Más de 20 emprendimientos trabajan la calabaza en la ciudad entrerriana. Es una industria que crece en silencio y que les da trabajo a jóvenes que cortan, pegan, lijan, pulen, cosen y arman. La demanda crece
Por María Constanza Fernández Larraburu
Los mates que se producen en Gualeguay empiezan con las calabazas que llegan desde Misiones y Brasil, a partir del cruce en canoas de miles de bolsones. Luego viene el forrado con cuero o cuerina, el envirolado de alpaca –eso metálico que lleva el mate en la parte superior–, el pulido de la pieza para que todo quede en su lugar y los detalles que hacen que el mate parta terminado del taller a la sede central, donde se cincelan, se graban, se agregan apliques y se empaquetan listos para salir a la venta.
Muchos de los que emprenden no sólo tienen clientes en todas las provincias del país, sino que exportan a los vecinos Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile y Brasil o incluso a países de otros continentes, como China y Hungría, adonde llegan a través de otros exportadores grandes.
Jonathan quedó sin empleo hace algunos años y lo invitaron a formar parte de Mates Guay, cuyo dueño tiene su mismo nombre. Allí trabaja a destajo durante todo el día con el lijado de las calabazas para dejarlas listas para terminar de envirolar. El forrado fue hecho antes en el taller de al lado y el cosido en casas particulares por parte del grupo de cosedoras.
Asegura que no sólo ha encontrado el medio de subsistencia que necesitaba para parar la olla, sino que la cotidianeidad le dio un grupo de amigos con los que después de la jornada juegan al fútbol o comen un asado. Entre ellos Luis, que empezó con la producción de bombillas –también creciente en Gualeguay– y luego decidió sumarse al grupo que organizó Mates Guay, y Valentín, que está a cargo del pulido. “Terminamos con lo nuestro y vamos a ayudarle al compañero que tiene más trabajo, es un equipo y estamos siempre acompañándonos”, resalta Jonathan.
Cuentan que hoy por hoy producen, terminados, unos 300 mates por día, especialmente con los colores de Argentina, de River Plate y de Boca Juniors, aunque también hay lisos y de animal print, en versiones imperial, torpedo, camionero o pezuña de vaca.
“Nosotros acá hacemos la mano de obra y viene el dueño, lo retira y se encarga de los pedidos”, explica Jonathan, que agradece la salida laboral que encontró en el rubro. “Me ayudó un montón, además como somos amigos nos divertimos, conversamos, compartimos cosas”.
Luis, que trabajaba con los mates de algarrobo, afirma que “hoy ya no es la albañilería, sino que es la fabricación de mates lo que más trabajo da, porque salen como caramelos. En mi caso me toca pegar la tirita de cuero en los mates o los ayudo a los muchachos con las virolas”.
“Las horas acá pasan volando –agrega Valentín–, porque nos tratamos con respeto y nadie se cree más que nadie. Con este trabajo se vive bastante bien”.
El proceso está bien definido: llegan las calabazas y los pegadores las forran para el día siguiente, mientras que en el otro sector trabajan con las del día anterior. “Es una cadena. Eso que trajimos nosotros ahora, que son calabazas peladas, los gurises vienen y las seleccionan. Después las llevan, forran 150 mates cada uno, después va al cosido y lo traen de nuevo para acá. Se repite el proceso todos los días en el que intervienen además los agujereadores del cuero, que realizan unos 50 agujeros por mate”.
Todos ellos están a cargo del propietario de Mates Guay, Jonathan Mansilla, que recorre todas las mañanas los talleres para proveer a sus trabajadores de los insumos, que actualmente y por la demanda tienen un alto costo.
Él también tiene una historia laboral anterior al emprendimiento, cuando era encargado del frigorífico de aves local y alguien lo invitó a ser parte de la ‘nueva industria’.
Los inicios de Jonathan fueron de cero a cien: “Empezamos vendiendo para conocidos, llevándole a un cliente que estaba en la Basílica de Luján. Mientras tanto yo seguía trabajando en el frigorífico. Después pasó que ese cliente le contó a otra persona y me empezaron a llamar; empecé a viajar a Buenos Aires, a Rosario, a Santa Fe, porque en ese momento no existía lo que era transporte. Cuando quisimos acordar estábamos vendiendo 500 mates por semana, que era un montón. Hoy ya estamos en 2.000”.
-A ese éxito se suma la posibilidad de dar trabajo…
-Sí, lo que es mucho compromiso y responsabilidad.
Mates Guay vende en el mercado interno y externo, lo que le genera en algunas ocasiones dificultades para satisfacer a todos los clientes. “Este es un trabajo artesanal y nos ha pasado que ha salido todo mal, porque llueve, las calabazas vienen de camino, se mojan, llegan húmedas, hay malas cosechas en Brasil cuando hay poca lluvia. Cuando hay mucha humedad, cuando hay mucho sol, todo influye en este rubro. Hay clientes que te suben un mate perfecto y se piensan que ese es realmente el producto, pero no es como una zapatilla, esto es artesanal, pieza por pieza. Un mate de cuero crudo, por ejemplo, te lleva siete días para que salga terminado”.
