De su huerta a sus verdulerías: la labor de un productor hortícola

Leonel De Zan empezó con la idea de sembrar verduras de hoja verde para venderlas a domicilio. Su trabajo le deparó grandes cosas y hoy tiene dos lotes de tierra sembrada y tres locales de venta propios

Por María Constanza Fernández Larraburu

El inicio del invierno nos regaló una cálida tarde de sol que nos permitió llegar tranquilamente al Primer Distrito Cuchilla para conocer de cerca cómo trabaja Leonel De Zan, emprendedor hortícola de la zona.

Hay algo de lo que transmite la tranquilidad del productor de 29 años que está en esa huerta, cuyas plantaciones crecen pacientemente a la espera de ser cosechadas para ir directamente a La Huerta, el comercio con tres locales que el joven posee en la ciudad. 

Tras un primer intento que no resultó como esperaba, Leonel aguardó. Y esa espera le permitió llegar al momento de reabrir la verdulería, esta vez en la esquina de calles Belgrano y Victoria. Después llegaría el turno de la primera sucursal en Alfredo Palacios y finalmente de la segunda en el lugar donde él siempre quiso, en la zona norte de la ciudad, sobre calle Pagola.

A nadie se le ocurriría pensar que la tarea es fácil. Siembra y cosecha a pesar del clima, a pesar de las heladas y a pesar del granizo que pueda caer, porque él prepara su huerta a campo abierto, ya que aún no cuenta con invernaderos, que es el próximo proyecto que se ha planteado.

Casa por casa

El aprendizaje en el seno de la familia, de la mano de padres y abuelos, y las enseñanzas de la maestra en la escuela rural, donde la huerta era parte de los contenidos educativos, fueron sumándose al amor de Leonel por plantar, cuidar y cosechar verduras, especialmente de hoja verde.

El inicio fue con ventas a domicilio, con un Renault 12 cargado de verduras recién cosechadas para ir directo a la cocina de los clientes. “Paraba en la casa de mi abuela y ahí repartía. Después me arrimé a una frutería para vender”, recuerda.

Ese comienzo a pulmón rindió sus frutos. Ahora el joven sigue trabajando de la manera que lo hacía, pero sabiendo que tiene tres locales por abastecer y una familia que sostener, formada por su compañera, Daniela, y su bebé de ocho meses, Isabella. Con ellas recorre cada nochecita las calles de Gualeguay con el reparto a algunos clientes y con el reabastecimiento de mercadería en las verdulerías La Huerta.

Pensar la huerta

Leonel le planteó a su padre y a su abuelo empezar a sembrar en las orillas de la chacra en la que viven, donde cuentan con un criadero de pollos. Ese fue el puntapié inicial, media hectárea que le permitiera cosechar para vender de manera ambulante.

Cuando el negocio creció, decidió arrendar una hectárea que se ubica al lado de esa escuela donde de chiquito tuvo su primera huerta.

—¿El costo del arrendamiento es caro? 

—Más o menos, porque la tierra en esta zona es buena. Acá la trabajamos con mi hermano y un muchacho más, porque ahora tenemos un motocultivador, cuando empecé yo fue con una azada y una pala. Después pude comprar la máquina y me ahorro mucho más trabajo. 

—¿Qué plantan? 

—Acelga, lechuga, brócoli, coliflor, algo de perejil, ajopuerro y verdeo. En verano zapallito de tronco, anco, chaucha, tomate y pepino.

Hoy, Leonel, no hace plantines como al principio, sino que los compra en Escobar, Buenos Aires, “directo para poner en tierra”. 

—¿Cómo abastecés las verdulerías con lo que no producís? 

—Traigo del Mercado Central y a su vez compro algo de las chacras locales, porque a veces tengo lechuga y a veces se me corta y compro local. Todo el citrus me lo trae el quintero directo desde Concordia. Él me trae todo el año, en verano me trae semana por mes y en esta época todas las semanas me trae cosecha.

—¿Tenés pensado plantar frutales?

—No, porque no está valiendo mucho, del año pasado a este el cajón subió apenas dos mil pesos, es decir, dos mil pesos en 15 kilos. No te rinde y no muy lejos hay mucha producción. No sé si habría consumo para más. 

—¿Se consigue fácil lo local?

—No, hay muy poco, dos o tres familias, pero claro, con otro valor y es muy poca cantidad.

—¿Es más cara?

—Sí, se cotiza más que en el Mercado. 

—¿A cuánto vendés lo que producís en relación al Mercado Central y a otros comercios?

—Un kilo de lechuga en el Mercado se compra a tres mil pesos, el resto de las verdulerías acá lo venden a 5.500 y de mi cosecha lo puedo comercializar a cuatro mil.

—¿Trabajás todo orgánico?

—Sí. Después de levantar el cultivo, se limpia la tierra y le echamos cama de pollo, es decir, cáscara de arroz. Se deja descansar un poquito y después se planta de vuelta. Cuando va muy seco se necesita algo de urea, pero después todo orgánico. 

—¿Tenés problemas con las alimañas? 

—No, acá no, hasta ahora. Por ahí puede haber cuises, que hacen daño porque buscan lo blanco, lo claro y comen eso y te dejan todo el resto, por ejemplo las semillas del tomate.

—¿A qué hora empiezan a trabajar en la tierra?

—En esta época del año, a partir de las 10 de la mañana porque si lo hacés antes las hojas se ponen negras cuando las tocás. Arrancamos cuando se levanta un poco la helada, ahí ya se puede y no se machuca la planta. En verano lo más temprano posible.

El comerciante

Al ayudante con el que cuentan él y su hermano en las huertas, Leonel suma siete empleadas permanentes en las tres sucursales de La Huerta.

Los locales, con amplios horarios de atención, funcionan de manera permanente con entrada de clientes, ya que muchos conocen el origen de las verduras y los precios resultan atractivos. 

—Se trabaja bien…

—Sí, aunque también depende de la calle, que puede estar tranquila y perjudica también, pero hasta ahora voy vendiendo bien. Por ejemplo, la naranja la tengo a buen precio y es lo que más se vende, la acelga también. Después está la cebolla, la papa, eso no varía mucho el precio, aunque si se dispara afloja, porque la gente consume lo que está en temporada y en precio.

“Sí he podido descubrir que los fines de semana no se consume tanta verdura. No se elabora, hay gente que tiene empleada doméstica y si no está no se cocinan cosas muy elaboradas. Los sábados las ventas bajan y si te piden es hasta el viernes y si no que se lo lleves el lunes, porque no tienen quién se las cocine o se las lave”.

—¿Qué te dicen cuando contás que te dedicás a la huerta y a la horticultura? 

—Siempre me dicen que me voy a cansar, pero a mí me gusta producir. Mi abuelo antes repartía por Gualeguay en una Chevrolet y yo seguí esos pasos. Hoy por hoy no hay productores locales, se vinieron abajo y están cerrando, porque son hombres grandes, no hay jóvenes. Falta que enseñen esto, no sé si en la escuela, pero no aprender de papeles, sino que puedan tener su propia huerta. Estaría lindo que hubiera más, porque la tierra es buena, es tierra negra y responde bien.

—¿Pensaste en hacer otra cosa en algún momento?

—A veces sí, pero a mí me gusta la verdura. Hago otras cosas también, pero lo de la verdura siempre está primero.

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