Eugenio Ojeda, ingeniero agrónomo y productor, analiza la actividad familiar: escasez de campos frente a los pools, suba de insumos por la guerra y una carga impositiva y de retenciones que reduce los márgenes
Por María Constanza Fernández Larraburu
En la zona rural del departamento Gualeguay, el ingeniero agrónomo Eugenio Ojeda (37) trabaja a destajo por estos días. Es tiempo de siembra y a sus propias plantaciones debe sumarle el asesoramiento que brinda a otros productores y la colaboración que siempre presta a su padre, de quien heredó el amor por la tierra, el campo y la vida agraria.
De acuerdo a sus propias referencias, Eugenio integra el grupo de pequeños productores agrícolas, que plantan hasta unas 100 hectáreas, mientras que su padre ya es parte de los medianos, que siembran hasta mil. A esto suman la ganadería familiar, de la que generalmente se encarga su hermano, médico veterinario.
Los Ojeda no son propietarios de toda la tierra que trabajan, la arriendan a vecinos que tienen superficies que no tientan a los grandes pools de siembra, que buscan miles y miles de hectáreas. “La parte que era de mi abuelo, mi papá la tiene con animales, pero casi te diría que el 80, 90 por ciento del campo es arrendado”, señala Eugenio.
—¿Es fácil conseguir campos para arrendar?
—No, la verdad que no, está medio complicado. Generalmente, acá en la zona hay muchos pools de siembra, los llamados pools de siembra de antes, que son empresas que vienen y arriendan mucha superficie. Por ahí el productor chico o mediano no busca grandes superficies, pero generalmente le sacan a algún productor un poco más grande y el productor ese tiene que ir a buscar a otro lado, entonces empieza a perjudicar un poco al menor.
—¿Cuál es la realidad de ustedes por estos días? ¿Qué están sembrando?
—Yo hice un poco de colza, más que nada porque el trigo con el tema de la guerra y todo se encareció la materia prima, el fertilizante, y ya venía con unos márgenes muy elevados en las campañas anteriores. Lo ayudaba mucho el tema del clima, estos últimos años venía un clima bueno para el trigo, entonces ese piso que vos precisás para pagar todo el costo que te lleva, siempre lo estabas compensando con rindes, porque venían años buenos, tenía unos trigos de 4.000 hasta 5.000 kilos y el margen te daba, pero no es la realidad del promedio. Este año, con el tema de la guerra, la urea, que es uno de los fertilizantes nitrogenados que necesita el trigo se fue de 540 dólares cada tonelada a casi 1.000 y tenés que tener un año muy bueno para salvar eso.

Ante el contexto, el productor explica que se busca “diversificar un poco. En mi caso, sembré colza, que también demanda nitrógeno, urea, todo eso, pero en menos cantidad, y al analizar los números, porque el costo que vos tenías con una colza de un rendimiento en diferencia, que se llama al rendimiento por el cual pagás los costos, era más fácil de sacar que con el trigo”.
“Ya se venía haciendo; acá la Cooperativa, en la zona de General Galarza, son los que más están con el tema colza, vienen y asesoran a productores. Hace varios años que se viene sembrando, no en tanta cantidad, pero siempre se diversifica con el trigo y creo que este año con los costos de trigo se aumentó bastante la superficie de colza”, indica Eugenio, al tiempo que destaca que con la oferta y la demanda “ya pinta que no se va a sembrar mucho trigo y, obviamente, el precio va a ir aumentando. Ya están dando valores a diciembre en alza y al aumentar el precio te va a ir bajando un poco ese costo que tenés, el rendimiento de diferencia. Trigo van a hacer igual, no sé si la misma cantidad, o van a hacer un poco más de maíz. El riesgo está en el tema de la guerra, que suban los insumos”.
—En tu caso, ¿tenés a quién vender la producción? ¿Entra fácil en el mercado o es algo que también se puede complicar?
—Hay gente que lo trabaja medio directo con alguien, porque generalmente a la colza la usan para biocombustible. Mi viejo, cuando sembró hace dos años lo negociamos acá con la Cooperativa La Protectora de General Galarza, que tienen acopio y después en algún momento se vende eso, pero lo manejamos con ellos.
—¿Cómo están con el tema impositivo? Finalmente, de la producción, ¿con cuánto se quedan?
—Lo que te queda, más o menos, de bolsillo, será un 10 o un 15 por ciento. Depende de cómo venga el año y todo, pero la carga impositiva en todo es elevada, en los combustibles, Ganancias, IVA, Impuesto al Cheque, la transferencia, todos impuestos que te van achicando los márgenes cada vez más. Todo esto que estoy diciendo, esos valores que te paso de rendimiento en diferencia es el bruto. Un ejemplo, tenés el rendimiento en diferencia de 4.300 kilos y sacás 4.400 por hectárea, esos 100 kilos que vos pensás es ganancia tenés que ir restándole, hacer Ganancias, todo lo facturado, IVA, la parte del contador. Hay un montón de cosas que achican todavía más el margen.
—¿Soja no hacés?
—Soja de primera no, siempre hago trigo-soja, maíz o avena. Mi papá sí, siempre la rotación la hacemos de soja de primera, pero soja siempre, si es sobre trigo es soja, y si viene por rotación, soja de primera.
