Se torna impensable entender lo que Osiris López y Gastón Velázquez vivieron junto a Oma y Roma, sus perras, en La Guaira. Trabajaron sin pausa en la búsqueda de personas vivas y restos humanos
Por María Constanza Fernández Larraburu
Lo que pasó en Venezuela nos dejó sin palabras, sin una manera de entender cómo en cuestión de minutos la vida no sólo puede cambiar drásticamente para toda una comunidad, sino que puede perderse en algo impensado.
La manera de ayudar a La Guaira la encontraron rápidamente Gastón Velázquez y Osiris López, que apenas supieron que podían ser convocados hablaron en su trabajo, que además comparten, para poder participar del rescate. Así lo hicieron días después de la tragedia con Oma, la perra de búsqueda de personas vivas a cargo de Osiris y Roma, la de restos humanos que acompaña Gastón.
Ambos integrantes de la Brigada K9 de Bomberos Voluntarios de Gualeguay, también integran el equipo de ACECC (Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofe) Argentina, que con 10 voluntarios y nueve canes partió desde Buenos Aires, bajo el clima frío, a la calurosa y devastada Venezuela.
“Desde que llegamos ha sido una locura y no pudimos agarrar el teléfono prácticamente. Ahora cortamos un ratito porque nos estamos trasladando a otro lado a trabajar. No hay electricidad, no tenés mucho lugar dónde cargar los teléfonos y no hay señal, así que ha sido complicado”, daba cuenta Gastón apenas aterrizaba en Caracas hace seis días, mientras que al cierre de esta página arribaba a Gualeguay, con el deseo inequívoco de dormir “una siesta larga”.
El inicio
El grupo arribó a las 14, del lunes 29 de junio, a la capital de Venezuela, convocados por la Universidad Santa María de Caracas. Desde allí fueron directamente a La Guaira, donde la propia casa de altos estudios se encargó de todo lo que les hacía falta para la búsqueda. “Ellos son los que nos están dando el apoyo logístico, los traslados y todo acá en la zona donde estamos trabajando. Es donde tenemos nuestro centro de operaciones, nuestro comando, nuestro campamento, y de acá nos vamos desplazando en distintos vehículos a otros lugares donde nos van solicitando”, relataba Velázquez, al tiempo que precisaba que “el grupo nuestro, en total, es de 10 integrantes con nueve canes, seis de búsqueda de personas vivas y tres de restos humanos”.

Esta llegada se dio después de un viaje larguísimo. “Tardamos un día y medio en llegar, por lo que hay que tener en cuenta el cansancio con el cual llegaban las perras, estresadas”, aporta Osiris López.
El trabajo
Acerca de cómo se sucedieron los días en la zona de desastre, Gastón explicaba que “no tenemos un horario fijo de trabajo. Un día trabajamos hasta las cuatro de la mañana, otro hasta las dos y así, nos rotan y al rato de llegar tenemos que salir a otro lugar a trabajar. También por una cuestión del clima y de las estructuras donde estamos trabajando, que le demanda mucho desgaste físico tanto al personal de bomberos como a los canes”.

Y agregaba: “El estar trepando todo el tiempo una estructura muy alta y el calor que está haciendo por ahí nos hace achicar un poco los tiempos de trabajo, los vamos manejando. De acuerdo a cómo vemos que se están comportando los perros también, para que ellos, dentro de todo, a pesar de que está haciendo mucho calor y el desgaste que tienen, tengan ganas de seguir buscando y que sigan con esa motivación de trabajo”.
“Los trabajos que se están haciendo —continuaba— dependen de la solicitud que nos va ingresando. Por lo general, se ingresa con perro de búsqueda de personas con vida, se trata de hacer un barrido lo más amplio posible, se trata de descartar de que haya alguna persona con vida en la estructura y luego de eso ya ingresamos con todos los perros de restos humanos. En el caso nuestro tenemos a Oma, que trabaja con Osiris, que hace búsqueda de personas vivas, y yo tengo a Roma que busca restos humanos y personas fallecidas”.

