El INTA en peligro: un golpe a la soberanía

El testimonio del ingeniero agrónomo Ernesto Massa expone el vaciamiento de los equipos científicos. Un riesgo latente

Por Pablo Felizia

En el mapa de la soberanía nacional, existen instituciones que hunden sus raíces en el territorio profundo. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es una de las palancas que ha construido nuestro país para que la ciencia, la producción y el cuidado de la naturaleza no queden reducidos al interés de una corporación o al arbitrio de una pizarra de precios en el extranjero. Solo hace falta conversar un rato con Ernesto Massa, ingeniero agrónomo formado en las aulas de la universidad pública y especializado en la complejidad de los humedales del río Paraná, para comprender de inmediato lo que está en juego bajo el gobierno del presidente Javier Milei. 

No asistimos a una simple reestructuración administrativa, sino a un proceso de vaciamiento y desmantelamiento de los equipos científicos; un achicamiento operado a través de retiros voluntarios que busca quebrar los saberes colectivos y estratégicos. Lo que se retira del territorio no son solo técnicos, es la presencia misma del Estado allí donde el mercado solo ve una oportunidad de descarte.

Ernesto Massa se recibió en 2004 en la Universidad Nacional del Litoral. Trabajó un par de años en la actividad privada, pero no se sentía del todo cómodo. La búsqueda por aprender y aportar a las necesidades de la sociedad, la manera de entender la naturaleza para aplicar ese conocimiento a la producción, no terminaba en la marca de un producto.

La oportunidad llegó de la mano de la ganadería de isla y de los humedales. “No tuve esa formación en la facultad agraria. Entonces, el INTA me formó, me dio la posibilidad de hacer un posgrado y trabajar con relación a la ganadería de los humedales y la vegetación nativa de las islas, del río Paraná”, dijo Massa a El Telégrafo de Entre Ríos. Desde 2007 trabaja en el INTA Paraná y hoy vive en Oro Verde.

Los partes oficiales configuran una radiografía de la soberanía científico-productiva en la región: la Estación Experimental Agropecuaria Paraná, donde Massa desenvuelve su tarea, despliega su zona de influencia sobre una geografía de más de 3 millones de hectáreas que abraza a los departamentos Paraná, La Paz, Diamante, Victoria, Gualeguay y Nogoyá. Es un engranaje estratégico que cuenta con un campo experimental de 300 hectáreas, laboratorios de física y química entre otros. Desde allí se coordinan las líneas fundamentales del desarrollo entrerriano: el manejo de suelos y cultivos, el control de la erosión hídrica, la gestión ambiental de aguas subterráneas y el mejoramiento genético de trigo, lino, colza y soja. Es la transferencia directa del conocimiento para garantizar el desarrollo sostenible del sector agroalimentario ante los vaivenes climáticos y económicos. Todo este andamiaje, acumulado durante décadas de inversión pública, es lo que hoy se encuentra en riesgo.

 “Trabajo en una oficina y una o dos veces por semana tengo que salir al campo que en mi caso son las islas del delta o del río Paraná, dependiendo de la zona”, explicó.

Massa habló con preocupación de las políticas por las que atraviesa la cuenca fluvial ante la privatización y el dragado del río Paraná. Es que para el especialista, la ganadería de islas no se puede escindir de su entorno natural.

Pero hoy, el INTA es objeto de medidas que buscan achicarlo. “El INTA está siendo objeto de un achicamiento por parte del gobierno actual, como gran parte de las instituciones del Estado. La manera de ejecutarlo es a través de retiros voluntarios. Cuando asumió este gobierno hubo un retiro en 2024 y ahora hay uno nuevo que vence mañana y es para aquellos trabajadores que quieran adherirse”, explicó. Estima que al momento de la entrevista ya había unas 420 personas en el país que iban a dejar el INTA; hubo cerca de 600 en el primero.

El problema es mucho más profundo: “Es una manera también de entorpecer o romper grupos de trabajo que lleva mucho tiempo poder armarlos”. Hay científicos que han sido enviadas por la misma institución a estudiar, que se les ha pagado posgrados para que conozcan de algunas temáticas en particular. “La ciencia siempre ha sido compleja y abordar una temática va más allá del nivel individual; se necesitan grupos de trabajo que se van especializando”. Por ejemplo, hay quienes trabajan en lechería, muy importante en la zona de Paraná y los departamentos Diamante y Nogoyá y abordan la cadena productiva y un conjunto de aspectos en donde  si se retiran una o dos personas, ese trabajo se verá empobrecido.

“Van a empezar a faltar estas piezas en el territorio”, dijo Massa. El INTA también aglutina a los productores, les da un lugar, los escucha, busca soluciones y las comparte. “Achicar el INTA es una pérdida de soberanía concreta, además de pérdida laboral”. 

Además, en el último período, se dispuso el cierre de programas como el Prohuerta o Cambio Rural.

Delegar líneas de investigación de forma exclusiva al sector privado implica un cambio estructural: “Siempre, cuando desaparece el Estado empieza a aparecer el mercado. Y hay muchos productores que dejarán de poder acceder”.

Es difícil saber hasta qué punto es necesario aclararlo, pero quienes trabajan en el INTA no son vagos ni ñoquis, no son los que “viven con la nuestra”; sí saben lo que tienen que hacer. Cualquier productor agropecuario que haya tenido vínculo con el INTA puede dar cuenta de ello. Tienen sueldos promedios que rondan el millón y medio de pesos, hay quienes cobran 800.000 pesos por mes y son especialistas y necesarios en sus equipos de investigación. Con su trabajo diario, aportan a la Patria y a la soberanía.

“Soy egresado en la universidad pública y si defiendo al INTA y la soberanía, debo defender a la universidad pública y no tengo ningún empacho en decirlo. Me parece que es lo mínimo que puedo hacer como ciudadano porque yo en ninguna universidad privada hubiera podido estudiar y entonces de alguna manera estoy eternamente agradecido. Y trato de seguir colaborando porque todavía se generan profesionales de excelencia comprometidos que quieren que persistan estas instituciones”, expresó el ingeniero.

Massa planteó que la implementación de los retiros voluntarios derivará en oficinas vacías, lo que abrirá una nueva etapa marcada en la justificación del mantenimiento de la infraestructura existente. De este modo, lo que avanza es el achique y el cierre.

La discusión no se agota en las estadísticas de una planta de personal o en el presupuesto a un laboratorio. El desmantelamiento del INTA golpea el corazón estratégico de la provincia y del país, entregando el conocimiento acumulado y los recursos naturales al arbitrio exclusivo del interés comercial y que muchas veces ni siquiera son nacionales. Defender la permanencia de la ciencia pública en el territorio, el desarrollo de semillas con identidad propia y la presencia de técnicos en cada región productiva es defender la autonomía de la Patria y su capacidad para decidir su propio destino.

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