Por María Constanza Fernández Larraburu
Los músicos del folklore no escapan a la crisis que atraviesa el país y desde El Telégrafo de Entre Ríos consultamos a ocho artistas de la provincia, de la vecina Santa Fe y de Buenos Aires. Les preguntamos sobre sus contrataciones o presentaciones autogestivas. Cantores populares, chamameceros, consolidados en el ambiente folklórico argentino, jóvenes y no tanto, ninguno escapa a la realidad y nos cuentan cómo llegan a los escenarios y a fin de mes.
Carlos Ramón Fernández (Saladillo, Buenos Aires)

El Chacarero Cantor sabe que es tiempo en el que “se regatea el precio mucho más”, pero también que selecciona los escenarios a los que subir. “Fin de semana voy a La Pampa, a Telén, y sábado y domingo a Rolón. Sigo trabajando bastante bien, no tanto como antes, pasa que tengo 70 años, tampoco quiero trabajar tanto, los viajes me cansan mucho, pero sí es un momento duro, las cosas están muy cambiantes, los precios, qué sé yo, uno no entiende nada”.
“Ahora vino a mi pueblo un supermercado chino y las cosas valen un 50% de lo que valen en los demás negocios, entonces no entendemos el por qué, si es para hacer publicidad porque tiene mucha plata o qué pasa. Yo con 70 años tengo que seguir trabajando, estoy jubilado, pero la jubilación no sirve para nada. Es para salir una noche con la señora y el hijo a cenar y se termina. Es muy triste jugar con los abuelos”.
“No hablo mucho en las radios, pero había salido José Pepe Larralde en Radio Rivadavia, con Pizarro en la madrugada, y estaba muy enojado con el presidente. Yo no me puedo enojar con ninguno. Mire, que a mí me cerraron teatros por cantar Que te ha pasado justicia en plena democracia, me prohibieron en la televisión, pero igual tuve una carrera hermosa de ser puestero, mensual, empleado rural, nutriero, alambrador, que fue el último oficio que tuve antes de dedicarme al canto”.
“No me quejo mucho, qué sé yo, me quejo sí por mis nietos, por mis bisnietas, que tengo dos, eso me preocupa. ¿Qué será del futuro de ellos? Si trabajan, comer van a comer siempre en la Argentina, porque el Estado le tiene que dar a las personas discapacitadas, a los abuelos, tienen que estar bien, la policía bien paga y bien seleccionada, qué sé yo, es lo primero que se me viene a la mente.
Mario Camacho (Granadero Baigorria, Santa Fe)

El integrante del grupo chamamecero santafesino Camachos y reconocido por su trabajo con Monchito Merlo, agradece que aunque “un poco menos, seguimos trabajando. El invierno siempre es duro, principalmente para los chamameceros, para los músicos como nosotros, que vivimos de la bailanta, de la jineteada, de los festivales, así que siempre tenemos que amoldarnos a la situación. A poder laburar bien en el verano para pasar el invierno”.
“De todas maneras, se nota un cambio muy radical en la sociedad y el laburo no está igual que siempre. Han cambiado muchas cosas y hay que ir adaptándose, tratar de reinventarse para poder seguir trabajando. Nosotros aprovechamos esta temporada para grabar, para hacer videos”.
“Gracias a Dios, tenemos trabajo, no mucho, pero tenemos contratación. Vamos a viajar a La Rioja en julio, vamos a estar en Tabossi en los pagos de Entre Ríos, así que esa es nuestra situación por ahora”.
“Yo además tengo alumnos, doy clases, pero, por ejemplo, varios de los chicos que están en el grupo se dedican solamente a esto y la situación a nivel general está distinta, no está igual, está más complejo, pero hay que ponerle el pecho”.
—¿Les ha tocado autogestionar sus eventos?
—Un montón de veces, pero vos en tu lugar podés hacer un evento una vez al año, después todo el año tenés que sobrevivir y tenés que buscar de exportar la música y tratar de hacer eventos en varios lados y no es fácil, porque a veces la gente puede acompañar y a veces no. El rubro chamamecero es más duro, es más difícil, porque son otras realidades; el público nuestro es el que labura y que gana el mango día a día. Muchos de ellos son trabajadores rurales, nosotros le cantamos mucho al campo, le cantamos a la isla.
Maru Figueroa (Paraná, Entre Ríos)

