Hay condiciones climáticas que todos aman hasta que tienen que ir a trabajar. El campo siempre la espera, las plantas también. Una crónica que aborda aspectos del líquido y vital elemento, con barro y en moto
Por César Luis Penna
Todos amamos la lluvia, durante un feriado, cuando se da en un periodo de vacaciones, después de una gran sequía, o días con temperaturas agobiantes. Es el sonido que nos arrulla por las noches y es el exquisito aroma de las tardes de verano. Pero si se da en días laborables siempre trae complicaciones y cuando caen 400 milímetros en una noche, se vuelve una tragedia como ha pasado en muchos lugares últimamente.
Artilugios Anti-lluvia
El sistema comercial-industrial nos ha provisto de distintos artilugios para poder llegar a nuestro trabajo lo más secos posibles. Entre tantos se pueden nombrar a las botas de goma, los paraguas (grandes y miniaturas), los trajes de lluvia como los típicos amarillos (cuando los veía pasar bajo agua, camino a la Comercio 1, no podía entender cómo no se mojaban), las capas o ponchos verdes militares, y los trajes modernos de motoqueros que lo van secando a uno mientras maneja. Hoy en día venden todo tipo de artilugios de diversas formas y tipos. Todo eso no quita lo difícil que resulta circular por la ciudad y dirigirse hacia los lugares de trabajo.
Seguí leyendo
Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.

