Este año más de 400 personas intentaron quitarse la vida

El suicidio es una problemática silenciosa. En la provincia, la tasa es del 20,8 cada 100.000 habitantes, casi el doble que el promedio nacional. Entre los múltiples factores inciden la crisis social y económica

Por Camila Gomez

¿Cómo empezar una nota sobre suicidios? Los medios de comunicación buscamos modos que no impacten tanto para decir lo que duele. Hay datos, informes y preguntas. 

El suicidio en Argentina alcanzó durante 2025 el registro más alto de los últimos años, con 5.209 personas fallecidas y una tasa de 11,8 casos cada 100.000 habitantes. El dato representó un incremento del 22,6% respecto de 2024 y encendió las alarmas por la incidencia que el fenómeno tuvo entre adolescentes y adultos jóvenes.

Las cifras surgieron del último reporte del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), dependiente del Ministerio de Seguridad. 

El informe señala que, en 2024, el 45,3% de las 4.249 personas que murieron por suicidio en el país tenían entre 15 y 34 años. Ese año se registraron 561 casos entre jóvenes de 20 a 24 años, otros 567 entre personas de 25 a 29 y 486 en la franja de 30 a 34, superando a los accidentes de tránsito.

Lo que nos alerta es que, además, Entre Ríos registra una de las tasas de suicidio más altas del país, alcanzando los 20,8 casos cada 100.000 habitantes: la tasa provincial duplica la media nacional. 

Se registraron 28 suicidios en 31 días sólo en enero de 2026. Además, se registró un incremento del 81,1% entre 2017 y 2025.

Según la Sala de Situación del Ministerio de Salud de la provincia, de enero a julio de este año se notificaron 418 intentos de suicidio y seis resultados mortales. Desde 2023 los números fueron creciendo. “Un 25,2% de las personas notificadas –se lee en el informe– refirieron antecedentes de intentos previos, lo que subraya la necesidad de asegurar la continuidad del acompañamiento y seguimiento clínico luego de cada evento. El 63% de los casos corresponde a mujeres y el 37% a varones. Esta relación es coherente con tendencias nacionales e internacionales, donde muestran una mayor frecuencia de intentos en mujeres. De los casos con resultado mortal, 13 (76,5%) fueron varones”. 

Cabe alertar que cinco de 10 personas fallecidas tenían de 15 a 29 años.

Ahora, ¿qué hacemos con estos datos? En el mes de la Prevención del Suicidio los mostramos. No para contar, sino para que resuenen las vidas que se fueron. Para poner en palabras lo que nos pesa y contribuir, aunque sea un poco, a la prevención. 

Sandra Cislaghi, psicóloga y referente de la Mesa por la Salud Mental en Entre Ríos, dijo a El Telégrafo de Entre Ríos: “Siempre decimos, desde la Mesa por la Salud Mental de Entre Ríos, un ámbito que construimos hace más de dos años entre distintas organizaciones e instituciones, que lo que nos unió fue justamente la gravedad de la situación de la salud mental en nuestra provincia. Y cuando hablamos de gravedad no hacemos sensacionalismo ni dramatismo. Decimos lo que muchas veces no se quiere reconocer ni escuchar. Porque para transformar una realidad, primero hay que animarse a nombrarla. En materia de suicidio, la situación de Entre Ríos es realmente grave y exige que dejemos de mirar para otro lado. No me gusta hablar solamente desde los números, porque detrás de cada número hay una vida, una familia, amigos y una comunidad que queda atravesada por ese dolor. Pero hoy los datos son necesarios para dimensionar lo que estamos viviendo”.

Sandra Cislaghi

“Por eso –sostuvo– tenemos que decirlo con claridad: Entre Ríos tiene un problema muy grave con el suicidio y necesita respuestas urgentes, eficaces y sostenidas. Hay otro dato nacional que debería no solamente estremecernos, sino preocuparnos y ocuparnos, y es que durante 2025 hubo más muertes por suicidio que víctimas fatales en siniestros viales. Se registraron 5.209 suicidios frente a alrededor de 4.060 muertes viales y la tasa de suicidio superó ampliamente también a la de homicidios dolosos. Entonces creo que vale hacernos una pregunta incómoda: si cualquier otra causa estuviera produciendo esta cantidad de muertes, ¿no estaríamos hablando de una emergencia provincial y nacional?”.

