La 4º Feria del Libro Escolar Rural reunió a unas 10 escuelas del Departamento Diamante. Alumnos y educadores demostraron que la cultura entrerriana es un lazo que une y sostiene el encuentro y el arraigo
Por Pablo Felizia
“Hace 27 años que estoy en el medio rural y creo que todos los días, cuando izamos la Bandera y enseñamos algo nuevo a nuestros alumnos, estamos haciendo Patria”, dijo Marcia Coppini, directora de la Escuela Nº 17 Domingo Faustino Sarmiento del Distrito Doll, Departamento Diamante. Los niños corrían, jugaban con una pelota que pateaban para todos lados, a lo lejos solo había campo y el dibujo del arroyo, límite con el Departamento Victoria. El momento de la merienda terminaba, ya habían tomado la leche y repartido facturas y tortas. Debían retomar las actividades y en lo alto algunas nubes, débiles todavía, anticipaban la tormenta.
La escuela de la que Marcia Coppini es directora está muy cerca, solo algunos kilómetros, de la Nº 34 Juan José Paso. El director –y docente único– de esta institución es Alejandro Acosta y fue allí donde se llevó adelante la 4º Feria del Libro Escolar Rural, una iniciativa que requirió del esfuerzo de numerosas personas, referentes culturales, docentes y directivos, familias del campo, autoridades. Había un objetivo claro: que los niños de las escuelas de la zona pudieran conocer los libros de los autores entrerrianos y participaran de un conjunto de actividades culturales y artísticas. Pero había otro objetivo, que brotaba por todos lados: que los niños se pudieran encontrar, que compartieran y charlaran, que jugaran a la pelota, dibujaran, leyeran, bailaran chamarritas y tomaran la merienda en largas mesas en el patio.
Algunas de las escuelas tienen muy pocos alumnos, poder encontrarse con otros niños y compartir, forma parte del aprendizaje.

El docente Alejandro Acosta dijo a El Telégrafo de Entre Ríos: “Esta actividad es muy importante para la zona rural; siempre decimos que los docentes rurales necesitamos juntarnos, no solo para fortalecernos entre nosotros, sino que además la mayoría de las escuelas tienen pocos alumnos y es muy bueno para ellos que puedan socializar. Una feria del libro en la ruralidad no es común, para nada. Y este año se ha declarado de Interés Educativo Departamental por la Dirección Departamental de Escuelas, y ayuda a incentivar a los docentes que van a tener su puntaje por venir y acompañar”.

Desde el aspecto pedagógico, Acosta señaló la necesidad de que fueran creados cargos en áreas específicas como música, tecnología, arte y educación física. “En nuestra escuela solo tenemos un área de música. Que se creen ese tipo de cargos, aunque sean itinerantes, es necesario para que la educación sea igualitaria en la ciudad y en el campo”. El docente destacó el papel de la comuna que es cercana y ayuda: mantiene el pasto corto de la escuela y le pagan a una persona que limpia las instalaciones cada tanto.
“Los chicos están cinco horas con un solo docente y a veces se vuelve pesado para ellos. En nuestra formación nos capacitamos en áreas especiales, pero no es lo mismo que tener un docente exclusivo en música o en educación física. Tenemos dos estudiantes por ahora, pero el año que viene se van a ir sumando; sabemos que hay chiquitos en la zona y los esperamos”, destacó.
Marcia Coppini, como otros docentes presentes, hablaron también de la secundaria Agrotécnica Nº 153 Horacio Mann. Se trata de instituciones educativas que cumplen, además del aspecto pedagógico, una función social clave: el arraigo de esos niños y jóvenes al campo, a su zona, a su región. “La secundaria fue el sueño de otros docentes anteriores y qué mejor que una escuela agrotécnica para la zona, para que el niño no tenga que emigrar de su casa. Esos chicos están todo el día en la escuela agrotécnica y vuelven en el transporte a su hogar”, dijo Coppini. Visto desde la ciudad parece algo simple y obvio pero no lo es. Porque las distancias y las posibilidades en la zona rural son distintas. Si esa escuela secundaria no estuviera, los jóvenes ya desde muy pequeños deberían irse a las ciudades vecinas durante toda la semana para poder asistir a la escuela y solo compartirían con sus padres sábados y domingos.
“La mayoría de sus padres son trabajadores de campo, productores de la zona, empleados, ladrilleros. Tenemos un contexto sociocultural diverso y en la agrotécnica, al ser la única, no solo asisten los chicos de la zona, no solo del Distrito Isletas, sino también de Costa Grande, Chilcas, Ramírez, Diamante. Ellos confluyen en esa escuela. Tienen su transporte escolar que los trae y los busca”, agregó.
En Isletas –cercano a donde se desarrolló la actividad– viven unas 480 personas, los últimos datos oficiales indican un total de 197 viviendas. El trabajo principal es en el campo. Es la producción agropecuaria con campos propios y arrendados, es la ganadería y el tambo, pero también el desarrollo de granjas. Cuentan los que saben que los viejos productores de todas esas tierras fallecieron y los herederos comenzaron la división de los campos. Entonces los hermanos se dividieron las tierras y algunos vendieron sus partes a otros; de esta manera, varios se marcharon de la zona hacia las ciudades más cercanas mientras que otras familias permanecieron y se afianzaron. Por eso también aparece en la boca de casi todos la necesidad de sostener el arraigo de las familias, de los niños y los jóvenes en la zona. De allí surge la importancia que los docentes otorgan a las escuelas primarias y a la secundaria.
Diana Ramírez es directora de la Escuela Nº 33 de Isletas Norte. Es docente alberdina. “Para mí es un orgullo y una gran emoción. La escuela rural es un mundo maravilloso con enormes sacrificios que no se ven”.
Centinelas de la cultura
Víctor Acosta es músico, uno de los fundadores de Las Voces de Montiel y es escritor. Su última obra publicada es El entrerriano Borges. El padre de Jorge Luis. El libro lleva el sello de Ana Editorial. Rosario Crick Chort es una destacada docente rural, impulsora cultural y gestora patrimonial de Diamante. Son promotores y fundadores de la Feria del Libro Escolar Rural. Lo hacen a través de una organización cultural que denominaron Apité, que en Chaná quiere decir centinela. “Somos centinelas de la cultura”, dijo Víctor Acosta y agregó: “Los pueblos y ciudades tienen ferias del libro, pero las escuelas de campo no tienen. No conocemos en otros lugares una feria rural”.

