El sector citrícola en crisis: con baja demanda y grandes costos

El precio de la fruta no alcanza para cubrir los gastos, mientras el factor meteorológico no da respiro. El consumo tiende a la baja y los citricultores no saben de qué manera prepararse para la próxima campaña

Por María Constanza Fernández Larraburu

Tras años con condiciones climáticas adversas, un mercado con baja demanda y precios muy inferiores a los esperados, el sector citrícola viene de muy malas campañas y no avizora tiempos mejores.

Tal el análisis de Marcos Dal Mazo, secretario de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER), presidente del Centro de la Juventud de la Federación Agraria y vicepresidente de la Asociación de Distribuidores de Villa del Rosario, quien hace en El Telégrafo de Entre Ríos un recorrido preciso por cada factor que afecta al sector.

“Hace varios años que venimos enfrentando distintas dificultades, ya sea como las bajas ventas, la disminución en el consumo, como también la parte climática. O sea, venimos de los dos lados muy golpeados, venimos todavía luchando con la sequía que hubo desde el 2021 hasta el 2023, después tuvimos heladas muy intensas y luego granizo extraordinario para la zona. Ahora volvimos a mucha lluvia; venimos de un extremo al otro”, resume Dal Mazo y agrega: “Por otro lado, lo que es tema mercado, seguimos todavía con algunas variedades muy complicadas en el número de ventas. Hoy el productor está vendiendo para sacarla de arriba de la planta, hoy está vendiendo a casi 100 pesos el kilo de naranja, por ejemplo, donde tenemos todo un año de costo, todo un año de producción, porque nuestra producción es de un año para el otro”.

En tal sentido, el productor revela que “ahora mismo ya estamos arrancando la campaña 2027, o sea, el fruto que vamos a terminar de sacar en octubre y noviembre de 2027, por lo que los costos que le agregamos a la producción son de más de un año y a la hora de vender nos encontramos con este panorama de 100 pesos el kilo, ¿qué nos puede quedar hoy con los insumos como están?”.

Todas las tareas del sector son manuales: desde la cosecha hasta la carga

Acerca de las variedades que mejor se vendieron en la temporada, Dal Mazo destaca la mandarina, que repuntó en los últimos meses. “Estábamos quedando con dos o tres variedades en el mercado y empezó a querer levantar, pero ya están quedando muy pocas mandarinas, o sea, que el número en sí es para algunos pocos, porque el que vendió temprano no tuvo buenos números”. 

—¿Cómo fue la producción de este año?

—Hubo mucha, lo que también generó que baje un poco el número en los mercados; la gran cantidad de fruta ayuda a que baje el precio. Por otro lado, lo que son las industrias de jugo, sacando el 2024, que fue un año muy bueno, del resto todavía no cobramos nada, ni de 2025 ni de 2026. Venimos con un año y medio para cobrar a las industrias y el número tampoco es favorable. Además, por las grandes cantidades de lluvias, mucha fruta no sirvió para exportación; otros mercados no fuimos competitivos por el tema número y toda esa fruta terminó en los mercados concentradores, ya sea Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, de distintas provincias. Se juntaron pocas ventas y mucha fruta, que llevó a que hoy todavía los números no sean buenos en algunas variedades. En otras viene repuntando, no para grandes fortunas, pero al menos cubrimos los gastos que invertimos y nos alcanza para lograr inversión para la campaña siguiente.

—¿A qué se debe esta baja en la demanda?

—Al haber mucha producción, aunque el consumo sea el mismo, baja el número. El nuestro es un producto perecedero, no podemos tenerlo muchos días, más que el día de la venta, que son uno o dos días, porque después esa fruta va a un verdulero, el cual la va a tener tres o cuatro días y después se la lleva el consumidor. No es una fruta que va a aguantar 20 días, es algo que cuando empiezan a disminuir las ventas estamos obligados a bajarle el número. Llega a un tope que muchas variedades casi que no convendría ni cargarlas, porque no podemos tener 400 de gasto y 100 de fruta, estamos invirtiendo cuatro veces más para que cuando recuperás no te quede nada, ni siquiera cambiamos la plata.

A esta situación, los productores suman otro problema. “Si una planta a esta altura te empieza a quedar muy cargada, esa planta no florece, porque tiene mucha fruta arriba y se estresa. Al estresarse, no florece y si no florece el año que viene no vamos a tener producción”, explica Dal Mazo, que resalta que “la parte económica también influye. El bajo consumo también viene por el lado económico, que, como todo, cuando tenemos que ajustarnos dejamos cosas de lado y hace años que la fruta no la están tomando como primordial”.

—¿Cómo están sus balances económicos?

