A pleno heavy se vivió el Festival Patriótico Metalero en Diamante

El metal brilló una vez más para festejar a su modo el Día de la Independencia. Los Con botas sucias estuvieron allí para demostrar de qué están hechos y, con cambios en la formación, sonaron muy bien

Por César Luis Penna

Patria o muerte, el primero de muchos festivales por venir, se llevó a cabo el pasado viernes 10 de junio en la ciudad de Diamante. Fausto, uno de los organizadores, me comentaba que el nombre del festival se dio por la situación actual de que hay que defender la Patria con todo y con todas las herramientas que se tienen. Un pensar que muchos compartimos porque vemos cómo vendieron el río Paraná, aprobaron una ley monstruosa para vender todas las tierras que se pueda, hasta las de la Armada en Tierra del Fuego, y vemos cómo el ejército norteamericano se pasea por nuestro territorio como se le antoja. Ahí fuimos con la banda para hacer nuestro aporte cultural al festival metalero.   

Cambios en la banda

Con los muchachos de Con Botas Sucias ya habíamos estado en el verano en la apertura del programa de radio Oíd mortales, conducido por Fausto, un día nublado que terminó con lluvia leve. Unas semanas después de aquella presentación nuestro pequeño bajista decidió seguir solo. Tal vez cometimos el error de darle de comer después de las doce. Pasamos un par de meses buscando un nuevo bajista y nos llegó la invitación para esta nueva fecha.   

Luis, hermano de nuestro baterista Mario, es bajista hace 40 años y después de escuchar que pensábamos en ir sin el bajo, no dudó y se sumó para tocar con nosotros. Los hermanos habían tocado juntos por última vez hace ya 30 años en una banda ya desaparecida. 

Un mes y medio antes de todo esto, Luis tuvo un episodio cardíaco que lo dejó tecleando. Ninguno de nosotros sabe de medicina, pero estamos seguros de que la música sana.        

Ensayos y nueva formación

Después de cuatro intensos ensayos y otro episodio cardíaco tras el partido de Argentina versus Egipto fuimos rumbo a Diamante una vez más. Por un lado, fuimos Luis, Mario y yo, con los equipos del bajo y la voz, y por el otro Nico con su compañera Maru y los equipos de guitarra y los fierros de la batería. Fuimos tranquilos charlando de su primera banda, de escapadas de pesca, de las aldeas que veíamos a nuestro paso y escuchando Rush. 

Cuando llegamos a la calle frente a Makana’s, el salón de eventos, estaba cortada. Un auto había chocado unos bancos de cemento inoportunamente ubicados en la mitad de la calle. Mario bajó y habló con los agentes y pasamos.

En la entrada estaban los gauchos metaleros de Talc, oriundos de Crespo, que uno de sus guitarristas se había ofrecido a tocar el bajo con nosotros. En la vereda también estaba el organizador y quien nos convocara. Ahí mismo me contó que dudó hasta último momento en hacer el recital porque ese mismo día, un par de horas antes, había muerto un músico muy querido de la ciudad. Había incertidumbre y se lo veía muy golpeado a Fausto. 

—No sé si vendrá alguien, hay muchos en el velorio y no pude cancelar porque hay muchos en camino —dijo algo quebrado.

—Bueno, entremos, de última hacemos una zapada entre nosotros, ya que estamos acá —le dije con seguridad y esperando lo mejor.                 

Mientras los muchachos de la banda entraban, les iba comentando la situación para que se hicieran la idea de que tal vez no tocaríamos. Llegamos a las nueve y realmente se sentía que estábamos más al sur porque el frío era realmente intenso. 

Empezó el festival

El escenario había cambiado de lugar, la bandera argentina estaba a un lado y en el centro una pantalla donde se proyectaban los auspiciantes, las bandas y el nombre del festival. Como venía tomando mate seguí por el mismo camino hasta que se acabó el agua.  

De a poco fueron llegando las delegaciones de Crespo, Aldea Valle María, Paraná y de la misma ciudad. En el salón ya estaban preparados los puestos con remeras, pulseras, arneses y una minirockería con remeras, gorros, pulseras, anillos y demás.

A medida que se llenaba el salón las dudas se desvanecían. El primero en arrancar fue el pequeño Fidel Bogado, con un show de batería con temas de Megadeth, Pantera, Almafuerte y un sinfín de bandas.

Para continuar con el orden, arrancó Talc, luego de un cambio de batería. Su cantante y bajista se colocaron fuera del corralito asignado generando unos bellos acoples. 

Alguien de la banda sacó de una mochila una banderita y la colocó sobre la batería. De lejos se podía ver que el cantante llevaba algo largo en la cintura. Era una réplica de una katana, que en su mango habían atado un micrófono inalámbrico. A lo largo del show pudimos ver cómo jugaba con ella, al igual que los músicos. Ahí comprendí cuando una novia me dijo: “Mirá cómo juegan los chicos” y estaban en medio del pogo. Antes de terminar hicieron Canción de amor (cerveza) de Dos minutos, y Muy cansado estoy de V8 como para cerrar bien arriba. Uno diría que su estilo es ese metal y punk. 

