Un refugio de 39 días frente a un contexto que no da tregua

Pasó un nuevo Mundial y lo vivimos con pasión, memoria, soberanía y alegría compartida en las escuelas, en las calles y en los estadios frente a los enormes negociados del fútbol. La crónica de un heavy metal.

Por César Luis Penna

Hace unos pocos días terminó el Mundial de Fútbol 2026 en el país más consumista del mundo, Estados Unidos. Como todos sabemos, se organizó en conjunto con México y Canadá, y si bien algunos partidos se disputaron en estos países, las instancias finales se jugaron en aquella bélica nación. Para que nos hagamos una mejor idea de lo caro que resultó para los espectadores, las entradas el día de la final salían siete mil dólares (un poco más de 10 millones de pesos) las más baratas y llegaban hasta los 39 mil dólares (58 millones de pesos). Una diferencia abismal con el costo en Catar, donde las entradas salían entre 600 y 1.200 dólares. 

No hay duda que saquear países petroleros no les alcanzó, también querían todos los dólares que tuvieran latinoamericanos, europeos, asiáticos y africanos. De los cinco o seis candidatos lógicos sólo llegaron dos, que hasta la previa del último partido eran países amigos desde aquella ayuda recibida tras la Segunda Guerra Mundial por parte del gobierno argentino. Ya en los dieciseisavos los mexicanos se habían volteado contra la Selección nacional de fútbol de nuestro país. Un extraño comportamiento cuando los dos somos países pobres de Latinoamérica, con un intercambio económico y cultural permanente.    

Llegamos a la final con medio mundo en contra sólo porque sí. Todo esto en medio de una guerra comenzada por EE.UU. (y su socio en la guerra en Medio Oriente) “sólo para mover un poco los precios”, como expresara su presidente ante todos los medios del mundo en la segunda conferencia de prensa brindada por este tema.

En nuestro país, mientras se jugaba el Mundial, el río Paraná fue privatizado y se vendió a unos belgas; tercerizaron la provisión de alimentos para todos los comedores escolares de nuestra provincia, duplicando el presupuesto para este fin y a favor de Buenos Aires. Como escribiera en la primera nota sobre el Mundial, allá en junio en este mismo medio: siempre pasan cosas cuando la pelotita rueda.

Estábamos todos

La inauguración del Mundial la vimos en la escuela todos juntos gracias a la dirigencia y el trabajo de Lucas, quien hizo las peripecias técnicas para poder ver la transmisión. Nos ubicamos todos en semicírculo frente a la pantalla, unos chicos andaban con un poncho con los colores de la bandera argentina. Yo estaba con el mate y cerca mío se sentó una profe para compartir el líquido, verdoso, caliente y energizante elemento. La apertura comenzó con bailarines y plumajes de comparsa que dejaron ver a Maná, la banda de rock mexicano. Cuando llegó el momento de Shakira, a mí me pareció que no era, porque tenía unos anteojos de sol que le cubrían la mitad de la cara, la otra mitad se la cubría el micrófono. Se me escapó: 

—Esa no es.

Y la profe respondió: 

—¡Pará… a mí a los 40 se me caía el pelo de a montones y esta parece una gurisa de la escuela! 

Ciertamente era extraño. Tal vez la Shaki también tenga unas chicas enruladas rubias que le aportan las extensiones, como pasaba con Susana. En el cierre del evento volvió la verdadera Shakira cantando el tema del mundial sin taparse la cara con nada y visiblemente más alta que la primera. 

La cuestión es que estaba ahí toda la escuela. Vimos a una infinidad de “cantantes” que nadie conocía y tras 15 minutos volvimos a las aulas. Un grupo de chicos quiso convencer a las autoridades para ver el primer partido, pero no pudieron y tuvimos clases completas. 

Jornada épica 

El segundo partido de la Selección era a las 14 y la idea era ver el encuentro en la escuela. El lugar: la biblioteca. Traté de llegar temprano, pero no pude, por lo que me instalé en el medio con el mate y un bozal para no insultar al comentarista y a los futbolistas contrincantes como hacía siempre en casa. Rodeado de los estudiantes, estaba sentado en el piso frío, pero feliz. Los chicos de sexto habían llevado un redoblante y un bombo, así que por momentos parecía una tribuna del estadio. Cuando llegó el primer gol, el festejo trajo sonrisas y todos relajaron los nervios. Para el segundo se escuchó un: 

—¡Vamos… vamos… Argentina…! 

Era la batucada de sexto año y entonces sentí que habíamos ganado algo más. 

Se va la señal 

Llegaron las vacaciones y nos dedicamos a ver todos los partidos posibles. A priori esperábamos ver los partidos con tranquilidad a través de la TV Pública, Telefé o TyC Sports, pero no fue así: los dos primeros sólo pasaban los partidos de Argentina y este último sólo pasaba la fase de grupos. La hegemonía la tuvo y la tendrá (en 2030) DSPORTS, señal de DIRECTV. Muchos se volcaron a ver los partidos por Internet, con un delay de 10 a 30 segundos. Alguien recordó la TV Digital Abierta y comenzaron los inventos caseros para poder ver los partidos por la TV Pública sin retraso en la señal. Esto fue tendencia en las redes sociales en nuestro país, donde se daban soluciones para sortear el inconveniente. 

Todo resultaba muy difícil y los comercios locales se llenaron de artículos celestes y blancos y de la Selección. En este contexto económico que nos toca vivir, donde el trabajo aún no se genera, sino que cierran cada vez más pymes y grandes empresas, aquellos artículos aún están en los escaparates de los comercios. 

