Revelaciones: encuentros cercanos del cuarto y medio tipo

Sensaciones, marcas y una especie de triste premonición confluyen entre sueños y desvelos. Actividad paranormal, quizás; seres de otras galaxias, tal vez, un chamán y el cine filtrándose por todos lados

Por César Luis Penna

Un día el estrés me llevó a tomar la decisión de irme por primera vez de mi casa. Por una cuestión de azar o lo que sea fui a parar a un edificio de cuatro pisos sin cocheras. Ni bien subí las escaleras vi en un rincón antes del departamento un manojo de plumas y mugre, que me dio escozor cuando pasé a su lado, cuando pude limpié toda la escalera, que llevaba años sin limpiarse, ya que ningún vecino tenía contacto con el otro ni la voluntad de limpiar. 

Como era el último piso, cuando había tormenta el viento era terrible. Atravesaba todo el living (recién ahí entendí para qué estaban las cadenas cerca de las ventanas, eran para agarrarse) y había que correr para cerrar la ventana de donde venía, porque si no se azotaba todo. 

Una noche me acosté temprano mirando algo en la computadora. Cuando me levanté tenía una mancha triangular en el brazo, como las que aparecían en los X Files. No me extrañó en lo absoluto, ya que desde la adolescencia he despertado con manchas en el cuerpo o cortaduras sin el más mínimo recuerdo de haberme golpeado o cortado. Siempre pensé que era como los perros, que se acuestan a dormir y se olvidan de todo, por lo que me despreocupé siempre del asunto.

Mi compañero de departamento, porque no vivía solo, estaba viendo la televisión y justo estaban mostrando cómo una luz se posaba justo detrás del barrio Procrear en los terrenos del Ejército. Estuvo durante horas y en un parpadeo subió a las estrellas de donde había salido. Así como ese hubo muchos otros en distintos puntos de la ciudad, que por la luminosidad intensa de las calles no se veían. 

Mi compañero no sólo era investigador paranormal, sino que era una especie de chamán que mediante la hipnosis podía curar, averiguar cosas o tan sólo ver como es el “otro lado”. Cuando le comenté sobre la marca me dijo enseguida:

—¡Hagamos una sesión!

—¿Pero, estás seguro? Mirá que no quiero que empeore esto. 

Se lo decía porque tenía el cuerpo lleno de manchas blancas, producto de un vitíligo aparecido de la nada. Procedimos de inmediato al trabajo y posteriormente me contó por qué eructaba a medida que me hipnotizaba. Ahí entendí por qué hay chamanes que fuman y tiran todo el humo del cigarro a quien están limpiando. La cuestión es que hicimos algo así como un decreto en voz alta para curar esa marca y demás… a la horita de haber terminado la mancha ya no estaba. 

A los días nuevamente tenía otras, esta vez en el cuello… De vuelta a la sala de hipnotismo. En algún momento me preguntó si veía grises, reptilianos, nórdicos, insectoides… Los que fueran los expulsamos y las manchas en el cuello se fueron.

En ningún momento me pregunté por qué me pasaban estas cosas. Nunca fui un ser muy relevante ni lo seré, tampoco soy un ser muy especial. Admito que cuando el hipnotizador me dijo “Insectoides” me pareció un bolazo, pero sí le creí al “documental” sobre los reptilianos podía creer tranquilamente. Además, como fan de Hombres de negro (MIB) no podía decir que nunca vi uno ni en figurita. 

Pasaron algunos años y el tema no se repitió más, al Chamán no lo volví a ver y todo transcurría dentro de la normalidad esperada. Mientras el tiempo pasaba volví a ver de nuevo los X Files, y todas las películas y documentales que tuvieran que ver con el tema.

La idea era que despertaran algún recuerdo olvidado, pero nunca pasó. Sí comencé a tener sueños muy extraños. Ya mi psicólogo me explicó que eran producto de mis miedos, mis dudas, mi ansiedad y de lo que miraba en la tele o la PC.

Nunca había logrado despertarme y no haber soñado nada, siempre me despertaba feliz o amargado producto de lo vivido en ese plano. 

Un día un sueño me llevó a unas colinas verdes, con mi mate, mirando a donde estaba el río. Era el Parque, pero donde tenía que estar el río sólo había tierra y construcciones. No tenía a quien preguntarle, pero no me iba a quedar con la duda. Con el termo bajo el brazo fui bajando la colina hacia la calle de la antigua Costanera. Las dos costas se unían, no podía interpretar nada, hasta que vi a una persona con una ropa extraña corriendo y le consulté:

—Disculpe, no soy de aquí, ¿dónde está el río? 

—Abajo amigo— dijo y siguió con su trote.

El trecho “ganado” al río era privado, resultó ser que las inmobiliarias nacionales e internacionales habían propuesto un candidato a Presidente y salieron victoriosos, por lo que podían hacer lo quisieran. Toda la información me apareció en el celular ni bien pisé la glamorosa vereda del “Country del Río”. En algunos tramos el río estaba liberado, una razón era por diseño y otra para que los residentes pudieran disfrutar de las bondades de la pesca y deportes acuáticos. Para tal fin, los administradores agregaban peces y nutrientes para los mismos y mecanismos para que el agua se mueva para hacer algún deporte específico. El cerramiento no era a todo lo largo de la provincia, sólo en las ciudades más importantes.      

Evidentemente era otro año, otra época, me extrañaban los detalles minuciosos del sueño, hasta se me acabó el agua y conseguí más en un kiosco pagando sólo con la huella del pulgar. Raro todo. Volví al punto de donde bajé, iba oscureciendo y mientras subía, de pronto, una luz intensa se descolgó del firmamento y desperté. Me dolía la espalda como siempre, busqué el mate para prepararlo, pero estaba caliente al igual que el agua.    

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