—¿Cómo trabaja el productor? Porque esta nota se desarrolla en pleno domingo cuando estás en el campo…
—Son épocas puntuales, ahora porque estamos en momento de siembra. Aparte asesoro también a algunos productores junto con un colega de Gualeguay, es decir, tengo otro trabajo por fuera de lo que es mi familia y la empresa, por mi profesión. Me lleva bastante a veces, pero son fechas clave, como es ahora, la cosecha, la siembra de maíz, la siembra de soja en su momento. De todas maneras, a veces andás mucho, fin de semana, varias horas al día, pero en el caso mío si llueve mucho estoy en mi casa tres o cuatro días, haciendo cosas de oficina, que llevan mucho tiempo también.

—Me decías que estudiaste agronomía en Santa Fe. Al ejercer y con tu vida de hoy, ¿encontraste finalmente lo que buscabas en este trabajo?
—Sí, la verdad que sí. Me gusta, no te puedo decir que no me canso por ahí, hay veces que estás todo el día al rayo del sol o con frío, cosas que normalmente pasan, pero la verdad que no lo cambio. También hay veces que tiene cosas malas y depende de muchas cosas externas, como el clima, que frustran un poco, pero la verdad es que hay que seguir aportando.
—Justamente sobre el clima, ¿cómo viene este año?
—La campaña que pasó estuvo bien para el trigo, en algunas zonas el maíz se complicó, para la soja faltó el agua y rindieron muy poco, algunos lotes puntuales anduvieron bastante bien, pero fue malo para la parte gruesa de la soja. Con las famosas tormentas de verano tal vez a 10 kilómetros llueve 50 milímetros y ahí no llueve nada, pero la verdad es que vino medio complicado para la cosecha de soja, el cultivo la ligó bastante con la seca.
—¿Y las previsiones para lo que queda de 2026?
—Por lo que venimos viendo en los panoramas climáticos, que es una de las partes principales que tenemos que ir mirando, dan un año bastante bien, más llovedor que seco. Dan un año Niño, que le dicen cuando viene medio llovedor, en cambio un año Niña es cuando va a venir seco. Obviamente, eso después va cambiando, puede ser llovedor un mes o en dos meses te llovió lo que tenía que llover en cinco meses y después se cortó y no llovió. El clima está bastante cambiado con respecto a lo que se manejaba antes con la teoría de la fecha de siembra. Cada cultivo tiene una fecha óptima, dependiendo de la zona, donde las condiciones te caen adecuadas para el cultivo, pero creo que ahora eso ha cambiado un montón, las fechas óptimas de siembra de hace unos años hoy no se terminan en tiempo.
—¿Cómo viene la ganadería?
—Creo que ahora la ganadería está bastante bien posicionada por el tema del precio, pero es para el que vino aguantando, que tiene bastante y hoy está viendo los frutos, porque distinto es el que quiere entrar al negocio de la ganadería ahora, porque si quiere entrar con una vaca o con un ternero de invernada, algo de eso, está caro comprarlo. Por ejemplo, en el caso de un ternero de invernada lo estás comprando caro ahora y cuando lo vas a vender gordo no sabés qué va a pasar, por ahí baja el precio de golpe y salís perdiendo plata.
—En relación con toda la producción agrícola y ganadera, ¿qué tendría que mejorar y qué tendría que cambiar para estar más tranquilos?
—Creo que ir bajando el tema impositivo, el tema de las retenciones, que ahora están por bajar un dos por ciento, en la soja más que nada y en maíz crudo también. Eso es lo que necesitamos, porque ese fue el impuesto que se puso en su momento y la verdad que es medio injusto, porque te sacan el 32 por ciento de la producción. El Estado es socio tuyo en las buenas, pero cuando te va mal no te acompaña nadie. Hay que bajar eso y que te den un poco más de margen, porque si tenés un año completo bueno tenés que ver cuánto venís mal para atrás o cuánto puede venir mal para adelante.
“Hubo —expresa— unas políticas de bajar las retenciones que duró un mes y después por cumplimiento de límite creo que bajaron a cero durante tres días el año pasado, que daban una perspectiva favorable a futuro, pero esos beneficios los termina aprovechando siempre el productor grande, porque tiene soja guardada. La realidad es que un productor chico, mediano, no guarda cereal, guarda muy poco o lo tiene que vender para pagar los insumos, renovar los equipos y pagar las cuotas de las sembradoras”.
Al respecto, el productor da cuenta que esos beneficios redundan en aquellos que “vienen con alguna cosecha guardada, cosechas de años anteriores que la tienen guardada, te la sacan a cero y vendés, pero el productor chico, para cuando salen esos beneficios, soja le queda muy poca o no le queda”.
—¿Ustedes esperan retención cero?
—No sé si cero, pero que por lo menos baje bastante, porque eso es lo que más te perjudica. Bajando la mitad, un ejemplo que te digo, gradual, ya te queda otro margen.
—¿Creés en la posibilidad de la existencia de un Consejo Nacional de Granos?
—No creo que se forme, pero si fuera el caso, estaría bueno.
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