La guitarrista entrerriana reconoce que “las contrataciones han sido escasas siempre y lo siguen siendo hoy. En mi caso, trabajo mayormente de manera autogestiva e independiente; entonces, la modalidad de trabajo siempre es a borderó, es decir, dependiendo de una entrada. Rara vez surge alguna contratación, que siempre es muy bienvenida, por supuesto”.
—¿La gente acompaña?
—Hay gente que siempre acompaña porque el público en la música que hacemos nosotros es bastante fiel. Por ahí no es una situación ideal en el sentido de que una pueda tocar muy seguido y tener un grupo estable de público, entonces lo que sucede es que la gente responde en general, pero no tan regularmente como necesitaríamos. También está costando mucho entre el público la entrada anticipada, porque cuando lográs vender un cierto número de anticipadas te quedás tranquila, pero a veces el público no está en condiciones de comprometerse de forma anticipada para ir a un evento y eso hace que nos enfrentemos a la ansiedad de si va ir gente o no. Esa parte es difícil.
“Hay como una necesidad de parte de los artistas y, a veces, de los lugares de tener confirmaciones, y una no está en condiciones o se estresa mucho tratando de lograr esa venta anticipada. Entonces, hay de parte de los artistas o de quienes están en la producción del encuentro, la necesidad de la venta anticipada, y de parte del público el rechazo a esa modalidad”.
—¿Te dedicás a otra cosa además de los eventos?
—Me dedico entera a la música, complemento la presentación en vivo con la docencia, pero la verdad es que de a ratos es muy preocupante la situación. Todo el contexto que estamos viviendo es difícil y no somos la excepción.
Rubén Suri Pérez (Capitán Bermúdez, Santa Fe)

El médico veterinario, oriundo de Santiago del Estero, y reconocido músico del folklore afirma: “Siempre que vivimos algún tipo de crisis económica en mi país, la cultura queda relegada y nos vemos afectados totalmente, porque quienes realizan los diferentes eventos, los festivales y todo eso muchas veces achican los presupuestos”.
“En mi caso, hay mucho de autogestión, he gestionado los discos, que el primer disco que grabamos fue con Mario Alessandrini, que era un poeta del cordón industrial, que participó también con otros artistas, como Carlos Ramón Fernández, Mario Camacho, Marquitos Montes y otros artistas más. También fue totalmente autogestivo, tuvimos algunos auspicios que nos dieron una mano y fue un disco que salió a contienda nacional”.
“Particularmente no hago una música comercial y siempre valoro otras cuestiones, nuestras vidas que tienen que ver con nuestro paisaje, nuestro costumbrismo, la historia de nuestros antepasados, que la plasmamos en poemas, en poesía, en música, y la cantamos cuál fuera el escenario, a veces escenarios chiquitos, a veces un poco más grandes, pero siempre llevando esta bandera que es nuestra cultura y nuestra historia”.
—¿Cuál crees que es el rol actual del Estado en cuanto a cultura?
—Creo que los municipios y las comunas son los que siempre hacen un esfuerzo para que la cultura se mantenga viva en cada lugar, en cada pueblo, en cada ciudad. Hay mucha gestión en ese sentido de las municipalidades y las comunas. Yo vivo en Capitán Bermúdez y acá siempre han estado involucrados en el trabajo cultural de la región.
“Cuando hay contrataciones siempre tratamos primero de generar trabajo y que nos sirva a todos”.
Nilda Godoy (Santa Fe, capital)

La artista se suma a las voces y sostiene: “En la gestión del socialismo en Santa Fe, se realizaron muchas cosas importantes, no solamente a nivel contrataciones, sino en relación con la generación de espacios sostenidos por la Provincia y la Municipalidad, para que los artistas y las artistas hiciéramos uso en la gestión de nuestras producciones. Es decir, estaban las dos cosas, el ámbito, el soporte, los recursos, los espacios y las contrataciones. De todas maneras, quiero hacer una salvedad, porque, por supuesto que el Estado tiene un compromiso en ese sentido, pero la vida del artista pasa por otras cosas también”.
“En el caso de la música que yo hago desde hace tiempo no es un ámbito común el tema de las contrataciones, a diferencia del caso de los artistas que trabajan en festivales, por ejemplo. Mi desarrollo artístico se caracteriza por ser autogestivo. Somos músicas, músicos, productores y difusores en un gran trabajo colectivo”.
“Me parece que estamos en una etapa muy bisagra y compleja a la vez, porque hay una gran complejidad en las comunicaciones y eso también genera una diversidad de orientaciones respecto de la música y además el Estado tampoco nos está acompañando como antes. Ha habido un quiebre muy grande, una transformación muy grande y también se necesita que la misma sociedad acompañe el desarrollo cultural. La cultura es lo que nos sostiene en un crecimiento colectivo”.
Juan Manuel Bilat (Colonia Avellaneda, Entre Ríos)