—Como mercado interno tenemos gastos de combustible, luz, mano de obra, que no es cara, lo que pasa es que cuando nuestro producto está tan barato se pone cara. Nuestro producto es 100 por ciento manual, arrancamos desde una cosecha que es manual, todo el proceso de empaque es manual, todas las descargas en los mercados son manuales, todo esto lleva mano de obra. Es impresionante la cantidad de trabajo que se da en la citricultura, por eso es una de las economías regionales más importantes. Acá vivimos más de tres o cuatro pueblos gracias a esto. 

“Y todo esto —continúa— lleva un gasto a largo plazo. La fruta que hoy estaría sacando fue inversión del 2024, porque con la inversión del 2024 me dio para el 2025 hacer alguna preparación de la planta para en el 2026 tratar de recuperar e invertir para el 2027. La verdad que eso también afecta muchísimo en lo que es la citricultura”.

En cuanto a la vida productiva de la planta, el dirigente del citrus da cuenta de que “como todo ser vivo, la planta también tiene una vida fértil, una vida productiva, en la cual en los primeros cuatro o cinco años después de plantada no tenemos producción o es mínima y no cubrís ni un gasto. De los cinco a los 15 años es la mejor época, la mejor producción que tenemos, y de los 15 o 20 años en adelante el lote ya empieza a disminuir y se te secan un montón de plantas, ya no es la misma carga ni la misma calidad. Entonces pasa que, en los años más buenos, que vos tenés cierta producción de la edad de la planta, te tocan estas cosas, como un clima malo, te vienen lluvias, granizo, algunas heladas o algunos años malos de venta por la parte económica.

—Mencionaste que varios pueblos viven del sector, ¿cuántos productores citrícolas hay en la región?

—En el caso de Villa del Rosario, somos alrededor de 1.500 productores y en total somos de 36.000 a 40.000 hectáreas entre Chajarí, Villa del Rosario, Federación y Concordia. Lo que pasa es que tenemos un censo atrasado, el último censo es del 2016, que es algo que también le venimos pidiendo a la Provincia. No podemos estar 10 años, 11 años ya, y todavía no tenemos ni idea de qué pasó con el sector, porque vinieron años muy malos donde la citricultura se redujo y años buenos en los cuales se agrandó nuevamente. Y la verdad que hoy estamos medio complicados con ese tema de saber la cantidad de productores y de hectáreas.

“Pero de forma directa e indirecta vivimos todos, porque después tenés los aserraderos, que casi el 98 por ciento se dedica a hacer cajones, pallet o madera para la citricultura, y todas las empresas de transporte, en las cuales hay muchísimas para llevar toda esa producción a los mercados. Es notable cuando no anda la citricultura, porque el obrero no trabaja, el citricultor se reduce también lo que va a comprar y en el pueblo se nota eso”, apunta.

—¿Y de cantidad de empleados tienen números?

—Hoy la mayor cantidad de mano de obra viene de Concordia en colectivos. Esto se debió a distintos temas, uno es por el trabajo en sí, Concordia es otra forma de trabajar, las cuadrillas que hoy ingresan a la zona te hacen un trabajo a tijera, un trabajo más profesional y son cuadrillas grandes; en cambio acá en la zona son cuadrillas más chicas que hacen un trabajo más a mano. Otro tema fue laboral, muchos productores empezaron a optar por llamar cuadrillas de afuera y no tener un obrero todos los días, porque te generaba esta relación de dependencia, que venían uno, dos o tres días y después te demandaban por cierta cantidad de años. Entonces, se optó por empezar a llamar cuadrillas de Concordia, que vienen y en un día sacás todo lo que se tiene que sacar y por toda la semana ya tenés el stock de fruta. 

Los cosechadores llegan en colectivo desde Concordia

—¿La tierra en que producen es arrendada o son propietarios?

—En la citricultura casi todos somos propietarios, no existe la parte de arrendamiento, excepto alguno que tenga alguna otra propiedad extra alquilada. Acá son todas porciones chicas, es distinto a otras economías, hoy el promedio por productor ronda las 20, 30, 40 hectáreas, o sea, pocas hectáreas de gran producción. Estamos entre 36.000 y 50.000 kilos por hectárea, en pocas hectáreas se produce mucho, es intensivo.

—¿La mayoría de los productores son empacadores?

—No, aunque en mi caso sí, tenemos el empaque acá en nuestra propiedad, en la cual comercializamos a distintas partes del país. Cuando yo era chico, acá en nuestra zona, en cada casa había un empaque, cada productor tenía su empaque donde comercializaba directo a cualquier mercado. Después por el problema laboral o por las grandes inversiones que tuvimos que hacer en el sector, en energía trifásica, ampliar las máquinas y comprar autoelevadores, muchos productores no pudieron seguir creciendo. Otros pudimos seguir y fuimos modernizándonos.

Al respecto, Dal Mazo señala que “en su momento era un empacador por casa, mientras que hoy hay 300 o 400 empaques en 1.500 productores, es fácil tres a uno. Antes todos teníamos nuestro pequeño galponcito, era un trabajo familiar, pero el tema laboral, que es algo que nos preocupa muchísimo a todos los productores, llevó a que tengan una mala experiencia y, en vez de seguir creciendo, optaron por ser productor y vender la producción a un tercero, como en mi caso.

