Ivana Fleitas pidió ayuda en redes sociales y visibilizó la situación por la que atraviesa su hermana: los remedios “están retrasados”. Fue internada el lunes
Por Vicente Suárez Wollert
Al momento del cierre de la edición en papel de El Telégrafo de Entre Ríos, aún no había novedades por parte de las autoridades sanitarias. Ahora fuimos informados que la joven recibió los medicamentos necesarios. Es una alegría para ella, para su familia y para la comunidad; todos agradecidos. Esperamos que los remedios continúen llegando en tiempo y forma.
El lunes 11 de mayo, Gianella volvió a ser internada. Sus convulsiones regresaron con la misma intensidad que tenían antes de que los médicos encontraran, tras años de pruebas, la combinación de medicamentos que le daba cierta estabilidad. La causa, según su familia, es concreta: desde noviembre de 2025, el hospital de Santa Elena no ha entregado la medicación que le corresponde por ser pensionada y que debería gestionarse a través de una mutual del sistema de salud público.
Su hermana Ivana lo dio a conocer ese mismo día en las redes sociales con un texto que combina el pedido urgente de donaciones con una denuncia directa a quienes, dice, deberían haber resuelto esto hace mucho tiempo. “La respuesta siempre es la misma: ‘Todo está retrasado’. Pero acá estamos hablando de salud, de alguien que no puede pausar su tratamiento esperando hace un año”, escribió.
Gianella tiene epilepsia refractaria, una forma de la enfermedad que no responde a los tratamientos convencionales y que se caracteriza por crisis frecuentes y difíciles de controlar. El diagnóstico la acompaña desde hace muchos años, y el camino hasta dar con el esquema de medicación actual fue largo: múltiples pruebas, ajustes y fracasos terapéuticos antes de encontrar la combinación que le permitía vivir con cierta normalidad. Ese proceso, que los médicos sostuvieron durante años con paciencia y precisión, logró algo que en la epilepsia refractaria no es sencillo: darle a Gianella una vida con menos interrupciones, con menos miedo, con más días en pie.
El esquema que finalmente funcionó incluye tres medicamentos específicos: Rufinamida 400mg, Clobazam Karidium 10mg y Ospolot 200mg, además de aceite de cannabis medicinal, cuyo expediente de aprobación, según la familia, estaba prácticamente listo pero tampoco se ha resuelto. Con ese tratamiento, las crisis no desaparecían del todo –la epilepsia refractaria no lo permite–, pero estaban controladas. Solo se presentaban ante factores externos conocidos, como una enfermedad intercurrente o cambios en su ciclo menstrual, situaciones que los especialistas ya habían identificado como posibles desencadenantes y que la familia aprendió a anticipar.
La familia consultó el valor de esos medicamentos en una farmacia local el viernes 8 de mayo, tres días antes de la internación. El presupuesto, que la misma Ivana compartió, es elocuente: el Karidium 10mg cuesta 17.660 pesos, el Saikel 400mg –marca comercial de la Rufinamida– 1.171.149 pesos, y el Ospolot 200mg 3.111.548 pesos. El total supera los cuatro millones trescientos mil pesos. Un monto que, dice la familia, está completamente fuera de su alcance. Y que, en teoría, no deberían tener que pagar.
Sin medicación, el cuadro es completamente distinto. Las crisis volvieron con la frecuencia y la violencia de los peores momentos, los de antes del tratamiento, los de cuando todo era todavía una búsqueda a tientas. Y Gianella no está atravesando ningún otro problema de salud que pueda explicarlo. La única variable que cambió es la ausencia de los medicamentos que, durante meses, sostuvieron su equilibrio.
El pedido formal de la medicación fue realizado en noviembre de 2025. Desde entonces, la familia recibió respuestas genéricas sobre demoras administrativas, pero ninguna solución concreta. En algún momento, una persona del pueblo donó dos cajas de Clobazam, lo que permitió sostener en parte el tratamiento durante un tiempo. No fue suficiente para evitar lo que ocurrió el lunes.
No era la primera vez. La propia Ivana aclaró que cuando realizó la publicación en Facebook, Gianella también estaba internada, y que las convulsiones que provocaron esa internación son las mismas que se desencadenaron días después, por la misma razón. Es decir, la situación que la familia intentó visibilizar públicamente ya era una emergencia cuando la denunciaron. Esta semana lo siguió siendo.
La familia señala además algo que consideran difícil de entender: cuando Gianella era atendida en el Centro Pediátrico de Santa Elena, nunca enfrentó este tipo de desabastecimiento. El hospital de mayor complejidad al que debería recurrir una paciente adulta con una enfermedad de esta gravedad no ha logrado garantizar lo que la atención pediátrica sí garantizaba. Y nadie les ha ofrecido formalmente ninguna alternativa, como la posibilidad de que el hospital adelante el costo de la medicación y luego solicite el reintegro, una vía que existe en algunos esquemas del sistema público y que la propia familia se pregunta por qué no se ha explorado.
Lo que piden es doble. Por un lado, que quienes tienen capacidad de resolver esto institucionalmente lo hagan con urgencia: el Ministerio de Salud, el hospital, quienes gestionan la cobertura de los pensionados. Por otro, que la comunidad de Santa Elena, si alguien tiene o puede conseguir alguno de los tres medicamentos, se comunique. Los números de contacto son el 3437-437233 y el 3437-494441.
Gianella no puede pausar su enfermedad mientras el sistema resuelve sus demoras. Cada crisis que sufre sin medicación no es solo un episodio más: es daño acumulado, es riesgo concreto, es una consecuencia que los médicos conocen bien y que ningún expediente demorado debería poder justificar. Tiene una enfermedad sin cura, pero con tratamiento. Y ese tratamiento lleva seis meses sin llegar.
Al momento del cierre de esta nota, no hubo novedades por parte de las autoridades sanitarias.
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