El sol para unos pocos, la sombra de todos

La “bola de nieve” económica que el Gobierno oculta tras un superávit de cartón. El análisis del especialista Carlos Ríos: deudas records y una industria en terapia intensiva. Desocupación y hambre para el pueblo

Redacción El Telégrafo de Entre Ríos

El sol brilla
para todo el mundo…
pero no brilla…
para los que pasan las
vacaciones en las fábricas,
los que no saben
qué hay que decir,
los que ordeñan las vacas pero no pueden beber su leche,
los que no son anestesiados en el consultorio del dentista,
los que escupen
sus pulmones en las ciudades,
los que fabrican en los sótanos las lapiceras con las que otros
escribirán al aire libre que todo marcha a las mil maravillas”.

Jacques Prévert

Todavía dicen que no hay plata, entre otras mentiras. Para esta nota nos comunicamos con el economista Carlos Ríos y le preguntamos por los números. “Durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el 1º de marzo, el presidente Javier Milei exclamó: “¡Qué alergia le tienen a los datos!” refiriéndose a los datos oficiales y truchos de desempleo que, supuestamente, ha bajado. Ahora bien, entonces me pregunto: ¿Cuáles son los datos importantes que debemos jerarquizar y que Milei, su equipo y la prensa cómplice omiten deliberadamente?”.
Ríos detalló que la Deuda Bruta de la Administración Nacional –según datos oficiales de la Secretaría de Finanzas– es de 470.000 millones de dólares. La deuda en BOPREALes –Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre y que es una deuda comercial con importadores nominada en dólares– suma 36.000 millones de dólares. Además, hay tres REPO por un total de 6.000 millones de dólares.
“El total de la deuda bruta es 512.000 millones de dólares”, detalló el especialista y agregó que las reservas netas –sin el swap con China u otros importes que no son activos propios sino prestados– es negativo en 17.379 millones de dólares. “Aquí habría que tener en cuenta la compra de dólares, pero es un valor insignificante y reversible que no mueven la aguja a nivel de la deuda”, aclaró. Además explicó que los encajes de depósitos –que es dinero de los ahorristas que tienen depositados sus dólares en el sistema bancario y que son retenidos por el Estado– suman 13.000 millones de dólares. “Hay que tener en cuenta que el gobierno los utiliza como si fueran propios”, explicó.
Pero después hay una deuda no contabilizada de 70 billones de pesos (70 seguidos de doce ceros) que, a un dólar a 1.400 pesos, equivale a nada más ni nada menos que 50.000 millones de dólares que crecen a una tasa mensual de aproximadamente el 4%, el equivalente a una tasa del 60% anual. Estos intereses no se pagan –violando una regla contable básica– sino que, escondiéndolos debajo de la alfombra, se capitalizan, sumándose al capital ya existente. “Es una verdadera bola de nieve que, de contarse, llevaría a la desaparición completa del tan cacareado superávit fiscal”, dijo Ríos. Tras la consulta, explicó entonces que es necesaria una reforma monetaria que vuelque lo principal de esta suma a la actividad productiva y no a la especulativa. “Y debe ser acompañada por la nacionalización de la banca y los depósitos entre otras medidas”, sostuvo.
Es decir que hay una deuda que es en dólares y no es que se convierte a dólares para poder facilitar su contabilidad. Y por lo tanto a esa deuda hay que darle un tratamiento: “El tratamiento es suspender todo pago, investigar y discriminar cuál es la deuda legítima –que es minoritaria– y cuál es la fraudulenta, la ilegítima, la que no pasó por el Congreso, la llevada adelante por el Ejecutivo sin que haya pasado por algún otro organismo”, sostuvo Ríos. Y esta medida implicaría llevar a juicio a los responsables y a aquellos que se hayan enriquecido con ella.
Por otro lado, hay otra deuda que sí es en pesos y que se utiliza para absorber el dinero y que los dólares no se vayan. Esa es la deuda de 70 billones de pesos. “A esta deuda en pesos, a través de una reforma monetaria, es posible utilizarla en medidas y en proyectos que se vuelquen a la producción y no a la especulación.
Entonces se tendría ese dinero para resolver los problemas del pueblo”. En otras palabras, es posible utilizarla para promover un proceso de inversión dirigido al mercado interno.
Como si esto fuera poco, Ríos explicó que la fuga de capitales, en 2025 alcanzó niveles exorbitantes. “Se da con el esquema de negocios implantado por Milei y compañía, apoyado y sostenido sobre la base de exacerbar el carácter dependiente del país donde reina, todopoderoso, el latifundio en el campo”, describió. Personas humanas compraron 38.806 millones de dólares según lo acreditado en el balance cambiario del Banco Central de la República Argentina. “Una verdadera fiesta para la oligarquía financiera que aún hoy se continúa; ejemplo de ello es que en febrero de este año se fugaron otros 2.600 millones de dólares. Es que además se pretende garantizar el pago de una renta parasitaria en beneficio de esta oligarquía con nuestros recursos naturales y con empresas públicas que son patrimonio histórico de nuestro pueblo”.
Con los números que aportó Ríos fuimos a buscar aquellos otros, los de la vida diaria, los que hablan de la calle y del día a día. Nos encontramos con que la recaudación tributaria en el país acumuló una caída real interanual cercana al 9% durante el primer bimestre de 2026 –en febrero se estimó por encima del 12%– hilando siete meses consecutivos de descenso. Esto significa que cayó el consumo y afectó al IVA. Lo que a su vez provocó una merma en los fondos coparticipables a las provincias.
A la caída de la actividad económica, la falta de ventas en los comercios, las importaciones, las dificultades para el acceso al financiamiento y los costos para producir, hay que sumarle que el INDEC confirmó que la industria está al 53,6% de capacidad instalada, incluso está por debajo del mismo mes de 2025. Durante los primeros dos años de la presidencia de Javier Milei, la Argentina experimentó la pérdida de más de 21.000 empresas, según datos de distintas consultoras y crece la preocupación por un 2026 que no repunta.
La inflación real –la que se conoce en el supermercado– y los sueldos cada vez más insuficientes van de la mano con el gigante endeudamiento familiar con la tarjeta de crédito y las billeteras virtuales para poder comprar para comer, pagar los impuestos y los remedios.
Parece que algunos le tienen alergia a la realidad, mientras otros fingen y fingen que el sol brilla para todos.

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