Por César Luis Penna
Todos los años el profesor buscaba horas por todos lados, ello tenía un lado bueno: iba conociendo las escuelas de la ciudad; y un lado malo, porque el cansancio y el estrés que le producía lo desgastaba emocional y físicamente. Pero un año se jugó por concursar en una escuela rural alejada de todo. No tenía treinta alumnos como épocas anteriores, eran menos y día a día los iba conociendo mejor. Así como iba reconociendo sus virtudes también lo hacía con sus defectos o dificultades. Muchas veces era la única forma porque ninguna escuela le daba un informe de cada chico, los profesores debían reconocer los problemas y trabajar con ello. Como en muchas instituciones educativas las edades de los alumnos variaba, y todos llegaban de aldeas cercanas.
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