En medio de días cuyo intercambio con sus familias y el cuartel de Gualeguay era de apenas un mensaje para confirmar que se encontraban bien, el bombero voluntario señalaba que debieron esperar incluso para poder instalar la antena de comunicaciones, ya que todo estaba colapsado. “El lunes a las cinco de la tarde ya estábamos trabajando, ya teníamos la primera ubicación para empezar a trabajar. Ese día estuvimos hasta las cuatro de la mañana, paramos dos horas y ya a las seis estábamos de vuelta”.
Las pausas en el trabajo sólo fueron para trasladar los equipos, recuperarse y estar listos para seguir. “No tenemos un horario prefijado de trabajo ni nada, se va evaluando. Hace mucho calor, más de 30 grados, humedad, típico clima del Caribe, así que estamos continuamente hidratándonos nosotros, hidratando a los perros y tenemos personal médico que continuamente está pasando a evaluar al personal que está trabajando. Además, hay veterinarios voluntarios y tenemos los veterinarios de la Universidad que están colaborando con nosotros para atención de nuestros canes”, marcaba.
Para Osiris hablar de resultados no es sinónimo de números. Para ellos eso no es lo relevante, sino que desde el primer día pudieron desarrollar la labor para la que fueron convocados. “Se trabajó bien, se laburó bien con las perras. Y cuando no trabajás con tu perra también ayudás a los compañeros, hacés de seguridad en pista, eso es mucho más que cifras”.
“Esto me deja la experiencia de poder trabajar en un escenario muy difícil junto con Oma y del trabajo en equipo realizado, como así también sin ser profesional en la materia brindarle un apoyo a los familiares y amigos de las víctimas, que ante la magnitud de esta catástrofe te los encontrabas en todos los lados que ibas a trabajar y compartir una charla o darle una simple palabra de aliento para que mantenga la entereza. Sólo escucharlos pienso que les servía mucho”, reflexionaba Osiris.

El lugar
“Uno no termina de dimensionar y todo el tiempo se está sorprendiendo —expresaba Gastón en uno de los tantos audios que fueron enviando a El Telégrafo de Entre Ríos—, porque parece que termina acá y no, esto no termina más. Es impresionante la cantidad de estructuras que hay en el piso, edificios de más de 15 o 20 pisos, verlos como están ahora en este momento es bastante fuerte”.
Y subrayaba que “quedaron las estructuras en el piso y están totalmente inseguras. Nosotros cada vez que ingresamos lo hacemos con un jefe de seguridad de nuestro grupo, que es el que nos va marcando los lugares seguros por donde podemos estar trabajando. Pero, como podrán ver en las imágenes, ha quedado prácticamente todo en el piso y son estructuras enormes que han quedado en posiciones muy inestables”.

Durante los dos primeros días debieron afrontar dos réplicas, ante las cuales se replegaron, salieron de las estructuras y esperaron a que la zona vuelva a ser segura para trabajar. “Se habla de más de 200 edificios, pero creo que son muchos más los que están derrumbados. En los lugares de trabajo hay gente de diferentes países, México, Colombia, Países Bajos, Estados Unidos, España. Hemos estado trabajando con ellos también y se han distribuido, porque hay lugares donde se sigue teniendo la esperanza de encontrar personas con vida, que es la prioridad uno, intentar localizar personas con vida, y después queda la tarea también de identificar los lugares donde hay víctimas. Localizarlas, visualizarlas y marcar para que después vengan los equipos de sanidad y retiren los cuerpos”.
El regreso
Con una fortaleza impactante, Gastón y Osiris, bomberos voluntarios con más de 25 años de trayectoria, sólo esperaron ser de ayuda durante días de profundo dolor en Venezuela. Tanto es así que aguardaban saber si podían quedarse algunos días más para seguir colaborando. Finalmente, llegaron a suelo argentino en la madrugada del lunes 6 de julio.
“Un poco cansado, mal dormido, así que, bueno, necesitamos dormir algunas horas corridas. La verdad que hemos dormido poco o nada estos días y hay que reacomodar el cuerpo al frío también. Veníamos de un calor que nos mató y ahora venimos a acomodarnos a este frío, pero bien, más que conformes con el trabajo de todo el equipo”, narraba Gastón, al tiempo que destacaba que “nuestras perras tuvieron un laburazo, trabajaron muy bien, la verdad que uno ve todo el trabajo que estuvimos haciendo todos estos años, la formación de ella en el trabajo, en los operativos que fuimos teniendo. Esto era como el examen final que nos faltaba, por ahí la demostración, la prueba de fuego de exponerla tantos días a escenarios reales y difíciles y la verdad que nos quedamos más que conformes con el trabajo que se pudo hacer. A uno siempre le queda la sensación de que por ahí se puede hacer un poquitito más, sabiendo que la situación es gravísima y que queda mucho por hacer”.
“En este caso no había posibilidad de que nos quedáramos más días porque se complica con el tema vuelos. Por eso optamos venirnos ahora, porque ya no teníamos ningún vuelo directo en los próximos días”, indicaba.
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