El acordeonista reflexiona: “Es un momento complejo. En algunos sectores todavía cuesta reconocer al arte y la cultura como una actividad laboral profesional y sostenible. Muchas veces se los sigue viendo como entretenimiento o como un hobby. Quienes elegimos dedicarnos a esto de manera profesional hacemos un doble esfuerzo: por un lado, desarrollar nuestro trabajo artístico y gestionar nuestros proyectos; y por otro, seguir visibilizando que detrás de cada espectáculo hay horas de estudio, ensayo, producción y trabajo de muchas personas”.
—¿Recibís la misma cantidad de contrataciones que años anteriores?
—Las contrataciones han disminuido en comparación con otros años. Muchos festivales y fiestas populares han reducido su actividad o directamente han dejado de realizarse por dificultades económicas y por la falta de acompañamiento de distintos organismos. Eso nos obliga a los artistas a fortalecer la autogestión.
—¿Debiste bajar el valor de tu caché?
—Sí, en algunos casos hemos tenido que adaptar nuestras propuestas a las posibilidades de cada evento.
—¿Te sentís menos acompañado por el Estado? ¿Y por la gente?
—El acompañamiento estatal es limitado y, en muchos casos, los tiempos de pago son muy extensos, lo que dificulta la planificación y los proyectos culturales. Por otro lado, sentimos un enorme acompañamiento de la gente, que es el verdadero motor de nuestro trabajo.
Yamila Cafrune (Cañuelas, Buenos Aires)

La cantora de renombre nacional señala: “No he sido casi nunca una cantora de verano, para mí el verano tiene la misma cantidad de actuaciones que el invierno y a veces hasta menos, porque yo genero mi propia actuación. Es decir, a mí me interesan muchísimo los grandes festivales, porque es una vidriera maravillosa para que sepan que una sigue cantando y que sigue haciendo cosas nuevas, que se preocupa por tener siempre un espectáculo de calidad; pero en el invierno, o en la época en que no están esos climas maravillosos para poder hacer algo afuera, genero mis propios espectáculos intimistas”.
“En cuanto a mi caché, es muy bajo para ser una cantora que tiene una trayectoria de 35 años sobre los escenarios, que tiene muchos escenarios, desde los más grandes hasta los más pequeños”.
“Acerca de las contrataciones, hay mucho menos que antes. Muchos de mis colegas y hasta yo misma hemos tenido que suspender actuaciones, porque la gente entre comprar un paquete de fideos y pagar una entrada para escucharte cantar prefiere comprar el paquete de fideos para alimentar a su familia. La situación social es la que impide que la gente vaya a los espectáculos, no la falta de cantores y cantoras o de artistas”.
“En relación al acompañamiento del Estado, es relativo. Hay músicos que siempre han tenido el apoyo del Estado, sea cual sea el partido político que gobierne, y otros que nos ha tocado remar, sea cual sea el partido político que gobierne”.
Juan Martín Caraballo (Gualeguay, Entre Ríos)

El guitarrista y músico gualeyo tampoco escapa a la situación actual. “Como trabajador de la cultura, tengo otras actividades laborales también relacionadas a la música, como es la docencia, y diría que la mayoría de los músicos están en una situación similar. Son muy pocos los que pueden sostenerse únicamente viviendo de las presentaciones”.
“Con respecto a las contrataciones, se ha notado una merma bastante grande, tanto de los ámbitos estatales como de privados. La situación económica y social que está atravesando el país impacta negativamente y eso en las actividades artísticas se nota. La cultura es lo primero de lo que se despoja a la gente y uno si se pone en abogado del diablo dice que son secundarias en una situación como la que estamos, donde hay gente que directamente no está pudiendo comer todos los días todas las comidas”.
“Al haberse reducido los viajes a otras ciudades a tocar, trato de conservar la actividad artística dentro de la ciudad, generando actividades, buscando lugares o incentivando a que se generen actividades para no perder eso que a uno también lo conmueve, lo moviliza”.
“Así que uno siempre está buscando resolver de alguna forma esto, resolverlo para uno como necesidad propia, pero también para que no se pierda en la sociedad la posibilidad de encontrarse con el arte, porque sin duda que es importantísimo ante una situación económica compleja”.
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