Recitales, amigotes, familia y heavy metal: una buena mezcla

Un viaje en el tiempo para revivir la última visita de AC/DC desde los oídos del músico y profesor paranaense Luis Gogniat. Los recuerdos de la anterior visita de la banda, 17 años atrás, y de las andanzas musicales

Por César Luis Penna

En medio de la oscuridad, una pantalla gigante se enciende y comienza la animación de un tren fuera de control, que aparece entre explosiones en el escenario y queda humeando gran parte del recital. Un efecto físico realizado con una maqueta en tamaño real que dejó a muchos con la boca abierta. Miles de fanáticos gritaban para darle la bienvenida a la banda originaria de Australia AC/DC. 

Así se vivió el comienzo del recital del grupo que llegaba por segunda vez a nuestro país en 2009, cuando la primera había sido en el ‘96.

Las pasiones no se explican, sólo se viven. Aquella vez fue en el estadio de River Plate, recital que fuera registrado en DVD (llamado: Live at River Plate). Una compañera de la facultad fue y nos contó que los clásicos cuernitos con luces de la banda estaban muy caros y que cuando la gente saltaba en el campo ella no tocaba el piso, la masa apretada la manejaba como una marioneta. 

Este año volvieron a nuestro país tras 17 vueltas al sol, con la posibilidad de hacer más de un recital como en aquel lejano 2009. Esta tercera vez fue el 23, 27 y 31 de marzo. En el primero de los conciertos estuvieron representantes de nuestra provincia, de nuestro barrio: Luis Gogniat y un grupo de amigos fueron a vivir esa energía, ese alto voltaje vibracional que sólo dan las guitarras eléctricas de Angus Young y Stevie Young, la voz inconfundible de Brian Johnson, el bajo de Matt Laug y en la batería Chris Chaney. Estos últimos reemplazaron a los legendarios Cliff Williams y Phil Rudd, respectivamente, miembros originales de la banda. 

Compartimos entonces la experiencia en primera persona tras una larga entrevista a Luis Gogniat, profesor y músico paranaense.

Con los amigotes 

Fuimos siete amigotes de toda la vida que nos conocemos desde la secundaria de 1981 y tres de ellos fueron con sus hijos. Fuimos a la platea, a la Belgrano alta, el primer día. Habían partido el campo a la mitad, el campo vip no estaba lleno y había un agujero, pero empezó el recital y entraban y seguían entrando a la parte de atrás. En vez de levantar las vallas mandaron policías y armaron un callejón de dos metros de ancho para que corra la cana. Un despropósito en comparación con el 2009, que la rampa de la banda llegaba hasta la mitad del campo. En esa época estaba en la platea también y la gente impresionaba de la cantidad. Algo así como 66 mil personas dicen las estadísticas. En esa época fuimos con mi hermano y un amigote que era más petiso que yo y que no quería saber nada con el campo, pero yo un poco quería ir. La Belgrano alta, que era donde estábamos, es una tribuna de cemento y temblaba cada vez que saltaban en el campo. Era un pequeño sismo. 

La presentación de este año con oídos de músico 

Este año la actuación fue fea, con todo lo fanático que soy de la banda, que la escucho desde el año ‘82, ‘83 cuando estaba en el secundario. Como era el hermano mayor traje el rock a la casa y mi hermano, cuatro años más chico, consumía lo que yo traía. Nos pasábamos los casetes porque los discos estaban caros y en los pocos lugares que había discos no había mucho de lo que nos gustaba. 

Los escucho desde mi más tierna adolescencia… ¡Tenía que estar ahí! 

Allá lejos y hace tiempo

En el 2009 era “La banda”: Malcom Young, Cliff Williams, Phil Rudd, que eran la base, eran un muro, una banda que no tenía fisura. Uno que lo escucha de toda la vida se da cuenta. 