Sobre la franja etaria más afectada, la referente indicó que hay que hablar particularmente de nuestros jóvenes. “Argentina atraviesa una crisis económica, social, política y cultural que también impacta en la posibilidad de construir proyectos de vida. El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años desde 2022 y, en 2024, volvió a ocupar el primer lugar también entre los 25 y los 34 años. Por eso necesitamos empezar a hablar de algo de lo que muchas veces no se habla cuando hablamos de salud mental: las condiciones materiales de vida también producen sufrimiento. Y quiero aclarar algo fundamental, el suicidio no puede reducirse a una decisión individual ni a un hecho exclusivamente privado. Es un fenómeno complejo y multicausal, atravesado por factores personales, familiares, sociales, económicos, culturales, biológicos, comunitarios y ambientales”.

Factores que alertan 

En relación a la multicausalidad de factores que inciden en la decisión de quitarse la vida, Sandra Cislaghi advirtió: “Hay otro indicador que debemos mirar, hoy casi cuatro de cada 10 jóvenes atraviesan situaciones de mora. El endeudamiento por sí mismo no provoca un suicidio y sería irresponsable afirmarlo, pero los problemas financieros, la precarización laboral, la imposibilidad de independizarse, la falta de trabajo estable y la sensación de no poder construir un proyecto de vida pueden generar angustia, ansiedad y desesperanza. La propia Organización Mundial de la Salud reconoce las crisis económicas y financieras como situaciones que pueden incrementar la vulnerabilidad y ser situaciones de riesgos. Entonces tenemos que animarnos a decir algo que parece obvio, pero muchas veces se olvida: la salud mental también se construye con trabajo, educación, vivienda, vínculos, oportunidades, pertenencia y esperanza de futuro”.

Para el abordaje correcto de la temática, la profesional indicó que la primera cuestión que se debe comprender es que el suicidio no se aborda desde una sola disciplina, una sola institución ni una sola respuesta. Necesita un abordaje integral, interdisciplinario, intersectorial y comunitario.

“Eso significa trabajar desde la salud, pero también desde las escuelas, las universidades, los clubes, las organizaciones sociales, los municipios, los espacios religiosos, los lugares de trabajo y cada institución que forma parte de la vida cotidiana de las personas. Tenemos que llegar antes, no podemos seguir perdiendo vidas. Debemos fortalecer la prevención, aprendiendo a reconocer señales de sufrimiento y construyendo redes antes de que aparezca una situación límite. Tenemos que garantizar una asistencia accesible y oportuna, porque pedir ayuda no puede convertirse en una carrera de obstáculos entre turnos demorados, falta de profesionales o dispositivos insuficientes”, dijo y agregó: “Y hay algo de lo que se habla muy poco, también necesitamos trabajar en la postvención, es decir, acompañar a las familias, amigos, compañeros de escuela o trabajo y comunidades después de una muerte por suicidio. Porque esa pérdida produce un impacto enorme y esas personas también necesitan cuidado y el Estado más de las veces no lo ve”.

Hablar de suicidio responsablemente no aumenta el riesgo. Se necesita asistencia, prevención, información, escucha, capacitación y redes. “Y sobre todo se necesita comprender algo, la persona que atraviesa una crisis no es el problema; está atravesando un problema y necesita un Estado que proteja y que junto a la comunidad puedan acompañarla a encontrar una salida, para que su salida al dolor no sea terminar con su vida”, precisó. 

Ante la consulta sobre lo que podemos hacer como sociedad para evitar estas tragedias, Cislaghi recomendó: “Tenemos que animarnos a hablar del suicidio. Todavía existe el mito de que preguntarle a una persona si está pensando en hacerse daño puede ponerle la idea en la cabeza. Eso no es así. Por el contrario, preguntar con cuidado puede abrir una puerta para que esa persona pueda contar finalmente lo que está atravesando. Tenemos que aprender a preguntar, sostener y poner en palabras el sufrimiento. También tenemos que escuchar sin juzgar. Cuando alguien dice no puedo más, no encuentro salida o sería mejor no estar, no podemos responder automáticamente ‘pero tenés todo para estar bien’, es necesario validar las emociones que disparan esos pensamientos. Vuelvo a decir, escuchar sin juzgar, porque muchas veces creemos que estamos ayudando y terminamos invalidando lo que la persona siente”.

