En Paraná se llevó a cabo el Motoencuentro Solidario. Las camperas de cuero sacaron a pasear a sus propietarios en un clima lleno de rock y heavy metal y la camaradería de siempre
Por César Luis Penna
Un motoencuentro que siempre cae cuando el tiempo cambia y se hace en ese lugar que es de todos; un motoencuentro por el que han pasado muchas generaciones y grandes personalidades del rock.
Motos de todos los tamaños, de todas las cilindradas y marcas, el escenario para las bandas estaba en el playón de estacionamiento y sobre las veredas lindantes a la placita se ubicaron los puestos de la feria motera. Los puestos comenzaban con el de Merch del Motoencuentro solidario en el que se podían encontrar desde remeras, gorras, sombreros, jarras, llaveros y todo lo que un motero necesita. En la feria, en general, había desde remeras rockeras hasta productos en cuero, indumentaria para motoqueros, camperas de cuero, esculturas en metal, tatuajes, pañuelos, cuchillos, gorros de lana, y los alimenticios como: choripanes, guiso de mondongo y de arroz, sándwiches de milanesa, de peceto, hamburguesas y las clásicas empanadas; un paraíso. Nadie necesitaba salir de la Toma Vieja de Paraná para comprar nada, todo estaba ahí hasta la bebida a precios racionales. La iniciativa fue el 8 y el 9 de mayo.
El cronista a su crónica
De dar tantas vueltas me lo encontré a Diego, uno de los organizadores que me comentaba que aunque el clima estuviese extraño la gente acompaña igual, todos los puestos de la feria vendieron cosas.
Respecto al público asistente me decía: “Te das cuenta que tenés amigos porque se quedaron, lloviznó, hizo frío, igual se quedaron, se cortaron las bandas… descansaron y el sábado estaban presentes con todo. La hemos pasado lindo, había mucha gente dando vueltas”.
-¿Por qué solidario?
-A nosotros nos gustan las bandas, las motos y juntarnos con amigos, entonces dijimos… si podemos dar una mano aprovechemos, juntamos mucha gente y eso siempre ayuda un montón.
Las agrupaciones Moteras organizativas fueron Comando Amistad, Callejeros de Paraná E.R., Lobizones Caravaneros, y Paladar Negro.
Los alimentos recaudados irán para los merenderos Los Pitufos de barrio Humito, Caricias del Alma de Capibá y Luz de esperanza de barrio Mosconi en Paraná.
Día uno: Todos al encuentro
La jornada del viernes 8 en lo musical comenzó con Motorizador; Raza 1982 sonaba cuando llegué. La temperatura bajaba en la noche, pero adelante de las bandas no se notaba, la gente coreaba las canciones, y en la arenga final, antes de su tema Pucará, a todos les quedó un ¡viva la patria! en la garganta. Le siguió Cuchilla Grande (Uruguay/Argentina) de la mano de Diego Petru en la voz, y acompañado por sus nuevos compañeros de banda, los muchachos de Forjando Bielas. Impecable presentación con temas propios y de Almafuerte, que se fueron abriendo paso en el playón para llevarse una ovación. Con cada tema unas nubes coloradas se acercaban al predio y, claro, no venían solas, traían a su amigo el frío intenso.
En la mitad de la jornada me encontré con un prócer de San Benito: El Huguito. Herrero y soldador, en sus prosas (porque habla así en prosas) me contó que está tratando de que los pibes de su barrio no caigan en la maldad, enseñándoles a soldar y hacer algunas artesanías para venderlas. Gran ejemplo de superación y de amistad imperecedera.
Cuando terminó Cuchilla todos nos preparamos para recibir a Garras, en medio de todos los moteros. Unas gotitas árticas nos amenazaban pero ahí estábamos todos hasta Rockbert, un querido personaje santafesino. Finalmente Corcho Soñez, quien se encargaba del sonido, pidió cortar el recital porque estaban en riesgo los equipos y los músicos mismos. Mati y Sacco ya habían afinado sus instrumentos, y ajustado la batería completa, ya estaba por sonar el primer tema, pero la llovizna comenzó a estar más presente. En unos minutos entre todos desarmamos y guardamos todo, sí, yo estaba dando una mano ahí también. Zulma, organizadora del motoencuentro, me contó que era como la una y media de la mañana cuando se largó la llovizna intensa; los que no se habían ido se quedaron bajo el techo de la proveeduría e hicieron su propio encuentro, era hermoso… decía.
Día dos: Con compañero motero
Como vi que era un clima de camaradería, tranquilo, y seguro el sábado me lo llevé a Chiquito, mi perro. Le puse su camperita de cuero, su arnés, y lo cargué en la mochila con el mate, su comida, su cuenco, su cobijita por si le daba sueño y frío, hasta un almohadón. Salimos para la Toma Vieja, iba tranquilo, ni el frío ni los baches lo asustaban. Cuando llegamos a la puerta lo primero que dijeron fue: ¡Él no paga! y todos lo acariciaron. Mientras esquivábamos los baches de la zona de camping, se escuchaba a Vox Dei y Pappo, eran los Legendarios 70 en el escenario. Les siguieron Forjando Bielas haciendo vibrar a toda la Toma con Motores y rocanrol y su “vieja chevrolet”; y Abeja Reina con Luis Yelpo en la voz haciendo un gran tributo a Rata Blanca. En la pausa de cada banda con Chiquito nos dábamos unas vueltas para no tener tanto frío y porque él es así, le gusta estar dando vueltas todo el tiempo ¡Lo tenía que agarrar fuerte porque quería ir al pogo se sentía un motoquero más! Estoy muy seguro que fue uno de los más saludados del sábado, algunos se acercaron a preguntarme dónde le había comprado el chalequito de cuero o para sacarle una foto, y a casi todos les traía a la memoria a sus propios perritos.

Al igual que el viernes, el sonido era excelente, no saturaba, no era demasiado fuerte, y las voces se escuchaban perfectamente. La cantidad de gente era visiblemente mayor, entre los dos días pasaron algo así como 1.500 personas que entraban y salían, y se registraron 800 motos. Los integrantes de Comando Amistad me contaban que eran muy celosos con las donaciones, y se aseguraban que fueran a comedores y no a quioscos como ha pasado tantas veces. Ellos se aseguran que la comida sea recibida por quienes la necesitan. El año pasado recaudaron 500 kilos de alimentos. Los organizadores notaron que este año había menos gente, tal vez el clima, tal vez la situación económica. El tema es que todos los que iban pagaban lo que correspondía y más, además muchos traían más de un alimento.
Al igual que en otros años no hubo ningún incidente, la policía custodió todo el predio los dos días. Además Diego me dijo que dieron un poco más de 500 menciones (que son algo así como certificados de asistencia) entre agrupaciones moteras y gente que iba solo o con su pareja, había visitantes de todo el país y la provincia. El domingo les quedó para desarmar los campamentos, los puestos y volver con el motor a full bajo un cielo despejado y a pleno sol.
En el horizonte se ve un Rock and Doll; como todos los años, en septiembre, en Molino Doll con características similares al de Paraná; nada para a los motores solidarios.
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