Meriendas, juegos, contención y abrazos: el objetivo de Los Pekes

Este mes el merendero barrial de Gualeguay llega a un nuevo aniversario. De la mano de Gisela, la dueña de la casa, y un grupo de colaboradores cada dos semanas se organiza una fiesta de solidaridad y sonrisas

Por María Constanza Fernández Larraburu

En el corazón del barrio Plan Evita crece, desde hace 14 años, Los Pekes. Nació por iniciativa de la Juventud de la CTA, pero lo continuó un grupo de mujeres que, junto a familias que prestan sus hogares, mantienen un espacio de encuentro y contención.

Ercilia Gálligo es una de las fundadoras. Estuvo desde el primer día y continúa entregando su tiempo y dedicación a los más chiquitos del barrio que cobija al merendero, donde dos o tres familias prestan sus espacios para guardar el material, mientras Gisela brinda la cocina de su casa para preparar la leche y las tortas fritas que, cada 15 días, disfrutan los niños durante la tarde de sábado.

Ercilia Gálligo

“Estar presente implica una cantidad de cuestiones. A través de la merienda, uno lo primero que ve, obviamente, es la realidad de los niños y se va involucrando día a día, más con el paso del tiempo, con la realidad de cada familia en el barrio. Nosotros hemos estado 14 años siempre en el mismo lugar, en el mismo barrio, así que se han generado vínculos y lo que más conocemos es la cotidianeidad de ellos”, relata Ercilia, que además comparte con los chicos el espacio educativo. “Soy auxiliar de educación, soy la persona que limpia la escuela donde ellos se educan desde la salita de tres hasta llegar a sexto grado”. 

 Reconoce su afinidad por las infancias, “pero las familias, al pasar el tiempo, obviamente, que han ido involucrándose” con el grupo que lidera el merendero, que después de tantos años ya ha visto crecer a muchos de los primeros chicos asistentes. “Ya soy abuela de corazón”, dice con una sonrisa enorme.

—¿Ha cambiado la realidad en todos estos años?

—Cuando termina alguna jornada, entre que lavamos tazas y ollas, charlamos con Gisela, la dueña de casa, y la verdad es que sentimos que estamos como hace 14 años. Estamos en una cuestión social muy similar a cuando nosotras llegamos al barrio, en las cuestiones de trabajo, en las cuestiones económicas y demás, es como que no ha pasado en el medio nada. Los vecinos volvieron a trabajar pescando, cazando carpinchos, nutrias, tejiendo mallones, alguno que otro que tiene la suerte de seguir trabajando en el frigorífico y si no en albañilería”.

“Esa es la realidad de los papás. Las mamás han sido como más otro tipo de sostén familiar, cuidado de infancias, limpieza, emprendimientos miles y todas las cuestiones sociales que existan y de las que ellas puedan participar”.

—Si muchos con un sueldo venden cosas porque no llegan a fin de mes, no quiero pensar una persona que no tiene un salario fijo…

—Y que ni siquiera lo ha conocido, porque tampoco lo tenían hace 14 años, porque, además, por las cuestiones de políticas sociales que han ido beneficiando a las familias, tampoco les ha convenido sumergirse en el trabajo en blanco.

—La gente se enoja con esto…

—Sí, la gente lo plantea, pero cuando en el gobierno anterior salió el IFE lo cobraron nuestros propios hijos, los hijos de los que viven más en el centro y la gente del barrio, lo cobraron todas las personas que no trabajaban. Entonces, estuvieron sosteniendo económicamente sin trabajar, recibiendo un subsidio del Estado. Es depende quién, cómo y las circunstancias. Lamentablemente, seguimos cada vez más con esa cuestión de marginar la persona o las formas de vivencia siempre y cuando es del otro.

“Cuando la gente que puede ha sido beneficiada por subsidios y por políticas importantes para Argentina no tenía ese mismo pensar o lo hacía en silencio o no decía a viva voz mi hijo cobra el IFE, mi hijo cobra por estudiar o lo que sea. Es el triunfo de un discurso anti Estado, es lo que en el último tiempo pasó, que la meritocracia crezca cada vez más y el Estado sea lo peor para un padre, una madre, un hijo adolescente o un abuelo”. 