Nada que ver con la última formación, hay dos temas para recomendarles que escuchen: uno es Thunderstruck, que arrancó y no podían llevar el tiempo, más allá que lo arranca lento y Angus lo reconoce, pero la banda se cruzaba. Si fuera un tema que nadie conoce… pero es uno de los más conocidos. Iban cruzados y fuera de tiempo, el coro del comienzo no entraba y quedó totalmente deslucido. En los videos subidos a YouTube se puede ver la mini pasarela y agujero en el campo separando el pogo del estribillo. 

El segundo tema polémico es Sin City, donde queda el bajo solo y comienza el recitado, la batería debía llevar el tiempo y el bajo iba totalmente cruzado. En una de esas Angus se dio vuelta y se acomodaron. La verdad es que daban pena. Me decía esto no es AC/DC, no es mi banda. 

Viejo es el trapo y sigue limpiando

El recital en general igual estuvo bueno, la gente apoyaba, es una banda que trasciende generaciones. Los más viejos sabíamos que podía pasar; antes que vinieran al país no había ningún video de la gira, después de los recitales en Argentina sí hubo videos. Para los dos últimos temas Brian Johnson hablaba, ya no podía cantar. Está bien que ellos ya no son los mismos, pero nosotros tampoco, no podemos estar parados, no nos bancamos más un campo. Angus corría por todos lados, se tiraba al piso tocando y se levantaba tocando, era impresionante. 

En medio del recital todo se oscureció y la campana del infierno comenzó a bajar al medio del escenario. Se podía ver en los ojos de Luis como retumbaba ese repique oscuro que ha recorrido el mundo por 46 años. 

Para el último tema: For Those About to Rock (We Salute You) se posaron los cañones de artillería que suenan desde hace un poco más de 50 años. Brian ya no podía más, hacía cantar mucho a la gente recorriendo todo el escenario, mientras explotaban los cañones. Un show inolvidable igualmente, son esas cosas que no se olvidan, pese a que el show ya no era el mismo, pero la ilusión de verlos siempre está, por más que los suban en silla de ruedas hay que ir a verlos. 

Un recital de un poco más de dos horas con 21 temas, con el saludo en castellano de Brian: “Buenos Aires, ¿cómo va?” Así como nos cuesta hablar inglés, a él que es nativo de Inglaterra el castellano le resulta imposible. Ubicados en la mitad de un inmenso escenario, como si estuvieran en una pequeña sala de ensayo, los miembros de la banda, que ya pasan los 70 años y siguen sobre el escenario como si tuvieran 30, hacen mover a tres o cuatro generaciones que entienden lo esencial del rock… esa energía de la guitarra, de la voz y el latir de la batería y el bajo, pero una cosa lleva a la otra y como un primer bis llegaron unas andanzas en la capital del país allá por los ‘90 y 2000 siguiendo la pasión. 

Aventuras por Buenos Aires

Tengo la locura de ver todo toda la vida, no lo he podido hacer por cuestiones económicas. Dicen: viene a la Argentina… pero a nosotros nos queda a 500 kilómetros. Hay que poner una moneda para viajar, hacerse el tiempo. Mi vieja ya se ponía loca cuando yo iba a los recitales de rock nacional acá en el Echagüe, imaginate con los recitales en Buenos Aires. Tuve problemas con Riff en el ‘82, ‘83. Decir Riff y decir puñete era lo mismo. Había que ir y aguantar el quilombo. Con Charly García, fui y ahí con la gente teníamos la duda si era o no hasta que empezó a tocar, porque se había cortado el pelo, venía a presentar Clics Modernos y todos lo teníamos con el pelo largo. Casi convencí a mi hijo para ver a Charly, pero no pude llevarlo, no le gusta mucho el rock, sí lo llevé a Divididos.

Un scout en Buenos Aires 

Cuando era chico me manejaba como un scout en Buenos Aires, me conocía de memoria los subtes, dónde iban, dónde los tomaba, todo. 