Ahora nos toca a nosotros

Como una de las bandas de Tala se bajó por una descoordinación de último momento, nos tocó a nosotros los Botas Sucias. Luis estaba nervioso porque hacía un par de años no tocaba, Nico y Mario exhalaban ansiedad de tocar y a mí sólo me dolía abominablemente la espalda. El organizador me dio permiso para hablar, ya que faltaba una banda y nosotros sólo teníamos siete temas. Sí, tenía un poco de nervios, porque no podíamos coordinar el sonido, el baterista se ponía más nervioso porque quería tocar cuanto antes y el bajista quedaba escondido entre cables y parlantes. Cuando arrancamos apenas escuchaba, iba a hacer un chiste introductorio, pero al final arrancamos en crudo con Anda suelto Satanás. Como me había llevado un teleprompter escondido en un atril, cubierto por una bandera argentina, tenía más seguridad si me perdía. La introducción de El Malo fue mencionando a Trump y sus atrocidades y su amigo local. Expliqué de qué trataba el tema y arrancamos. Hasta ahí bien para el tema insignia, después de explicar qué es CBS, que se refiere a la compañía discográfica, arrancamos con gran potencia y rapidez. Para la tercera estrofa entré mal y el teleprompter no me ayudaba, por lo que cambié el orden de las últimas estrofas. Tenía la ventaja que mis compañeros no me escuchaban, sólo se escuchaban entre ellos, así es que el tema cerró lo más bien. Debía hacer una mención al Juanjo, que tocaba en TIMBU, una banda de reggae de Diamante y que había muerto ese mismo día a la tarde. Agregué que los músicos trascienden y no debemos estar tristes, ¿acaso nos ponemos tristes cuando escuchamos Ozzy, Iorio, el Indio y los Redonditos? La banda sólo quería tocar y ahí fuimos con Las flores del mal. Pese a que entre ellos se escuchaban apenas, los temas salieron bien. Para Son como hormigas nos presenté con nuestras profesiones, cuando iba a sonar Larga vida al rock and roll hice algo que siempre quise hacer, preguntarles cómo se llama el festival hasta que lo griten bien fuerte. Cuando llegó el último tema se me ocurrió decir: “En este contexto de mierda, difícil, donde se regalan las tierras donde vivimos por dos mangos, ¿qué vamos a hacer?” y gritando les dije: “¡Resistir!”. Comenzamos con Resistiré, que fue el último tema. La gente nos pedía más, pero realmente no teníamos más. 

Volvimos al banco de suplentes y subieron los oriundos de Basavilbaso Du Emisor, un trío muy poderoso, los comentarios decían que era new metal, y sí, sonaba a eso impecablemente. Hicieron un cover de Soda Stereo, Sueles dejarme solo, tocado de una manera impresionante. Minutos antes de que terminen, vi que algo volaba, pensé que era mi imaginación, pero no era así, una chica enojada como una yarará arremetía contra el organizador por lo que fui a ver si podía ayudar en algo. Afuera había otra chica enojada como una culebra que arremetía contra él y quería seguir la pelea. El novio oportunamente trataba de calmarla y llevársela. Mis informantes me dijeron que cuando se dieron cuenta las chicas estaban agarradas de las mechas y alguien las separó, pero en un descuido de un segundo una de ellas tomó una silla lista para dársela a la contrincante por el lomo. Se la quitaron a tiempo y todo terminó sólo en insultos. Nos sentamos, agradecimos a la Maru por las fotos y nos comimos una pizza fría y unas cervecitas para acompañar. 

La vuelta a casa

Volvimos hablando de si nos había gustado o no, los hermanos coincidían en su respuesta y yo no dije nada, porque para mí todas las salidas para tocar son como aventuras donde siempre pasa algo y donde sólo trato de hacer el rato más ameno para quienes nos escuchan. El dueño del lugar nos felicitó por cómo habíamos sonado, pese a lo difícil que nos fue arrancar; el sonidista que fue integrante de Dulces Rufianes también nos felicitó, Mustaine de Crespo, que hace un poco más de diez años que lo veo en todos los recitales de bandas nacionales, igual. La Demonia que tenía su puestito me agradeció por las palabras, le pregunté cuáles… “Vos sabés”, me dijo. Había resultado profundo y no sabía. El tema es que muchos nos felicitaban y nos volvimos con esa sensación de que siempre queremos más, sonar mejor, más retorno… pero la pasamos bien, tocamos, volvimos todos, no perdimos nada y les llevamos las letras de Barón Rojo a generaciones que nunca en su vida han escuchado. Quedaron rumores de más festivales y encuentros siempre con la Patria y el metal en el corazón.

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