María Ignacia Aguirre participa de La Paleta Mágica, un taller de Santa Elena único en su tipo en la región. Pincel en mano, expresa la alegrías, la costa que conoce de memoria y recuerdos que ya nadie más guarda
Por Vicente Suárez Wollert
Llega los viernes. Se coloca el delantal —manchado de colores y de ilusiones— con la misma ansiedad y la misma alegría de siempre. Luego toma el pincel. Pinta la costa que conoce de memoria, pinta recuerdos que ya nadie más guarda, pinta lo que sus ojos fueron acumulando en casi un siglo de vida. Cuando alguien se lo señala, María Ignacia Aguirre responde con naturalidad: “Tengo recién 93 años. Mientras mis manos puedan tomar un pincel, no soy vieja”
En el taller “La Paleta Mágica”, mujeres de todas las edades encuentran colores, compañía y ganas de vivir. Una alumna de 93 años pinta la costa desde la memoria. Su maestra convirtió el duelo en vocación y construyó la única propuesta de artes plásticas de su tipo en la región.
El escenario de ese ritual semanal es “La Paleta Mágica”, un taller de artes plásticas fundado en 2017. Su creadora y docente es María del Carmen Rausch, santaelenense, profesora de pintura, quien abrió las puertas mientras cursaba aún el Profesorado en el Conservatorio Mabel Blanco. Junto a su esposo trabaja también en dos agencias de tómbola locales, sustento cotidiano que hace posible la continuidad del taller y la dedicación sin fisuras que entrega a cada estudiante.
Mary llegó al arte atravesando el duelo. Como contamos en ediciones anteriores de El Telégrafo de Entre Ríos, encontró en la pintura una forma de canalizar terapéuticamente un dolor que solo comprende quien lo ha cruzado en carne propia. Lo que no imaginó es que medio centenar de infancias colmando cada rincón de su taller serían la confirmación de cada utopía que se había permitido soñar.
Entre quienes eligieron ese camino está María Ignacia Aguirre. Alumna de la Escuela N° 9, recuerda el día en que la directora la mandó llamar mientras estaba en clase: la habían elegido abanderada para el 9 de julio. Tendría unos 12 años, calcula. No tenía guardapolvo ni zapatillas —todo se lo consiguieron— y aquel momento quedó grabado como uno de los más luminosos de su vida. Décadas después, encontró en el taller de Mary algo parecido a esa misma luz.

“Los colores, los dibujos… me ponen bien. Terminás de trabajar y te queda tan hermoso. Mis nietos, allá en Buenos Aires, ya saben que vivo pintando”.
Esa convicción se traduce también en sus obras. Está por renovar una pintura de un hornero y tiene “a medio hacer” un árbol de la vida —pensó en el bordó para combinarlo con tonos anaranjados—. Le encargaron una canoa y eligió el verde claro. Al terminar cada trabajo, confiesa, piensa “salió lindo” y no se cansa de mirarlo. Pintó su primer cuadro en 2018; la semana pasada terminó esa misma canoa, trabajándola con espátula, pincel, esponja y hasta con los dedos.
La vitalidad que irradia no se detiene en el taller. Cuando alguien le pregunta de dónde saca ganas de salir y caminar, responde sin dudar: “Yo tengo ganas de andar”. Organiza cada mañana con la precisión silenciosa de quien sabe exactamente lo que necesita —la silla, el toallón grande, la ropa ordenada— y concluye, con una sonrisa: “¿Ves? Yo puedo. Siempre me gusta estar linda, ordenada, no importa que sea quizás ropita vieja”.

El camino recorrido por el taller desde aquel 2017 habla por sí solo. Las obras de Mary ilustraron las tapas de cuatro libros: “El café del después” de Alba Gamarra, “Poemas Hilvanados” y “Libro Mágico” de Mabel Genre Bert, y “Cuentos de mi pueblo” del Museo local. En 2021 protagonizó una exposición de obra propia en la Casa-Museo y Archivo Histórico. Ha participado en el Colegio San Antonio de Padua, la Escuela N° 9 “Juan Bautista Azopardo” y la exposición del Día de las Infancias, entre otras instancias.
Cada viernes, mientras los pinceles se mueven sobre el lienzo, “La Paleta Mágica” demuestra que el arte no tiene edad límite. Y que a veces, la mejor manera de seguir adelante —y de invitar a otros a hacer lo mismo— es llenar de color todo aquello que el tiempo amenaza con desvanecer. “Pintando y con buena compañía”, como añade Mary, su profesora, al cerrar la tarde.
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