El primer recital internacional al que fui fue Emerson Lake and Palmer en el ‘93. En esa época fui al Musimundo que está cerca del Congreso a comprarme un ampli que necesitaba y todos los CD que pudiera y vi el afiche del recital. Lo pensé dos segundos y me compré la entrada. Me quedé con mi hermano que vivía en una pocilga porque el recital era en dos días. Estábamos a dos cuadras del Congreso y el recital era en Obras Sanitarias, cerca del gallinero. Le preguntaba a todo el que veía y me decían podés tomarte el 157 allá, el 158 o el 47 a la vuelta, pero nadie me decía con certeza un colectivo que fuera para allá. Me manejaba en subte muy bien, pero para allá no había. Nos fuimos caminando derecho hasta el río y llegamos hasta el comienzo de Avenida Libertador. Vi una comisaría y entré. Íbamos a un recital, así que tenía el pelo largo y estaba vestido de negro… Entonces entré y les expliqué la situación. Me dijeron lo mismo y no me sabían explicar con seguridad. Entonces vi en la oficina del oficial un mapa enorme de Capital Federal y le dije: ¿Puedo ver el mapa? Yo de acá me ubico mejor. Agradecí y nos fuimos. Me olvidé de ver cuando Libertador cruza las vías. Las cruzamos sin saber si estaban electrificadas y por las dudas fuimos pisando las maderas y con miedo a los perros, que eran del tamaño de un toro, porque si reaccionaban mal estábamos muertos. Una vez que localizamos Libertador le dimos derecho, porque era pasando la cancha de River. Pasamos por un túnel, por el Hipódromo de Palermo, hasta que llegamos con las piernas reventadas.

La desventura seguía

Después del recital lo fui a buscar a mi hermano para que se vuelva a Paraná, porque estaba viviendo mal ahí. Él había llevado una batería completa, así que teníamos que llevar todo lo que teníamos hasta la estación de colectivos de Retiro y ya no teníamos un peso de más. Un guacho, amigo de mi hermano, nos dio una mano para llevar la bata, los CD, el ampli y los fierros de la batería, más los bolsos de cada uno. Tratamos de ir en colectivo, pero pasaban llenos; le dije al Gusano, mi hermano: necesitamos un plan B. En plena desesperación paramos un taxi y le dijimos: tenemos esto y tenemos que ir a Retiro… Cargamos el taxi con todo, lo llenamos hasta el maletero completo y fuimos por dos mangos. 

Llegamos a la terminal y en el andén había molinete, nos organizamos y le dije al Gusano que cuando habiliten el molinete él cruce y cargamos todo. Un bagayero nos quiso impedir pasar, pero ya no teníamos un peso ni para comprar un vasito de agua. El muchacho se buscó un par de compañeros y se vino donde estábamos nosotros para armar quilombo. Nos quedamos parados cuidando las cosas que ya habíamos subido al cole nosotros mismos hasta que se movió el colectivo y desde el asiento miraba que no tocaran nada, porque me bajaba. 

La otra pasión: Iron Maiden 

Tuvimos la desgracia de que no pudimos verlos en el ’85 en la gira del Powerslave, la World Slavery Tour. El recital que grabaron de esa gira fue el de Long Beach, el mejor recital grabado de Iron Maiden. Para mí el techo de Maiden fue ese álbum: Powerslave. A Maiden lo escucho desde el ‘81 y lo tengo muy incorporado. Con Zeppelin llegué tarde cuando murió Bonham, con los Beatles llegué después que lo mataran a Lennon. Con Maiden no, llegué a escucharlo en vivo y en directo cuando el disco llegaba a la Argentina bien contemporáneo, pero con Fear of the dark en los ´90 le bajé la persiana. 

Ya con la vuelta de Dickinson (en el 2000) los discos de estudio no son lo mismo, es muy repetitivo. Sigue siendo Maiden queriendo evolucionar, pero sigue estando en un estante de la biblioteca que de ahí no se mueve, porque las armonías son las mismas, las métricas son las mismas, no hay una evolución.

Más polémicas 

Musicalmente la tercera guitarra no aporta nada, lo único que aporta Janick Gers es circo, corre por todos lados, dos por tres se cae al piso… Con Murray y Adrian Smith le sobra guitarra a la banda. Cuando vinieron en el 2009 era una recreación de la World Slavery Tour con las pirámides y todo, justo ese recital que no habíamos podido ver.