Entre políticas de Estado ausentes, pobreza y desgaste social, a Ercilia le preocupa el futuro de los chicos, pero también el presente. “A mí lo que más me cuesta son las violencias, me cuesta mucho, en todo sentido, porque nuestros gurises no están acostumbrados solamente a la violencia intrafamiliar, sino esto del retroceso social que se vive. Cuando nosotros fuimos hace 14 años no conocían el Parque, el Teatro, la Costanera, la Terminal y hoy lo que estoy viendo es nuevamente eso, que cada vez se quedan más en el barrio, está como dejando de suceder la convivencia ciudadana cotidiana que nuestros gurises tenían. Nosotros nos criamos en el Centro de Educación Física todos juntos, pero hoy son muy pocos los que pueden ir, porque su mamá o su papá se pueden dedicar a acompañarlos a hacer una actividad extrabarrial”.

Para Ercilia hay algo que continúa siendo fundamental para los chicos de los barrios: los clubes. “Creo que son los que más trabajan socialmente, en este barrio están Libertad y Barrio Norte, porque nosotros abarcamos toda la parte del Plan Evita, que está situado detrás del barrio 25 de Mayo y del Islas Malvinas, pero también vienen chicos del barrio Hipódromo, del 150 Viviendas, del 100 Viviendas”.

—¿Cómo funciona el merendero?

—Este año, que iniciamos después que terminó la comparsa infantil, volvimos a hacer merienda cada 15 días. Cuando nosotros empezamos, hace 14 años, lo hicimos como una actividad de la Juventud de la CTA, pero no teníamos nada y la Escuela 69, que es donde trabajo, nos prestó las ollas y las garrafas para poder hacer por primera vez la merienda. Cada vez nos metíamos más y llegó un momento que solamente los martes no estábamos en el barrio, porque teníamos clases de apoyo, talleres, tanto para las infancias como para los papás y las mamás, y hasta feria. Llegó un momento que a nosotras nos empezó a atravesar demasiado todo el compromiso. Hoy ni nosotras podemos sostener nuestra actividad, a nosotras se nos complicó, literalmente, sostener quién puede llevar la caja de leche de la merienda. Así que hoy un sábado sí, un sábado no. 

“Hace unos días —agrega— fue nuestro cumple, así que hicimos un almuerzo porque nos donaron un cajón de pata muslo, hicimos un estofado de pollo con tallarines y comimos todos juntos con los chicos. Nosotras hemos cocinado, pero las familias se han acercado y han llevado la vianda para toda la familia, pero han sido ciertas ocasiones, por alguna donación o como la última inundación que vivimos, que estuvimos más de 25 días cocinando, porque nuestros vecinos no estaban del todo inundados, pero esos papás no podían trabajar. Lo sostuvimos con ayuda en gran parte de la CTA, porque AGMER y ATE en ese momento nos donaban mercadería”.

—¿Cuántas personas colaboran en el merendero? 

—Gisela es la dueña de casa, donde nosotros estamos hoy, porque el merendero nació pegado, en la casa de la familia Godoy Capurro, donde estuvimos 11 años seguidos. Además de ella trabajan Mica, Anita, Ana Paula, Ciro, Maira, Rocío, Xiomara, Mía, Yamila, Daiana y Florencia y tenemos tres o cuatro casas donde guardamos cosas, porque no contamos con un espacio físico propio y eso nos limita mucho, porque la gente al saber que nosotras estamos nos quiere donar y llevar cosas.

La fundadora de Los Pekes resalta que la labor en el barrio cada día la enamora más. “Chicas jovencitas, gurisitas adolescentes que se están sumando y lo quieren hacer por su propia voluntad, por interés, porque ahora nos ven por las redes o porque son amigas de las gurisas nuestras del barrio. Una de ellas el otro día no paraba de emocionarse y de llorar y yo le decía que eso pasa cuando uno empieza a involucrarse y los vínculos traspasan, no sólo la relación entre nosotras, las grandes que vamos, sino también con los chicos. Para ellos es como si van a su segunda casa, como si van a su segunda escuela, se preparan, se producen y esperan el momento, pero el otro día había un niño muy desabrigado, estaba descalzo y eso le produjo a una de las chicas esta sensación. Esa desprotección no nos sucedía y ahora vuelve a suceder.