Mientras crece la manufactura, crecen los diseños y modelos. “Estamos haciendo de Argentina, de Boca, de River. En su momento, empecé con el cuero con tiento, hacíamos los mates que les llaman tejidos. Después vino el de vidrio, el camionero que era muy grande y ahora los mates llevan cada vez más alpaca y mientras más cosas tengan, más le llaman la atención al cliente”, indica Jonathan.
-¿Los insumos son caros?
-Sí, un kilo de alpaca vale 50.000 pesos y te alcanza para hacer diez virolas. Las calabazas están 3.000 pesos, una caja de silicona 95.000, que encima no se consigue. Antes al cuero lo tiraban las curtiembres, hoy nos peleamos por el cuero, o sea, no dan abasto. El tema del mate dio trabajo a mucha gente; en Brasil, lo que es, por ejemplo, Misiones, especialmente lugares fronterizos con Brasil, gente que solamente se está manejando con el tema de la calabaza. O sea, familias enteras, pasantes, todo lo que es en Brasil también.
“Yo tuve la oportunidad de ir, conozco las plantaciones, me llevaron en una canoíta que, vos decís, impresionante cómo pasan bolsones y bolsones. Es muy complicado eso, si llueve y hay viento, no pueden pasar”, relata.
En tanto el taller funciona durante todas las horas de sol, e incluso más, en el local trabajan hasta las doce de la noche con la venta online, a través de TikTok, donde transmiten en vivo y cierran operaciones en el momento. “En el local somos cinco, está la parte de venta, la de empaquetado, los envíos con una chata a disposición las 24 horas. Hoy una persona que fabrica 1.500 o 2.000 mates por semana debe tener alrededor de 50 o 60 personas trabajando, directamente e indirectamente”.
-¿Y eso ha sido un salvoconducto para todos aquellos que quedan desocupados?
-Sí, porque lamentablemente hay mucha gente acá en Gualeguay que si no está en el frigorífico no tiene otras opciones y esto es lo que le s ha salvado la olla. Es como todo, ¿no? Está el que tiene un taller muy grande y tiene una responsabilidad y plazos que cumplir y está el que lo hace para pucherear. Si vos querés realmente ser serio en tu trabajo, lleva tiempo, responsabilidad y compromiso.
“Nosotros estamos en blanco con todos los aspectos, tenemos la habilitación de la Municipalidad, estamos inscriptos en ARCA, hacemos factura, todo bien prolijo. La gente por ahí te pregunta si no se puede mejorar el precio, pero tenés muchos costos, de alquileres, sueldos, insumos, contadora”.
En Gualeguay funcionan unos 20 emprendimientos de este tipo. Otro de ellos es Mates Artes, a cargo de Nelson. La historia es similar, otro trabajo y la posibilidad de arrancar, junto a las restricciones por pandemia, en el rubro del mate. “Cuando se cerró todo empezamos a laburar con esto, porque cada uno quería tener su mate personal y no compartir por el virus. Ahí arrancó una demanda terrible y después también lo que propagó mucho el tema fueron los jugadores de fútbol”.

“Principalmente era una venta nacional, pero ahora empezó a ser una venta de exportación. Se empezó a propagar por todos lados y yo he hecho envíos a Bolivia, a España, a Hungría, he hecho a Chile, a Colombia, a Uruguay también. Cuando arranqué en Gualeguay habremos sido 10 fabricantes, como mucho, ahora hay muchísimos más”.
-¿Cuál era el que más se vendía?
-El que más salía era el imperial y el torpedo básico, pero después como que la gente se termina cansando del mismo mate y va buscando cosas nuevas. Yo siempre tengo la iniciativa de crear cosas y siempre como que le iba agregando un dije, una base, una bolita y así sucesivamente. Entonces, a la gente le genera como esa intriga y siempre quiere tener el mate que está de moda.
-¿Tenés mucha gente trabajando?
-Tengo cuatro chicos, que laburan no por un sueldo fijo, sino por tanto. O sea, por ejemplo, sacamos 800 más y ellos cobran un porcentaje. Más fabricación, más ganan.
-¿Cuánto están produciendo ahora?
-Unos 400 mates por semana.
La industria del mate es sinónimo de inicios, de rápida salida laboral para aquel desocupado que no tiene conocimientos sobre la tarea, de sencillo aprendizaje, y para quienes desde la comodidad de su casa pueden aportar al proceso de fabricación. Con ventas en todo el país y exportaciones a países vecinos, con comercialización online y en redes sociales, el mate no sólo es en Gualeguay el compañero de todos los días, también es dador de trabajo.

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