“El dolor no se discute. Se escucha. Y cuando advertimos una situación de riesgo, no hay que dejar sola a esa persona. Hay que buscar ayuda profesional, recurrir a los servicios de salud o acompañarla a una guardia hospitalaria. Los hospitales generales tienen la responsabilidad de brindar respuesta ante una urgencia de salud mental. También necesitamos dejar de pensar que prevenir es responsabilidad solamente de psicólogos y profesionales de la salud. Puede prevenir un docente que escucha, una amiga que pregunta, un entrenador del club que detecta un cambio, un vecino que se acerca, una familia que pide ayuda, una institución que sabe qué hacer”. 

“Recordemos que el suicidio es multicausal, pero la prevención también puede serlo. Necesitamos políticas públicas, presupuesto, equipos de salud, escuelas, universidades, organizaciones y comunidades involucradas. Y, sobre todo, necesitamos recuperar algo profundamente humano: que a nadie le resulte indiferente el sufrimiento del otro. Quizás una de las primeras formas de prevención sea justamente esa, romper con el individualismo que han instalado y volver a mirarnos, volver a escucharnos y volver a cuidarnos”, enfatizó. 

La línea 135 de prevención del suicidio es gratuita y confidencial. Allí responden profesionales de salud mental de toda la provincia

Acciones de la Mesa por la Salud Mental  

La referente recordó que la Mesa por la Salud Mental construyó el proyecto de ley “Red Integral de los Cuidados de la Salud Mental y el Bienestar Psicosocial en Territorios Entrerrianos”, en consonancia con los principios de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657. Este proyecto tiene estado parlamentario y se encuentra en la Comisión de Salud. El debate comenzó, pero no tuvo continuidad porque la Comisión no volvió a convocar su tratamiento. “Sin embargo –agregó Cislaghi– eso no logró romper la Mesa ni logró que abandonáramos nuestra responsabilidad de instalar la salud mental en la agenda pública y exigir que el Estado provincial la priorice. Acá vale aclarar que no desconocemos que el Gobierno declaró la Urgencia en Salud Mental y es ahí que plasma que no escucha a la comunidad que viene reclamando la Emergencia, que sería reconocer el peligro inminente de vida, declarar la Urgencia es sólo limitarse a reconocer un malestar”. 

En relación a la problemática del suicidio, se está frente a una problemática social y comunitaria. La Mesa sigue convocando a organizaciones sociales, universidades, profesionales, instituciones, comunidades y diferentes actores de nuestra provincia para construir una verdadera red entrerriana de cuidados.

El proyecto de la Mesa por la Salud Mental se encuentra en tratamiento en la Cámara de Diputados

La psicóloga añadió: “En el marco del 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, nos estamos organizando y evaluando cómo aprovechar esa fecha para seguir luchando por el acceso de cada entrerriano y entrerriana a la Salud Mental. Pero queremos ir más allá de una fecha. El suicidio no puede importarnos solamente el 10 de septiembre. Necesitamos hablar durante todo el año. Necesitamos un Estado presente con políticas públicas, equipos interdisciplinarios, dispositivos territoriales y servicios accesibles que garanticen realmente el derecho a la salud mental”.

Cambiar las preguntas

Las preguntas ante hechos de autodeterminación son muchas. La sensación de impotencia crece.

Sin embargo, la entrevistada sugirió: “Hay algo que realmente me gustaría que quedara después de esta entrevista, tenemos que dejar de preguntarnos solamente por qué alguien decidió morir y empezar a preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para que las personas puedan querer vivir. Porque prevenir el suicidio no comienza frente a una urgencia. Empieza mucho antes. Empieza cuando un chico encuentra un adulto que lo escucha, cuando una persona puede acceder a la salud pública a tiempo, cuando una familia que está desesperada no queda sola, cuando un joven puede estudiar, trabajar, independizarse y proyectarse, cuando alguien que atraviesa un consumo problemático encuentra una comunidad que lo acompaña en lugar de expulsarlo, cuando dejamos de estigmatizar a quien pide ayuda y también cuando comprendemos que el Estado no puede retirarse y después pedirles a las familias y a las comunidades que resuelvan solas las consecuencias”.

“Cuidar la salud mental también es construir condiciones dignas para vivir. Necesitamos un Estado presente, pero también una comunidad organizada, trabajando de manera conjunta. No se trata de reemplazar responsabilidades, se trata de construir una red en la que cada uno asuma la que le corresponde. Porque frente a una problemática tan compleja no existe una respuesta individual. La salida necesariamente tiene que ser colectiva. Pedir ayuda no es una debilidad, escuchar puede hacer una diferencia y cuidar la vida es una responsabilidad de todos”, concluyó.  

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