada vez que se mencionaba un objeto visualmente fálico se reían como ratitas. Ellos fueron con toda la expectativa y volvieron con mucha desilusión.
–¿Cómo les fue chicos?
–Hablamos de sentimientos, que no estuvo mal, pero nosotros queríamos saber otra cosa… como por ejemplo cómo se ponía el coso en el tema para…
Y ahí estuvo el profe para completar el conocimiento faltante y quedaron contentos.
Pero en nuestra época no todas las escuelas contaban con folletos, video, o especialistas. Las explicaciones de los docentes siempre se quedaban cortas, parecía que ellos tenían más vergüenza que nosotros sobre el tema; por lo que debíamos ir por otros caminos para saber algo, aunque sea mínimamente. Por fortuna siempre había un padre o una madre preocupada que le explicaba bien a su hijo y este nos instruía a todos. Al menos desde lo físico, porque desde lo emocional no teníamos idea de nada.
Pero la vulnerabilidad física siempre está, nos creemos capaces de hacer cualquier hazaña, pasamos por las bicis BMX, las patinetas, las Mountain Bike y todo lo que aprendíamos en educación física siempre lo replicamos los fines de semanas con resultados nefastos algunas veces. ¿Cuántos brazos y tobillos se habrán roto imitando las hazañas vistas en televisión?

Grupo de amigos
Andar en grupo siempre nos daba una seguridad que desaparecía cuando nos pedían fuego solo para poder robarnos los pocos pesos que teníamos. ¡No lo podíamos creer! Eran pobres robándoles a los pobres. Pero todos pasamos por lo mismo, incluso cuando nuestro cabello crecía y salíamos con remeras rockeras y a las pocas cuadras nos paraba la policía. ¿¡Qué antecedentes íbamos a tener si ni sabíamos hablar!? Pero ahí nos tenían por 15 o 20 minutos que parecían una eternidad. Hubo un año que me pararon en el centro tantas veces que después, cuando nos paraban en el barrio, alguno de los canas decía: “Vos seguí que ya te conozco, todo bien” y ahí, a dos cuadras me quedaba esperando a mis amigos. También sabíamos que había jóvenes de nuestra edad que sí tenían antecedentes y sí eran delincuentes, y se veían como nosotros por eso nos paraban. Por ahí andaba, un Terraza, un Pajarito, un Jaimito, los Mellis, y tantos otros que terminaron muy mal.

Claro está que estábamos muy lejos de esa foto de los jóvenes andando en bicicletas por toda la ciudad como en IT o Strager Things. Porque no todos teníamos bicicletas, por lo que nuestras incursiones hacia el exterior del barrio eran a pie. Cuando podíamos tomar prestada la bici de un padre siempre terminábamos revolcados en las calles de broza.

Mayores peligros
Pero nuestro mayor peligro fue y es el alcohol. Partimos de la bebida a base de agua, cereales, malta, lúpulo y levadura y con el tiempo terminamos con aquella fermentada con uvas. Cuando éramos muchos asimilábamos bien la bebida, y pese a que su valor era de un peso la más cara, llegar a tener un peso era todo un trabajo. Juntábamos centavos para llegar a comprar cervezas, cigarrillos y algunos bizcochos. Estos últimos eran de fundamental importancia porque todos probamos tomar con el estómago vacío, con resultados difíciles de narrar. Algunas veces nos escapábamos de la nocturna, y cuando nos faltaban unos centavos los pedíamos en la plaza San Miguel diciendo que era para el colectivo.
Una vuelta llegué a casa después de una juntada de amigos y devolví al sistema cloacal el arroz con papas que había comido al mediodía. El comentario de mi viejo hacía mi madre fue como de un chismoso y me causaba gracia. Más se reían mis amigos cuando le contaba y le mostraba cómo aún me seguía sacando arroz de la nariz dos días después.
Solo podíamos darnos “el gusto” cuando estábamos con amigos y cerca de nuestras casas, porque cuando uno se pasaba de copas siempre los otros ayudaban a que se llegue bien.
Pese a todas nuestras desventuras a medida que íbamos creciendo, ninguno de nuestro grupo jamás recibió algún maltrato por parte de los padres, si nos soltaban la mano, eso sí, cuando nos decían: si te lleva la policía yo no te voy a buscar, que te busque tu padre y Papá decía lo mismo. Ninguno terminó en la cárcel ni fue alcohólico ni drogadicto ni nada, solo giles trabajadores diría Ricardo.
En este punto deberíamos reconocer a nuestros padres que nos han cuidado y protegido como pudieron y sanamente. Siempre deberíamos brindar con ellos, abrazarlos y estar ahí para ellos, como lo han hecho ellos por nosotros desde siempre. Han sido seres de oro y no lo vimos nunca.

Cosas que no se hablan y deberían hablarse
Todos hemos oídos historias, escuchado noticias que muchas veces son apenas un 1% de lo que la realidad es, muchas de las personas que conocemos ejercen algún tipo de maltrato para con sus familiares y no nos enteramos hasta que es muy tarde. Porque muchas veces el peligro está en las propias casas, la violencia familiar siempre ha existido y es un cáncer muy difícil de erradicar. Desde abuso, golpes, maltrato psicológico, todo un infierno vivido puertas adentro, todo oculto bajo toneladas de sonrisas.

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