Secan al pueblo para alimentar la timba y la especulación

La inflación aumenta y transfiere riquezas desde el bolsillo del trabajador, del jubilado, del comerciante y del empresario nacional a las arcas de una oligarquía financiera y terrateniente. El análisis de Carlos Ríos

Por Pablo Felizia

Con la inflación algunos pocos ganan mucho: esa oligarquía financiera y los terratenientes. Es decir, los que no producen ni generan valor alguno. En cambio, una gran mayoría pierde: los que cobran sueldos fijos, los jubilados y pensionados, las pequeñas empresas y hasta grandes industrias y los comerciantes; es decir, con la inflación pierden todos lo que dependen del mercado interno y generan las riquezas que se llevan los otros. 

 “Sabés lo que pasa, acá nadie tiene un mango para comprar. Al principio, cuando el costo de la ropa me aumentó un 10% decidí aumentar para la venta solo el 5%, es como le dicen que absorbí la mitad de ese aumento, para que no estuviera tan cara. Luego volvió a aumentar, y otra vez hice lo mismo. Bueno, ahora ya no lo puedo hacer más. El problema es que no vendo y no vendo porque no hay un mango”, dijo a El Telégrafo de Entre Ríos un gran comerciante, de una ciudad cabecera de Departamento de la provincia. No diremos su nombre ni la ubicación del local. Agregó: “Cada vez que alguien recibe dinero, piensa primero en qué comer y a veces ni siquiera les alcanza para comer bien. Todo lo demás es secundario y entonces no puedo vender. Lo veo todo el tiempo, hay veces en que vendo la mitad de lo que vendía en pandemia”.

Ante este comentario nos comunicamos con Carlos Ríos, especialista en economía y quien explicó: “El INDEC dio a conocer la inflación minorista del 3,4% para el mes de marzo marcando una tendencia: por 10 meses consecutivos se registra el crecimiento del IPC (Índice de Precios al Consumidor) o de la inflación”. Agregó que días atrás se completó la información con la inflación mayorista que el gobierno nacional creyó que iba a ser menor. La inflación mayorista se clavó, también, en un 3,4% y una parte de ella se trasladó a este mes de abril que ya termina. 

“La inflación, en primer lugar, no se trata simplemente de una tendencia generalizada de los precios a aumentar, sino una tendencia de los precios a aumentar de manera despareja”, dijo y puntualizó en esa palabra: despareja. “Pero además, en este caso, la inflación se da en el medio de un contexto de lo que se denomina estanflación en donde confluyen dos grandes problemas críticos al mismo tiempo: la recesión económica y una inflación elevada y persistente”. 

Esa explicación de Carlos Ríos, es la misma observación del comerciante entrerriano: le aumentan los costos de la ropa que tiene que vender en su comercio, absorbe una parte hasta donde puede, no le queda otra que aumentar el precio de las prendas, pero a pesar de todo no hay quien las compre: los precios aumentan pero nadie tiene un mango para comprar lo que necesita. 

“De forma muy retorcida y típico de un personaje como lo es el presidente Javier Milei, sostuvo que el aumento referido, del 3,4% mensual, no es inflación de manera estricta, sino que es un “salto en el nivel de precios” debido a un reacomodamiento de precios relativos. Lo que le faltó decir es lo esencial: ¡ese cambio, ese aumento, esa inflación es despareja! Porque tiene ganadores y perdedores. Por el contrario, la célebre frase “los salarios van por la escalera y los precios por el ascensor” pronunciada por Juan Domingo Perón a principios de los años 70 capta el fondo del problema inflacionario. Esta metáfora describe bien la esencia de la inflación, donde los precios aumentan rápidamente mientras que los sueldos, que son el precio de la fuerza de trabajo, lo hacen lentamente por la escalera produciéndose una pérdida sistemática del poder adquisitivo de los trabajadores, jubilados y otros sectores de ingresos fijos”.

Con este esquema de negocios –sería injusto llamarlo “modelo económico”– hay una transferencia de ingreso desde los sectores populares, la gran mayoría, a una minoría que se encuentra a sus anchas. “A partir de la intervención estatal sobre las negociaciones paritarias, este esquema de negocios se garantiza una diferencia entre el porcentaje de la inflación y el porcentaje de aumento de sueldo”, agregó. 