En pleno frenesí, le compré una camiseta a mi perro, que se llevó todos los mimos y gritos de aliento mientras dábamos paseos después de cada partido. 

La razón del doctor

Hace 22 años el doctor Carlos Salvador Bilardo afirmaba que el futuro del fútbol estaba en África, porque ahí se juega en todos lados. Por ahí viene la explicación de por qué le costó a la Selección ganarle a Egipto, que tiene tantos estadios de fútbol como Argentina, y a Cabo Verde, que les hizo frente a nuestros campeones.

Sufrimos mucho en cada instancia, en la fase de grupos la lesión que arrastraba nuestro capitán no se notaba, pero en las semifinales tuvieron que aparecer otros actores que también se iban recuperando de las suyas. Pasamos muchos nervios, la descarga llegaba en los goles y sin abrir las puertas los gritos colectivos llegaban a nuestros oídos. 

Más allá de todo el trabajo en los entrenamientos, las estrategias, el despliegue individual, las concentraciones, todos sabemos que los muchachos necesitan una ayuda que, sin pensar, surge bien desde nuestro interior: la cábala. Muchas se arrastran desde el 2022, otras desde el ‘86, otras tan sólo desde el primer partido y para muchos sólo se utilizan en los mundiales de fútbol y no son válidas para ninguna otra cosa. 

Hinchada hay una sola

Como en otros años, la hinchada argentina con el banderazo en los estadios se hizo destacar, al igual que en nuestro país con cada victoria los hinchas eran cada vez más. Familias iban a festejar sin ningún incidente más que el que causó todas las veces la policía en la capital del país, que ya no contenta con golpear jubilados fue por las familias que festejaban. Un mundial como ninguno, en un contexto económico-político muy difícil y con una masividad buscando sanar todos sus dolores y frustraciones en un festejo común, como pasara en 2022, 1986 y 1978. Por más que sigamos buscando una alegría masiva no debemos dejar de mirar aquello que nos pertenece y nuestros derechos, que muchos están ansiosos por quitarnos.    

Nuestra final 

Nuestra final fue con Inglaterra, Scaloni en la conferencia antes del partido trató de calmar la ansiedad generalizada diciendo que sólo era un partido. Pero todos sabemos que no fue sólo un partido, hasta Bangladesh, que desde hace varios mundiales viene hinchando por los nuestros, lo sabía. Perú, Escocia e Irlanda también sumaron su apoyo ante el rival que ha sido el rival de todos y también lo sabían. 

La ministra de seguridad Monteoliva salió por todos los medios a decir que se prohibía la exhibición de banderas con “el mapita” de las Islas, ya que era un partido de alto riesgo y eso implicaba una posición política. Nunca se vieron esos documentos firmados ni el reglamento que lo diga. La llama se encendió más y nadie podía vaticinar cómo terminaría todo, ya que llevamos las Malvinas en la sangre.    

En la previa el equipo inglés venía siendo muy contundente, al punto de golear a México con 10 jugadores y era unos de los candidatos. Extrañamente jugó a defenderse todo el partido hasta que en tan sólo diez minutos nuestros chicos lo ganaron. En medio de los festejos la cámara seguía a Lionel sólo para ver su emoción. Eso creíamos…, pero era para ocultar que desde la tribuna emergió una bandera con un sentimiento, con una verdad, con un reclamo, con una rebeldía… una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. Todos nuestros jugadores de la mano del gualeyo Lisandro Martínez llevaron la bandera como sinónimo de la misma copa mundial. Sí, ganamos ese partido y mucho más, ahí fue cuando ganamos el mundial, un trofeo nunca nos definió, menos ahora. 

Nuestro capitán le dedicó el triunfo a quienes la pelean todos los días, a quienes no llegan a fin de mes… o sea a nosotros, que buscamos una alegría colectiva porque ya no aguantamos la situación. Uno pensaría que todas sus vidas han vivido en un frasco forrado en euros y dólares, pero al igual que nosotros tienen las patas en el barro y no se quedan inmóviles ante el dolor de los demás.  

El último mundial

Para el último partido Argentina salió a jugar con un día menos de descanso y a defenderse, como salió Inglaterra. El rival estaba extrañamente fresco, parecía que no había jugado en un mes. El árbitro, como vieron mis estudiantes al igual que yo, no cobró nada para nuestra Selección, todo en contra ante las mismas faltas. Nuestros jugadores hicieron todo lo posible, pero no sabía si había que perder para que Infantino tuviera los votos de Europa para su reelección e imponer este esquema de cuatro tiempos de 25 minutos, los shows en el entretiempo, las entradas super caras y mucho show. Es la versión que circulaba entre los periodistas deportivos, parecía loco cuando lo planteaban hasta que la AFA en Europa habló… 

Lo que sí sabemos es que el de 2026 fue un Mundial a pedido del empresariado de Norteamérica que se quiere quedar con la pasión de millones de personas que nunca tuvo dueño y fue de todos siempre. La UEFA expuso el plan del presidente de la FIFA, declarándose en contra de la privatización de los mundiales y que la marca “MUNDIAL” cotice en la bolsa de valores. Pidió además una justa repartición de los recursos. 

Nadie sabe qué pasará, lo que sí sabemos es que el último Mundial fue en 2022, lo vimos y disfrutamos todos tal como fue el fútbol durante 100 años. “Esta liga de selecciones nacionales” al estilo norteamericano con 43 o 64 equipos no es para nosotros.  

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