Perla Cabrera Dumé presentará Cicatrices que respiran (Ana Editorial). Un recorrido por las experiencias, las pérdidas y las fortalezas de una mujer que encontró en las palabras una herramienta y un refugio
La escritura suele aparecer cuando el silencio ya no es una opción, cuando las vivencias acumuladas exigen un canal para transformarse. Perla Cabrera Dumé nació en Paraná y su recorrido laboral y personal transitó por oficios diversos: enseñó caligrafía, catequesis y fue estilista durante muchos años. Encontró en el canto y en el teatro sus primeros refugios de expresión, hasta que decidió volcarse al camino de las terapias. Ahora, suma una nueva faceta con la publicación de su primer libro, Cicatrices que respiran, bajo el sello Ana Editorial.
La obra se planta desde la experiencia propia con la firme convicción de que la palabra compartida posee la capacidad de acompañar a otros en sus propios procesos de cambio. La oportunidad para conocer la obra y dialogar con la autora será el próximo 26 de junio, a las 18.30, en la Biblioteca Provincial de Entre Ríos.
“Es la historia de una mujer llamada Perla, que decidió utilizar la escritura como una herramienta para compartir su vida”, define la propia autora al ser consultada sobre el motor de este trabajo al semanario El Telégrafo de Entre Ríos. A través de las páginas, el texto hilvana relatos, emociones y aprendizajes que marcaron su biografía, mostrando cómo la escritura puede convertirse en un medio de reflexión.
El proceso de creación no estuvo exento de dificultades; implicó una interpelación personal y profunda. “Encontré en la escritura un refugio, pero también un espejo. Cada página me invitó a detenerme y a mirar de frente aquello que tantas veces había intentado evitar: a reconocer mis dolores, mis miedos, mis pérdidas y también mis fortalezas”, explica Cabrera Dumé. El ejercicio demandó revisar la memoria: “Escribir no fue fácil; significó revivir emociones, enfrentar recuerdos y abrir puertas que habían permanecido cerradas durante mucho tiempo”.

Lejos de una mera exposición, la decisión de publicar responde a un conjunto de necesidades. La autora sostiene: “Fue un acto de valentía y de amor hacia mí misma. Creí profundamente que poner mi historia en palabras podía convertirse en una oportunidad para sanar. Porque cuando el dolor encuentra una voz, deja de ser una carga silenciosa y comienza a transformarse en aprendizaje, comprensión y crecimiento”.
El libro se presenta como una invitación abierta. Al indagar sobre las razones para leer la obra, Cabrera Dumé reflexiona: “Porque más allá de ser mi historia, también habla de emociones, heridas, miedos y procesos que muchas personas han vivido en silencio. Es un viaje de dolor, aprendizaje, fortaleza y sanación”.
La expectativa de la escritora no radica en establecer verdades absolutas ni guías de conducta, sino en la posibilidad del encuentro con el lector. “Quizás en alguna de sus páginas encuentren un reflejo de sus propias historias, una emoción que creían olvidada o las palabras que necesitaban leer en un momento determinado. No escribí este libro para dar respuestas, sino para compartir una experiencia real con sus luces y sombras, y demostrar que incluso las heridas más profundas pueden transformarse en fuerza”, concluye la autora.
En la contratapa del libro se lee:
Este libro no nació de una idea brillante. Nació de una necesidad. Nació el día que entendí que ya no podía seguir cargando historias que todavía me apretaban el pecho. Que había recuerdos que pedían ser mirados de frente, situaciones que necesitaban un cierre, heridas que pedían aire. Y comprendí que era hora de hacerse cargo. Hora de soltar.
Empecé a querer escribir porque necesitaba encontrarme conmigo. Porque había partes de mi historia que aún me tenían atada, y escribir fue la manera más honesta que encontré para desatar esos nudos. Este libro es, antes que nada, un acto de amor propio. Un espacio donde me permití volver atrás sin miedo, abrazar a la mujer que fui y reconciliarme con cada versión de mí.
No lo escribí para enseñar. No lo escribí para convencer. Lo escribí para sanar. Para dar fin a lo que dolía y abrirle la puerta a la paz que tanto busqué.
Si en estas páginas alguien encuentra un espejo, un abrazo o una pequeña luz en medio de su propia oscuridad, entonces bienvenida sea esa coincidencia del alma. Pero este camino empezó por mí. Porque cuando una cicatriz respira, deja de ser herida y se convierte en memoria sanada. Y esta es la mía.

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