—Con El Niño por venir, ¿cómo se están preparando?

—Hace dos fines de semana tuvimos algo de granizo. Cuando empezamos a escuchar las primeras piedritas se nos para el corazón, es un año de sacrificio y ver caer ese producto que tanto nos costó en un segundo, la verdad que duele muchísimo. La fruta en este momento está muy dulce, está muy madura, está muy delicada y cualquier pequeño granizo ya sería para destrucción. La otra solución sería sacar y poner a almacenar en cámara de frío, pero sería agregarle un gran gasto encima. Ya le estás agregando todo lo que es la parte de cosecha, es otro estilo de proceso, tenés frío, que por mes tampoco está tan barato. Entonces estás entre sacarla y ver si después recuperás algo o dejarla arriba de la planta e ir a la suerte. 

—Ante este panorama, ¿de qué manera pueden ayudarlos desde Provincia y Nación?

—El subsidio nunca sirvió y la verdad es algo con lo que no estoy de acuerdo. Sí vendría bien en la parte impositiva, en la cual pagamos muchísimo, una pequeña prórroga. Estamos todavía con algunas emergencias, hace poco había terminado la de sequía e ingresamos a la emergencia por granizo, pero no sirven de mucho, porque la verdad que no sirve ir hoy a un banco a pedir un crédito, que mañana caiga un granizo y estemos en la lona. 

“Somos productores chicos, no estamos acostumbrados a sacar crédito porque no tenemos espalda por si llega a pasar algo, está muy a la intemperie nuestra producción y es el único sustento que tenemos. Mañana me cae una granizada, pierdo el 80, el 90 por ciento de la producción y aparte de tratar de seguir subsistiendo hasta el año que viene, tengo un crédito”, reflexiona, mientras considera que “a veces las emergencias sirven si tenés alguna demanda laboral o algún otro problema en la parte impositiva para patear los plazos”.

En referencia al vínculo del sector con el gobierno provincial, Dal Mazo sostiene que “no es que tenemos una mala relación, tanto con (el ministro de Desarrollo Económico, Guillermo) Bernaudo como con la directora de Agricultura, Carina Gallegos, estamos en contacto siempre, pero nuestro producto está muy a la intemperie, no es algo muy fácil. Había un seguro de riesgo, en su momento lo habíamos hablado, nos reunimos con algunas empresas, pero el tema es que somos productores chicos y una empresa no te va a asegurar 20 hectáreas solamente. Otra de las grandes problemáticas es que, hoy si vos sacás un seguro de riesgo para la producción, tenés que poner un monto estipulado. Si me hubiesen pedido el año pasado cuánto estaría hoy el kilo de una naranja, yo te diría no menos de 500 o 600 pesos y ahora nos encontramos que está a 100 pesos”. 

—¿Cuál es tu postura ante el gobierno nacional?

—Las problemáticas son muchas y como institución siempre estamos en contacto. A Senasa seguimos pidiéndole productos para una de las grandes problemáticas que tenemos, que es la mosca de los frutos, no estaban habilitados y la verdad que los estamos necesitando. En INTA se redujo muchísimo el personal y nos estamos haciendo cargo del banco yemero, la parte del CUIS (Centro Único de Introducción y Saneamiento), donde está toda nuestra genética de variedades. La idea también es seguir preservando estas variedades, que es tan importante para nosotros, porque si llegamos a perder alguna, el productor necesita en algún momento volver a trasplantar.

“Otra gran problemática que tenemos es el HLB, que es una de las enfermedades más letales para la citricultura. Para eso llevamos adelante un programa a medias con la Provincia, en el cual contamos con monitoreadores que recorren la zona buscando esta enfermedad. Y en la parte laboral tenemos un proyecto que hace años que lo venimos planteando, un método de trabajo que vemos que beneficiaría a los productores, pero también al obrero, en el cual empezar a registrar, que es lo que queremos. Nunca nos negamos a registrar, pero hay que mejorar muchas cosas, como el método de registración”, expone. 

Y puntualiza: “Lo nuestro es diario, no es mensual. Hoy yo llamo a una cuadrilla, viene, me cosecha cierta cantidad y hasta la semana que viene quizás no vuelve, entonces yo no me puedo hacer cargo de contratar por un mes. Tenemos un método de registración que venimos hablando, lo presentamos en las distintas Cámaras, algunos diputados en la Reforma Laboral lo plantearon y la idea está en seguir avanzando con ciertos dirigentes para ver si logramos hacerlo llegar y que lo conozcan, porque no es sacarle el valor al obrero, sino al revés, le estamos dando valor. Es más, nosotros pedimos una reducción en la edad y vamos a luchar juntos para que se jubilen antes, porque es un trabajo forzoso”.

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