De chicos teníamos el limitante de la plata, porque como siempre a los del interior nos sale más caro, tenemos el costo del pasaje, de la comida, etc. El porteño se la rebusca y ya tiene la entrada. De grandes el tiempo, muchos recitales caen entre semana y tenés que sacarte tres días y “las razones personales” siempre fueron una mentira, siempre hay que justificar y nunca te toman al recital como “razón personal”. Justo en esa época tenía antigüedad y me pude acomodar. 

Se acaba la cuerda

Mis ídolos musicales me llevan 20 años y no les queda mucha cuerda, los voy a ver o… así es que tenía la plata, me hice el tiempo y fuimos en una trafic. Como en esa época el pellejo me daba fui al campo. Era en la cancha de Vélez y le habían puesto un plástico para cuidar la cancha. Fuimos con mi hermano y un grupo de gente del P V muy pesada que perdimos en la entrada, aunque un gurí de 20 años se pegó a nosotros. Empezamos a avanzar en forma de tren, agarrados de los hombros, yo abría camino a los codazos. Cuando terminó la banda de la hija de Harris avanzamos lo más que pudimos. Cuando estábamos a 50 metros… se apagaron las luces y ¡pum! Sepultura, quedé primero en la línea del pogo, parecía Kung Fu Panda, con una mano revoleaba gente y con la otra empujaba y trababa con los pies, porque me empujaban al pogo y me iban a matar. Cuando estábamos a 10 metros, se apagaron las luces. La gente de 1,90 nos rodeó. Se escuchó el discurso de Churchill y Aces High pegado. Cuando todos saltaban no se podía respirar. Yo quería avanzar hasta la reja, una vez allí no me iban a sacar. En medio de los saltos me di cuenta que me faltaba el aire y si me desmayaba era cadáver, así que salté a contra tiempo, apoyado con los codos en los hombros de las dos torres que tenía a los costados, los locos saltaban y yo no tocaba el suelo. Ahí recuperé aire. Cuando quise avanzar sentí que mi hermano me soltaba y lo vi yéndose para atrás con los ojos blancos, así que me tiré para agarrarlo de la campera y lo levanté, giré, me lo colgué en la espalda y lo llevé para el costado. Arrancaba el recital y yo yéndome. Le compré una coca para que se recupere y el gurí venía colgado aún de la campera de él. Tratamos de volver, pero llegamos a estar derecho donde estaba parado Murray, el guitarrista principal, estábamos bien cerca igual. Si alguna vez la pasé mal fue en ese campo, ni siquiera la pasé mal cuando vino el Monsters of Rock en el 2015 que vino Ozzy Osbourne, Judas Priest, Motorhead, Malón y Carajo.

Un bis

Nuestros ídolos musicales envejecen al mismo ritmo que nosotros, nuestro oído musical siempre nos lleva a escuchar los errores, las cruzadas o los amplificadores que dejan de funcionar, las notas o las letras erradas, pero todo ello es sólo un puntito dentro de un recital de dos horas de bandas con 30, 40 y 50 años de trayectoria. Aún nos quedan bandas por ver y músicos que no se rinden, como Tony Iommi, guitarrista de Black Sabbath que sacó un disco solista (después de vencer al cáncer) que pinta ser espectacular; su nombre: From the Dark. La voz del metal Rob Halford cumplió 75 años en agosto y prometió un nuevo disco de Judas Priest, una banda con más de 50 años de trayectoria. Los nuestros tampoco se quedan atrás, Malón y su tributo a la H, El tano Marcielo y los temas de Almafuerte, Rata Blanca, Barilari, el Beto Zamarbide y Horcas siguen girando por todo el país y dos de ellos vendrán a nuestra ciudad en octubre; nuestros paisanos de Malinche anduvieron por Uruguay y la otra costa de Entre Ríos. Hay metal por todos lados, sólo necesitamos que el cuerpo y el bolsillo aguanten.

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