La encantadora biblioteca rural en una escuela de tablas

En Estación Lazo –Departamento Gualeguay– se negaron a ver derrumbar su vieja institución educativa. Con festivales y donaciones rescataron un edificio de 112 años; naturaleza y cultura tienen casa propia

Por María Constanza Fernández Larraburu

Parece trillado decirlo, pero Estación Lazo tiene magia. Uno llega y encuentra la capillita Santa Teresita, la comisaría, el puesto sanitario, la escuela, la biblioteca rural, la estación de ferrocarril –que hoy ocupa una familia–, la oficina central de la Comuna, el Club Social y Deportivo Honor y Patria y el salón de usos múltiples, donde una mañana de sábado ocho bailarinas de folklore ensayan sus chacareras con la profesora Mariela Magallán.

Es todo lindo en Lazo, cuidado y conservado en el tiempo, pero con la impronta de la actualidad. Allí llegamos con la secretaria de la Comuna, Isabel Peralta Rodríguez, que le cuenta a El Telégrafo de Entre Ríos cada detalle de la historia de la Biblioteca Rural Cristina Walter de Saizar.

“Esta escuela se encontraba con peligro de derrumbe y cuando estaba mi esposo como presidente de la Junta de Gobierno veíamos que podía ser el fin, entonces se trató de armar una comisión por fuera de la Junta, con vecinos y exalumnos, para ponernos en campaña y recaudar fondos para restaurarla”.

Enseguida, Isabel agrega: “Fue así que se comenzó a hacer un festival por año y para la primera fiesta se recaudó bastante gracias a las donaciones de los vecinos de acá de la zona y de alrededores que donaban vaquillas y dinero. Así se pudo armar el evento, porque lleva mucho gasto organizarlo. Con las ganancias se empezó a invertir, se cambiaron las veredas, las columnas de la galería y se pudo enderezar la escuela, porque ya estaba bastante inclinada. Quedó un fondo para poder organizar el segundo espectáculo y la mayor parte de la ganancia quedó para la escuela. Se continuó invirtiendo, se pudo pintar porque también recibimos donación de pintura y fueron tres años consecutivos que se hicieron esos eventos”.

Ubicada a unos 30 kilómetros al noroeste de la cabecera del Departamento Gualeguay, Estación Lazo tiene dos de las cosas más maravillosas de este mundo: naturaleza y cultura, las dos unidas gracias a la iniciativa de ese grupo de vecinos que decidieron que la antigua escuela de tablas, con 112 años de historia, debía mantenerse en pie. Esa fue la idea principal, que luego devino en la actual Biblioteca Rural.
Fue inaugurada formalmente en diciembre de 2025 y hoy está llena de libros, muchos donados por el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), a través de un programa que implementó el organismo. Otros llegaron de la mano de entusiastas lectores y escritores, como Roberto Romani, que se vieron involucrados con la propuesta.

“Para hacer este reciclaje se pidió autorización, porque esto pertenece al Consejo General de Educación y a través de la Departamental de Escuelas, con su directora Marina Virué, se logró la custodia de la escuela”, recuerda Isabel, mientras señala que “la Comisión organizaba todas las fiestas para recaudar y ahora se disuelve, ya llegamos a un acuerdo y se le entrega todo a la Comuna, que ahora puede realizar eventos, porque como Junta de Gobierno no podía. Ahora tal vez tengamos la suerte de que nos coloquen el cielorraso”.

Más adelante, la secretaria comunal indica que la Escuela “fue construida con maderas traídas en bloques de Estados Unidos, es pino canadiense que vino en barco hasta el Puerto de Buenos Aires y de Buenos Aires hasta acá en tren. El verde con el que fue pintada es el color original y trató de respetarse. Era un aula grande que estaba dividida y en un sector funcionó el jardín de infantes”.

Restaurada y bella Biblioteca Rural Cristina Walter de Saizar

“Una vez que la Escuela N° 16 Comandante Pedro Reynoso pasó a la construcción nueva de material –explica– acá quedó abandonado y Cristina Walter, que por eso lleva el nombre la Biblioteca, en homenaje a la única de las damas de aquella época que vive, armó el primer jardín de infantes. Después también montaron el centro de salud, que llegó a ser muy importante el vacunatorio porque ellos pedían colaboración al hospital San Antonio de Gualeguay y al Perú de Galarza. Luego cada uno de estos organismos tuvo su edificio propio, la Sala de Primeros Auxilios, que se llama Santa Teresita, y el jardín de infantes que se adhirió a la Escuela”.

–Al segundo sector todavía no le tienen destinado un uso…

–No, tenemos depósito por el momento, pero está en condiciones y muchas de las tablas que había para división se usaron para restaurar la pared de afuera. Mucha madera la cepilló un carpintero, Villabona de apellido, que es exalumno de la escuela, por lo que se le pudo dar utilidad a ese material.
Si bien la actividad todavía no logra comenzar completamente, sí se empiezan a ordenar los libros, se mantiene limpio el lugar y se piensa en qué donaciones recibir, porque se preguntan cuáles son los intereses literarios de la comunidad de Estación Lazo.

Un gran paso

En medio de festivales y restauración, el poblado tuvo otra noticia positiva: pasó de ser Junta de Gobierno a Comuna, lo que la recategoriza y le da un mayor ingreso de fondos por parte de la Provincia. Sin embargo, todavía están a la espera del dinero, lo que ha impedido que la Comuna pueda resolver algunas cuestiones de la cotidianeidad y de los gastos mensuales, que incluirán el salario de una persona que pueda estar diariamente en la Biblioteca y abrirla en horarios establecidos para atraer a más gente.
“Tenemos un hermoso patrimonio que se pudo rescatar y salvar a tiempo, antes de que se derrumbara.

Previo a su restauración, estaba en “peligro de derrumbe”

Una escuela que fue muy importante en la zona y llegó a tener más de 100 alumnos. No han quedado demasiados vecinos de aquel entonces ni exalumnos, muchos no viven siquiera en Entre Ríos, pero la gente de afuera se suma y colabora. En mi caso lo hago con amor y voluntad, porque creo que esto reflotó la historia de Estación Lazo, que tuvo su fulgor con el tren que llevaba toda la producción hasta Puerto Ruiz y desde ahí se traía todo lo que no había en el pueblo”.

Se acerca la noche y las luces verdes, a tono con el color de la construcción, le dan calidez al lugar. Naturaleza y cultura son una sola cosa en este rincón de Entre Ríos que encanta a quien lo visite.

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