Dulce Bocado: desde Galarza, una marca que no deja de crecer

A veces, emprender es una terapia y la posibilidad de un sustento familiar. La experiencia de Luz Belollo en la elaboración artesanal de alfajores y una producción de 30 variedades que agota stock en las ferias

Por María Constanza Fernández Larraburu

Muchas veces emprender representa la solución para el ingreso familiar o una forma de vida que se transforma en terapia laboral. Así ha resultado para la galarceña Luz Belollo (42) su emprendimiento de elaboración de alfajores Dulce Bocado, que hoy suma 30 variedades y que empezó como una prueba que la llevó a vender todo en apenas algunas horas.

Si bien al principio no se animaba, el 23 de septiembre de 2024 Luz le dio vida a Dulce Bocado. “Un día una chica me dice que me anime, que pruebe, pero como soy muy vergonzosa probé con muy poquito, tenía vergüenza de presentar mi producto”, reconoce.

Con todos esos miedos, poco tiempo después se inscribió en la feria de emprendedores de Galarza, en Navidad, para la que ya participaba en la confección de los adornos. “En el medio de todo eso me tomé un momentito para hacer alfajores, me hice 250, 260, y dije: bueno, con esto tiro las tres noches que dura la fiesta. La primera noche antes de las doce ya no tenía más alfajores”. 

“Le cedí mi lugar a otros emprendedores que habían venido de afuera y supe que esto iba a andar. Y sí, anduvo, porque empecé a visitar distintos lugares, a presentarme, y todo se vendía. Yo no lo podía creer. Hasta el día de hoy se vende todo, donde voy siempre me vuelvo sin productos”.

—¿Tenés una producción diaria o semanal? 

—Trabajo siempre por pedido, cuando es así particular, para cumpleaños o eventos, porque a veces me piden con stickers personalizados y tengo que preparar todas esas cosas. Siempre les pido que el pedido sea con anticipación.

“De todas maneras, Luz intenta mantener un stock de forma permanente. “Ahora por una cuestión de salud estoy sin nada, pero siempre trato de tener. En un momento me tocó una feria para la que me preparé con 400 alfajores y llegué con 200, porque me compraron los otros antes, no me dejan llegar”, dice entre risas.

—¿Qué variedades tienen?

—En este momento tenemos 30. Empezamos de a poco, digo empezamos porque es todo familiar. Estoy con mi hija mayor que me ayuda y de a poquito voy aprendiendo, probando y sumando sabores, es un día a día. 

—¿Con cuáles empezaron?

—Con lo más sencillo, o sea, dulce de leche, avellana, frutos rojos, maní, nuez, manjar, que es el nombre de un alfajor de dulce de leche y merengue, coco y Bon o Bon. 

A esos sabores sumó: “menta, Oreo, limón, malbec, café, marroc, membrillo, chocolate, chocotorta, naranja, Kinder, brownie, rogel, fernet, pistacho, turrón, split, marplatense, lemon pie, cheesecake, Mantecol y Cadbury. Hasta ahí tengo. Hay algunas variedades que necesitan estar en la heladera”, resalta, mientras recuerda una anécdota de los inicios: “Cuando recién empecé, una chica me había encargado alfajores y se me escapó decirle que tenía que guardarlos en la heladera. Como ella me lo pidió para regalo, pensé que se los iban a comer enseguida. Al mes la encontré y me contó que no los regaló, sino que los guardó para ella y los escondió en un ropero. Cuando los fue a comer tenían moho. A mí me dio vergüenza, le dije que me hubiera mandado un mensaje para que le devolviera la plata, pero me dijo que la culpa había sido de ella”. 

—¿Cómo fue tu inicio con los alfajores? ¿Hiciste un curso?

—No, empecé de a poco mirando TikTok y redes sociales, mirando recetas. Así sigo aprendiendo las variedades, buscando novedades para implementar.

—¿Los ingredientes los conseguís en tu ciudad? 

—Acá tenemos Cremigal, así que uso dulce de leche y manteca de esa marca. Todo es de primera calidad, como el bombón y todas esas cosas. Me gusta que el producto sea de buena calidad y por ahí me van a decir que es caro, aunque no he tenido problemas por el precio.

—¿El resto de los ingredientes y los envoltorios los pedís afuera?

—Sí, me llegan a domicilio, porque acá es una ciudad chica y hay cosas que no consigo. Además, busco precios, hoy en día lo más caro es el chocolate. 

—¿Cuál fue el pedido más grande que te han hecho?

—He tenido pedidos que he llevado a Gualeguay para cumpleaños con 150 alfajores. Han sido cajas y cajas. Después algún que otro pedido que quieren para regalo y eso, pero son chiquitos. A las ferias sí he llevado entre 500 y 600 alfajores y he vuelto sin nada.

—¿Cuánto tiempo te lleva hacer esa cantidad?

—Estamos bastante, empezamos por lo menos una semana antes, porque hay que preparar rellenos, hay que preparar masa, hay que preparar todo, lleva tiempo, pero tengo a toda la familia colaborando. Yo soy la que rellena y baña los alfajores, hasta los envuelvo, pero otro pone los stickers y alguien más lava los platos. Mi marido va y viene para todos lados conmigo y lleva el gazebo para las ferias. Somos una familia bastante grandecita, así que estamos todos con el emprendimiento. 

—¿Has podido armar tu lugar de producción?

—Sigo trabajando en mi casa, pero tengo los materiales necesarios. Comencé con una batidora de mano y con el horno de mi cocina y hoy puedo decirte que tengo mi máquina planetaria y dos hornos. También con la materia prima, antes cuando iba a hacer un alfajor, iba a buscar una mercadería, hoy puedo decir que estoy stockeada. 

Luz no sólo vende sus productos en Galarza y Gualeguay, también llega a Mansilla y Tala. Incluso está pensando en expandirse un poco más y dar a conocer Dulce Bocado en Carbó, Larroque y Gualeguaychú. “Mi número es 3444448920 y además estamos en las redes. Me pueden hacer pedidos por docena o media docena y elegir cualquier variedad, como gusten”.

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