—¿Ha crecido el merendero en los últimos años? 

—Sí, crecer siempre crece en cantidad. Lo que pasa es que como vamos un fin de semana y otro no, y muchas familias no tienen teléfono, sino que vamos nosotros personalmente y ahora incorporamos esto de imprimir una invitación, a veces no se enteran, pero siempre trabajamos con un número de 40 chicos. Hay veces que tenemos 60 y otras que tenemos 10 o 15, eso depende porque hay otras organizaciones que hoy en día están trabajando socialmente, como las iglesias. Para el Día del Niño tuvimos 150 chicos, que no podíamos creerlo. Superó nuestras propias expectativas.

Más adelante, Ercilia cuestiona cómo se ven este tipo de tareas sociales en el resto de la comunidad. “Enseguida buscan caratularte, que estás haciendo política, que tenés un interés. Sin embargo, nuestro espacio le abrió las puertas a todos los grupos políticos que han existido en Gualeguay, desde los chicos de la Juventud Radical hasta los chicos del profesorado de Educación Física, chicos de distintas iglesias, de distintos partidos. Quienes tengan intereses personales van a pasar y los que tengan realmente los mismos intereses que nosotros, que son colectivos, comunitarios, amorosos, de acompañamiento de infancia, se van a quedar y van a involucrarse en el crecimiento de lo que nosotras buscamos hacer”.

Comparsa propia

Tras la pandemia, que frenó la actividad del merendero, el regreso tuvo como excusa ese deseo que venía postergándose: el de una comparsa que naciera en el seno del merendero.

Así surgió Mis Raíces en 2023. “Cuando la organizamos, nos comunicamos con el Municipio para poder participar en el Corso Infantil, pero no podíamos porque ya estaba organizado. Decidimos hacerla igual para desfilar en nuestro barrio, en nuestra calle, con nuestros vecinos y al final nos invitaron de la Municipalidad a salir por primera vez en el corsódromo como invitados. Salimos una noche, que realmente quedó todo el mundo enamorado, porque no podía creer lo que habíamos presentado. Después nos organizamos mucho mejor para poder salir ya oficialmente como una comparsa infantil”.

—¿Muchos chicos de Mis Raíces vienen del merendero?

—Sí, nuestro interés es que la mayoría lo sea, pero obviamente que no todos salen. La mayoría de los chicos de la batucada sí y un 60 por ciento de los bailarines son del barrio y de todos los barrios cercanos, como San Cayetano, Tres de Caballería, Cinco Esquinas, Defensa Costera, 9 de Julio. Ellos tienen un día para poder inscribirse y después abrimos al público en general otra fecha para terminar de completar el listado.

“El año pasado presentamos en la calle 142 chicos, con 20 o 30 suplentes. Cada niño que nosotros sabíamos que iba a faltar, porque las mamás nos habían avisado, ya estaba reemplazado y este año vamos a trabajar con un grupo más reducido, que es lo que nos plantea la Municipalidad, no sólo por el tema de los costos, sino por la cantidad que aparentemente seríamos, unas siete comparsas infantiles”, explica, mientras da a conocer el equipo de Mis Raíces. “Las profesoras de Baile y Coreografía son Ana Lucía Larrateguy y Araceli Álvarez y de Expresión Corporal Johana Buiatti. El director de Percusión es Tomás Saldaña, el director de Música es Juan Martín Caraballo y las creadoras del himno de Mis Raíces son Fernanda Echeverría y Camila Pino con su banda. Las carrozas están a cargo de Giuliano Benedetti y en la dirección general estamos Micaela Cevasco, Gisela García y yo”.

Seguí leyendo

Suscribite para acceder a todo el contenido exclusivo de El Telégrafo de Entre Ríos. Con un pequeño aporte mensual nos ayudas a generar contenido de calidad.


Ya soy miembro