Silvina Gómez, bailarina y docente, vuelve a ser parte de una de las celebraciones populares más grandes del mundo. Integra una escola de samba carioca; el pulso entrerriano en la pasarela más famosa del planeta
Por Vicente Suárez Wollert
La historia de Silvina Gómez es la de muchas pasiones que empiezan en casa, entre ensayos barriales, música compartida y noches de carnaval, pero que con perseverancia terminan cruzando fronteras. Nacida y formada en Santa Elena, la bailarina y docente volvió a cumplir este verano un sueño que ya empieza a transformarse en camino: participar, por tercer año consecutivo, del Carnaval de Río de Janeiro, uno de los eventos culturales más impactantes del mundo.
Desde el pasado 9 de enero, Silvina se encuentra instalada en Brasil, sumergida en una rutina intensa de ensayos, encuentros comunitarios y preparación física. En esta edición integra Mocidade Independente de Padre Miguel, una tradicional escola de samba reconocida por su fuerte arraigo territorial y su compromiso social, donde cada integrante es parte de una trama colectiva que va mucho más allá del desfile.
Para Gómez, la experiencia no se limita al aprendizaje técnico de la danza. Con el paso de los años, el vínculo con Río fue creciendo y profundizándose. “Cuando permanecés más tiempo acá, empezás a comprender otras dinámicas, otras formas de vivir el carnaval. No es solo bailar: es compartir con la gente del barrio, conocer sus historias, entender cómo se organiza una escola desde adentro”, expresó (Canal 9 Litoral).
Esa inmersión cultural es una de las diferencias centrales con respecto a los carnavales del litoral argentino. Si bien Silvina valora profundamente las fiestas populares de Entre Ríos —como las de Santa Elena o Gualeguaychú—, reconoce que en Río la escala es completamente distinta. Para dimensionarlo basta un dato: una comparsa entrerriana completa puede reunir entre 300 y 400 personas, mientras que en el Sambódromo esa misma cantidad apenas conforma un “ala”, una pequeña fracción de una escola que reúne miles de integrantes.
La magnitud impresiona incluso a quienes ya han participado antes. “Desde adentro cuesta tomar conciencia de cuánta gente hay. Recién cuando ves los videos entendés la verdadera dimensión. Todo es enorme, y detrás de cada desfile hay una comunidad entera empujando”, relató. Esa fuerza colectiva se percibe en cada ensayo, en cada vestuario y en cada paso marcado al ritmo de la batería.

Pero el Carnaval de Río no es solo brillo, plumas y sonrisas. También implica una exigencia física considerable. El samba demanda resistencia, coordinación y energía sostenida durante largos tramos. Cada escola debe recorrer el Sambódromo Marqués de Sapucaí en un tiempo estrictamente regulado, cercano a la hora y cuarto, lo que obliga a los pasistas a mantener un rendimiento constante de principio a fin.
Como parte de esa preparación, Silvina participa esta semana de los ensayos técnicos en el propio Sambódromo, una instancia clave donde se simulan las condiciones reales del desfile: tiempos cronometrados, vestuario completo y desplazamientos exactos. Estas jornadas, además, son abiertas al público y permiten que vecinos y turistas vivan de cerca la previa del carnaval.

Los desfiles oficiales se desarrollarán entre el 14 y el 17 de febrero, y luego llegará el tradicional desfile de campeonas, que reúne a las escolas mejor posicionadas del certamen. Silvina permanecerá en Brasil hasta el 23, aprovechando cada instancia para seguir aprendiendo y fortaleciendo lazos.
Detrás de esta experiencia internacional hay años de formación, compromiso y amor por la danza. Como docente, Gómez también piensa su recorrido como una forma de devolver lo aprendido, compartiendo herramientas y vivencias con nuevas generaciones de bailarines. Su paso por Río no es solo un logro personal, sino también un puente cultural que conecta a Santa Elena con uno de los escenarios más emblemáticos del mundo.
En cada presentación, Silvina lleva consigo algo más que una coreografía: viaja la identidad entrerriana, la memoria de los carnavales locales y la pasión que nace a orillas del Paraná. Su presencia en Río confirma que el talento del interior también puede encontrar lugar en los grandes escenarios, y que los sueños, cuando se sostienen con trabajo y constancia, pueden recorrer distancias impensadas.
Desde Santa Elena hasta el corazón de Brasil, el camino de Silvina Gómez es testimonio de cómo la cultura popular abre puertas, construye pertenencia y permite que una historia personal se transforme en orgullo colectivo.
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