La feria contó con los libros de Ana Editorial. El sello presentó sus últimas obras y organizó una muestra con textos para niños en sus distintas edades y para los adultos. El objetivo fue que los chicos pudieran tomar un libro y charlar sobre ellos, los autores entrerrianos y la lectura. Durante la feria, además, había varios talleres: enseñanza de la danza de la chamarrita, relatos orales de cuentos, manualidades y artes plásticas y hasta un taller de identidad entrerriana.
Jackeline Merlo es profesora de Lengua y Literatura en la escuela agrotécnica. Su trabajo en el aula se notaba en los conocimientos y las intervenciones de los estudiantes cuando hablaban de libros y de lecturas. Dijo: “Hay pluralidad de emociones. En cuanto a la literatura, la encontramos en todas partes, en todos lados, en todas las disciplinas. Lo importante es que ellos puedan encontrar un lugar de reflexión, de encuentro, que puedan compartir sus vivencias, lo que saben, lo que les duele, lo que los hace felices. La literatura los atraviesa; esa es la vida misma, son las narraciones que hacemos todos los días”.
Durante la feria estuvo presente la diputada Silvina Decco quien dejó unas palabras y acercó una declaración de interés de la actividad.

Lucas Eichmann es el presidente de la comuna de Isletas. Dijo: “Esta actividad reúne a todas las escuelas de esta zona en un trabajo cultural importante con gran identidad. Desde nuestro lugar acompañamos estas iniciativas que mucho aportan y suman para la integración de la comunidad, para el trabajo de los docentes acompañados de las familias y, principalmente, para los chicos”.

Sandra Gareis tiene un trabajo pedagógico muy importante: es la supervisora de la Zona A del Departamento Diamante. “Hay entre 11 y 12 escuelas compartiendo la feria. Una propuesta interesante para brindarles una oportunidad distinta a los niños de las escuelas rurales. En el Plan Provincial de Alfabetización, donde tenemos un programa específico para que los chicos lean, aprendan a leer y disfruten de la lectura, es una oportunidad de poder estar con la editorial que se hizo presente y que puedan ver los materiales. También hay distintos talleres para que puedan conocer la cultura, el baile y la danza; una jornada de encuentro, de compartir, de disfrutar y de despertar en esos chicos el placer de la lectura”.

Para poder llevar adelante esta actividad, la cantidad de personas que debieron intervenir es considerable. Porque además de los entrevistados para esta nota, estuvieron presentes los demás docentes y directivos de las escuelas y las familias que participaron y acompañaron.

Todo estuvo puesto para los chicos de las escuelas rurales del Departamento Diamante. Fue durante la mañana del martes y cuando llegaron los mensajes que advertían la caída de las primeras gotas de lluvias en Isletas, rápido, cada delegación emprendió la retirada.
La Bandera de Belgrano que había sido izada bien temprano fue arriada por un estudiante de cada una de las escuelas presentes. Y tras ese acto simple y lleno de amor, luego de juntar los libros y minutos después de la partida de los vehículos, sobrevino el silencio. Entre los árboles, el camino rural de tierra húmeda y los arroyos que unen, quedaban como en eco las palabras de Marcia Coppini: “Creo que todos los días, cuando izamos la Bandera y enseñamos algo nuevo a nuestros alumnos, estamos haciendo Patria”.

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