Un ejemplo: si la inflación es del 3% y el aumento de salarios intervenidos es del 1%, la diferencia mensual del 2% tiene una proyección anual del 27%. ¿Qué significa esto? Que, por cada 100 pesos de ingresos a comienzo de año, a fin de año, esos 100 van a valer, en términos del poder adquisitivo, 73 pesos. Se perdió, por tanto, un 27% al final del año.

En otras palabras: como la inflación golpea todos los meses sobre un bolsillo que ya viene flaco, ese 2% mensual de diferencia se va acumulando como una bola de nieve. Al llegar a diciembre, el trabajador perdió 27% de su poder adquisitivo con este ejemplo. 

Ríos agregó que ese porcentaje del 27% a fin de año es gradual mes a mes y para poder calcular la inflación debe buscarse el promedio que en este caso es del 13,5%. Es decir que si en el último mes del año el poder adquisitivo cayó un 27%, el promedio anual es de 13,5%. Se trata de conceptos y categorías de la economía que aquí se tratan de explicar de forma tal que aquellos que no estudiamos economía podamos entenderlos.  

“El club de los parásitos económicos lo integran dos grandes sectores. Un sector surge de la dependencia del país respecto de los imperialismos y tiene varias cabezas que realimentan la dependencia: la deuda pública, la oligarquía financiera, los que fugan divisas, los grandes monopolios imperialistas que deciden, en su área, qué se produce, bajo qué formas y cómo se distribuye lo  producido y, otra parte, el otro sector surge a partir del reinado de la oligarquía terrateniente en el campo y de su carga parasitaria que pesa sobre el conjunto de la economía: la renta terrateniente responsable de que los productos agropecuarios que consume el pueblo se encarezcan en un 30% promedio”, sostuvo. Tiempo atrás, entrevistamos a un dirigente de Federación Agraria de la provincia quien explicó que la renta, al menos en estas latitudes, representan el 40% de los que se produce: es decir, el productor paga de “alquiler” al dueño de la tierra un 40% de lo que se produce, aunque conviven diferentes modalidades y montos. Ese porcentaje encarece los productos que luego consumismo y al que se refiere Ríos. 

Es que además, el peso perdió su función como reserva de valor y el dólar lo desplazó en esa tarea al menos desde el punto de vista social. Hay una moneda que es “inestable”, que “vale poco”, que “cambia su valor”, “que no te alcanza para nada”, que “como viene se va” y es el peso que se utiliza para la circulación y el intercambio. Y hay otra moneda que sirve para atesorar, que es el dólar. 

Como el Estado dirige las negociaciones paritarias, impone ajustes inferiores a la inflación. Mientras los precios aumentan, el poder de compra se congela. En esa diferencia reside la ganancia de unos pocos. 

Existe una múltiple distribución del ingreso. El pequeño comerciante y el empresario pyme deben ajustar sus precios y renunciar a sus ganancias para evitar el hundimiento o la quiebra ante la falta de capacidad de pago de sus clientes en el mercado interno.

Ríos explicó que quienes creamos la riqueza social somos los principales perjudicados, pero también pierden los sectores intermedios. Este fenómeno provoca el cierre de empresas, tanto pymes como grandes, debido a la falta de mercado o salida para sus productos. El desarrollo solo es posible a través de una política que fomente el mercado interno.

Esa minoría absorbe riqueza sin producir. Entonces no se trata de un “salto en el nivel de precios”, sino en una transferencia de riquezas. Por un lado, se ubica esa oligarquía financiera con sus características; por el otro, los asalariados, jubilados, pequeños y medianos sectores con ingresos fijos y la industria nacional que depende del mercado interno y de medidas de protección.

El libre mercado que se pregona no es cierto: hoy el Estado interviene pero a favor de aquellos pocos. Mientras, el pueblo ve como mes a mes pierde no solo su poder de compra, sino el derecho a una vida digna.

Seguí leyendo

Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.


Ya soy miembro