La placita del Mercantil entre las desidias y las nostalgias

En el barrio, dentro de San Agustín, un espacio público reúne a familias hace décadas. Juegos oxidados, árboles caídos y baldosas desparejas denuncian el abandono. La crónica de una transformación que no fue

Por Camila Gomez

La tarde otoñal de domingo y los mates en la placita del barrio estuvieron en la infancia y están hoy en la adultez.

La misma plaza del barrio Mercantil, ¿podés creer? Este camino de baldosas que recorre la manzana hace décadas fue mi pista en la bicicleta, hoy, ya levantada por el movimiento de la tierra; el camino de otros gurises del barrio.

Rodeada de casas de familias, a metros del Polideportivo del Ejército, reúne a grandes y chicos. 

Una tarde más, llego con el mate amargo para caminar. En los bancos rotos, una pareja y una nena disfrutan de los juegos, de las hamacas y el viejo tobogán de metal.

Una joven pasea a su perro, dos mujeres caminan y charlan.

El deterioro de la plaza es terrible, parece olvidada.

Los árboles son hogar de loros barranqueros que cantan cada tarde, de gorriones y hormigas. Me sorprendo al encontrar uno de los árboles arrancado de raíz. Se nota que fue talado, pero que alguna tormenta lo quitó. Y está ahí, en el camino: el suelo movido, las baldosas cercanas levantadas y al lado de los equipos para hacer ejercicio que los gurises usan para jugar.

En la zona han inaugurado nuevas plazas y han arreglado otras, pero esta plaza fue olvidada durante más de tres décadas. Cecilia, una vecina del barrio, jubilada, cuenta: “No recuerdo cuándo fue la última vez que pusieron en condiciones la plaza, el año pasado solo pintaron los juegos, y antes pusieron para hacer ejercicio. Pero duró poco tiempo sano”. La mujer crió a sus hijos en Mercantil y hoy la visitan sus nietos: “Esta plaza es hermosa pero nadie la cuida, ni siquiera hay baño. Y la gente viene porque es como el corazón de la zona. Acá se juntan amigos, otros hacen gimnasia, juegan los chicos”.

El corazón late tanto que de vez en cuando se organiza la Feria de Emprendedores del barrio Mercantil. Una de las feriantes explica: “Es muy lindo, por lo general se hace los sábados a la siesta o tarde que hay más gente. Sirve mucho porque nos conocemos entre emprendedores, nos conocen los vecinos. Y es bien familiar”.

Camino por la plaza y observo lo que me es habitual, pero hay que poner en relieve. Lo que los gurises llamaron, llaman y llamarán ‘casita de los enanos’, que es el espacio donde se guardan las herramientas de mantenimiento de la plaza, con un techo apto para trepar y creerse gigante, tiene la puerta rota. La edificación que hubiera funcionado como baño está clausurada. La garita de Policía está iluminada y vacía.

Es una sensación amarga el estar en la misma plaza que jugaba de chica y verla congelada en el tiempo y, a su vez, con todo el tiempo encima haciendo su trabajo en los metales, el cemento, la madera.

La Municipalidad no llegó acá. Traté de saber si la comisión vecinal ha gestionado mejoras para el espacio común, pero no obtuve respuestas. Pregunté a vecinos, pero no tenían ese dato.

¿Cómo puede ser que un espacio familiar se haya dejado de lado tanto tiempo? ¿Por qué se levanta la bandera de los espacios verdes en la ciudad solo para algunos sectores? 

La tarde transcurre y los mosquitos invitan el retorno a casa; el pasto largo y el árbol descuajado lograron un enjambre. A pesar de ello, cuatro gurises andan en bicicleta por la plaza. Y una nena se pelea con su hermano por subir al tobogán. 

Pienso que ese tobogán hoy es un peligro, es de metal, no hay manera de frenarse al bajar y es más alto que los que hay en otras plazas. Las hamacas de hierro resisten el tiempo, aunque algunas están descolgadas de un lado. El sube y baja tiene la madera hinchada por la humedad y está completamente salido del eje. Sin embargo, cada tarde, los gurises juegan allí. 

Hasta hace unos meses la plaza tenía arena, ahora creció el pasto. “Traje la excavadora y se llevaron la arena”, se queja un nene de unos 4 años.

Es una enumeración de descuido estatal, sí. Pero también es un pedido de más tardes de mate, de juegos en condiciones, de baldosas parejas, de tardes de charlas con el canto de los loros de fondo. Por infancias que disfruten de la placita de su barrio.

Seguí leyendo

Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.


Ya soy miembro