Por Pablo Felizia
Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
y a su planta rendido un León.
Recuperar las enseñanzas de la Revolución de Mayo es parte de la tarea. Quienes no quieren una Argentina soberana se han encargado a lo largo de la historia de borrar las experiencias de los patriotas y de un pueblo que transformó la colonia en un nuevo Estado nacional. Al Himno le quitaron la mayoría de sus estrofas; fue mediante un decreto del año 1900, firmado por Julio Argentino Roca quien dispuso que solo se cantaran desde entonces la primera y la última cuarteta, y el coro.
De la misma manera, fueron ocultadas las luchas de los nativos frente a los conquistadores, la resistencia al dominio y a la usurpación de sus tierras. Por eso, se habla muy poco del levantamiento de 1780 de Túpac Amaru y los alcances de una rebelión que hizo temblar la colonia en toda América. El hecho conforma uno de los antecedentes que abrieron paso a la transformación del entonces virreinato.
Esos levantamientos se articularon, en un proceso que llevó varias décadas, con las rebeliones de los esclavos y con los sentimientos y necesidades de sectores criollos en una sucesión de acontecimientos históricos que tuvieron entre sus puntos más sobresalientes la defensa y reconquista de Buenos Aires ante las invasiones inglesas de 1806 y 1807.
El gran frente patriótico comenzó a gestarse en esos años y las ideas de la época quedaron plasmadas en aquella frase de Manuel Belgrano cuando, tras la derrota de Inglaterra, pronunció: “Ni amo viejo, ni amo nuevo, ningún amo”.
Ese proceso abierto logró, el 25 de mayo de 1810, la destitución del virrey Cisneros y la conformación de una Junta de Gobierno. Las condiciones internacionales influenciaron y permitieron el desarrollo revolucionario.
La unidad de los diferentes sectores más un torrente popular constituido en torrente militar dio inicio a un nuevo ejército que enfrentó los embates colonialistas que buscaron la restitución.
Quienes ocultan la historia ni siquiera se atreven a nombrar el Plan de Operaciones de Mariano Moreno o los largos años de sangrías por la defensa del federalismo.
Sabemos que fue una revolución inconclusa, que pocos esclavos llegaron a disfrutar de la libertad prometida con una mayoría de muertos en el campo de batalla; que las tierras para el trabajo no fueron divididas y por el contrario, los operadores de siempre trabajaron para concentrarlas en pocas familias; o que la derrota de Artigas nos dejó un conjunto de tareas pendientes, entre tantas otras.
Las políticas del presidente Javier Milei y de La Libertad Avanza son contrarias a las enseñanzas de la Revolución de Mayo: sepultan toda posibilidad de independencia y crean condiciones para la disolución nacional; liquidan la ciencia, la técnica, la educación, la salud y la cultura como basamento de la disgregación territorial.
La indefensión nacional va de la mano con el alineamiento político, militar, económico y diplomático con Estados Unidos, Inglaterra e Israel.
Destruyen la industria de nuestro país con el cierre de miles de pequeñas, medianas y grandes empresas con sus consecuencias como la desocupación; recortan presupuestos en defensa, en las fuerzas armadas –y en general también– hay salarios por debajo de la línea de pobreza; las familias argentinas sacan créditos para comer, la deuda externa crece junto a la bicicleta financiera, la tierra se concentra en pocas manos; promueven inversiones extranjeras para el saqueo de nuestros recursos naturales y estratégicos; cierran fabricaciones militares y avanzan las privatizaciones como en la vía fluvial del Paraná. Políticas que se llevan adelante con las Islas Malvinas en manos de Inglaterra y su proyección hacia la Antártida, y con los ejercicios militares de Estados Unidos en nuestro territorio y mares (Daga Atlántica).
Asistimos a un momento complejo de la historia: crecen los factores de guerra mundial. Pero la Revolución de Mayo nos enseñó a cuidar el patrimonio nacional, a no entregarlo ni venderlo; nos mostró un camino para que nuestro pueblo pueda protegerse, para garantizar una vida plena con alimentos diarios, con trabajo, con la educación y la salud necesarias, y el techo que muchos todavía esperan; y forma parte de las enseñanzas de Mayo, la defensa de la soberanía y de la integridad territorial de la Argentina. Todas necesidades hoy puestas en juego.
Hay un camino que nos enseñó la Revolución de Mayo. Una huella para el encuentro, una enseñanza: el recorrido de los patriotas y del pueblo que nos llevó, en 1816, a nuestra Declaración de Independencia, a proclamar ser libres “de toda dominación extranjera”; una tarea aún pendiente.
Himno Nacional Argentino completo
Compartimos entonces, la letra completa del Himno Nacional Argentino, escrito por Vicente López y Planes y cuya música es de Blas Parera, letra y melodía aprobadas en la Asamblea de 1813.
Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Oíd ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.
Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
y a su planta rendido un León.
Coro
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Coro
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
Coro
¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
Coro
A vosotros se atreve ¡Argentinos!
el orgullo del vil invasor,
vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
Coro
El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra cual trueno
en los campos del Sud resonó;
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.
Coro
San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
“Aquí el brazo argentino triunfó”
“Aquí el fiero opresor de la patria
su cerviz orgullosa dobló”.
Coro
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.
Coro
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
les repite ¡mortales! Oíd:
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
Seguí leyendo
Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.

