Plaza Centenario: 55 años de historia, cambios y memoria

Fue concebida para conmemorar los 100 años de la ciudad y desde entonces atravesó distintas etapas de renovación. De una explanada arbolada a uno de los espacios públicos más reconocibles de Santa Elena

Por Vicente Suárez Wollert

El 2 de septiembre de 1971, Santa Elena inauguraba oficialmente la plaza Centenario, un espacio delimitado por las calles 9 de Julio, Supremo Entrerriano, Eva Perón y Buenos Aires. La obra tenía un significado que excedía la creación de un nuevo paseo público: llevaba el nombre de los 100 años de la ciudad y buscaba dejar una señal concreta de la historia local para las generaciones futuras.

En el centro de aquella primera plaza se descubrió un monolito y una placa recordatoria en homenaje a Eustaquio y Norberto de la Riestra y Federico González, vinculados con el proceso que dio origen a la ciudad. La referencia se remontaba a 1871, cuando se firmó un acuerdo comercial vinculado a la explotación del saladero, actividad determinante para el desarrollo de Santa Elena.

Pero aquel homenaje tenía, además, una particularidad. Al pie del monolito se colocó una urna concebida como una cápsula del tiempo. En su interior se guardaron mensajes, documentos históricos y productos del frigorífico destinados a los habitantes de Santa Elena del año 2071. La fecha no fue elegida al azar: se proyectaba hacia el bicentenario de la ciudad, cuando quienes vivieran entonces pudieran abrirla y encontrarse con una parte de la Santa Elena de 1971.

Las primeras imágenes muestran una configuración sencilla: una explanada de césped, árboles jóvenes, algunos juegos y el monumento. Con el paso de las décadas, aquel espacio fue incorporando elementos que terminaron por darle una identidad propia. Entre ellos estuvieron las grandes lajas cuadradas que cubrieron sus veredas. Su superficie, formada por pequeñas piedras de distintos tonos que adquirían brillo con la luz, se convirtió durante años en una de las características más reconocibles del paseo. Caminar por esas veredas formó parte de la experiencia cotidiana de generaciones de santaelenenses.

También llegaron los bancos de estilo, combinando hierro y madera, y el mástil se transformó en otro de los símbolos del lugar. En cada fecha patria, un inmenso pabellón podía verse desde distintos puntos de la plaza, convirtiendo el espacio central en escenario de actos y ceremonias.

La plaza continuó cambiando. Durante la primera década de los 2000 incorporó una fuente ornamental, acompañada por figuras de flamencos de cemento y pequeños angelitos. Otras efigies fueron distribuyéndose a lo largo de los senderos. En ese mismo proceso apareció un sistema de aguas danzantes, diseñado por estudiantes del Instituto Fernando Torres Vilches, que incorporó una dimensión artística y tecnológica al paseo.

Con el tiempo, la transformación más visible llegó de la mano de la parquización. Árboles, arbustos, canteros y flores fueron ganando presencia hasta convertir a la plaza Centenario en un verdadero jardín público. Las distintas especies y colores fueron modificando su aspecto según las estaciones, haciendo de la vegetación uno de los rasgos que hoy más la distinguen.

Esa transformación también puede leerse en las fotografías: la antigua estructura de juegos convive en ellas con los senderos y el arbolado ya consolidado. Entre una escena y otra transcurrieron años de intervenciones y de usos cotidianos: niños jugando, familias reunidas, vecinos descansando y generaciones que aprendieron a reconocer el lugar como parte de su historia.

Más recientemente, la plaza incorporó nuevas intervenciones vinculadas con la accesibilidad. Durante la pandemia se ejecutaron veredas con sistema podotáctil y posteriormente se sumaron juegos recreativos y accesibles.

Así, la plaza Centenario fue modificándose de acuerdo con las necesidades de cada época. El monolito y la cápsula del tiempo, las lajas, los bancos, el mástil, las fuentes, las esculturas, los juegos, la parquización y las obras de accesibilidad forman parte de una misma historia.

Su valor no reside únicamente en aquello que fue construido. También está en lo que ocurrió alrededor: fechas patrias, fotografías familiares, actividades, tardes compartidas e innumerables escenas de la vida cotidiana. Mirar una fotografía antigua de la plaza permite recuperar formas de habitar la ciudad y relacionarse con el espacio público.

En 2026, a 55 años de su inauguración, la plaza Centenario continúa ocupando un lugar central en la vida de Santa Elena. Su fisonomía actual es resultado de más de medio siglo de transformaciones y conserva elementos que permiten reconstruir aquel proyecto de 1971.

Hay, además, una espera que atraviesa toda su historia. La urna enterrada junto al monolito fue pensada para llegar hasta 2071, cuando Santa Elena cumpla dos siglos. Faltan todavía 45 años para ese momento. Mientras tanto, la plaza continúa cambiando, como sus árboles, senderos y juegos. Aquel gesto de 1971 dejó un espacio para el presente y, al mismo tiempo, una pregunta al futuro.

A 55 años de su inauguración, la plaza Centenario sigue siendo una de las cartas de presentación de Santa Elena. Su historia está escrita en sus monumentos, en sus veredas y jardines, pero también en la memoria de quienes la recorrieron y la hicieron parte de sus propias historias.

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