La guitarra entrerriana que con la chamarrita sedujo al mundo

Con más de 50 años de trayectoria, el santaelenense llevó este ritmo a escenarios de Australia y Nueva Zelanda. Integró grandes conjuntos y Linares Cardozo lo bautizó con el apodo que lo identifica hasta hoy

Por Vicente Suárez Wollert

Nacido en Santa Elena en septiembre de 1949, Julio López forjó desde niño una relación entrañable con la guitarra, que lo llevaría a recorrer escenarios de todo el planeta, a integrar algunos de los conjuntos más emblemáticos del folklore entrerriano y a ganarse, de la mano de Linares Cardozo, el apodo que lo acompaña hasta hoy: la Guitarra Entrerriana.

“Desde muy chico tuve un interés especial por la guitarra”, recordó López en diálogo con este medio, al repasar los inicios de una vocación que nació en su Santa Elena natal y que pronto se convertiría en el eje de toda su vida. De adolescente trabajó en el frigorífico local, hasta que un día, según relató, despidieron a todos los jóvenes del establecimiento. Fue entonces, con apenas 21 años, cuando decidió partir hacia Buenos Aires en busca de un nuevo horizonte. El viaje quedó grabado en su memoria por un detalle que dice mucho de su carácter: tocó la guitarra durante todo el trayecto en el colectivo, como si el instrumento fuera, más que un equipaje, una manera de sostener la identidad entrerriana en cada kilómetro que lo alejaba de su pueblo.

Ya instalado en la Capital Federal, López comenzó a presentarse en peñas y festivales, donde fue cosechando reconocimiento y sumando experiencia sobre los escenarios. Uno de los episodios que marcó un antes y un después en su carrera se produjo cuando una mujer oriunda de Concepción del Uruguay organizó una gira por las provincias del oeste argentino y lo convocó para participar. “A la vuelta de esa gira fue a Santa Elena y lo contactaron los hermanos Cuestas”, contó el músico, quien durante quince años se desempeñó como primera guitarra del grupo. Con el correr del tiempo se fueron sumando nuevos integrantes hasta dar forma a Los Chamarriteros, conjunto que se convertiría en uno de los emblemas de la música litoraleña.

En la ciudad de Diamante, el 3 de noviembre de 1982 nacieron oficialmente Los Chamarriteros Entrerrianos, fundados por el propio López en guitarra, junto a Ismael Bejarano, también en guitarra, y Rómulo Acosta en acordeón. El conjunto comenzó como un sexteto instrumental, bautizado así por Néstor y Rubén Cuestas, para acompañar las actuaciones de los Hermanos Cuestas. La propuesta buscaba dotar a los cuerpos de baile entrerrianos de un repertorio propio, en un momento en que escaseaba material regional y los ballets recurrían a la chacarera o la zamba santiagueñas o al chamamé correntino. Difundir la chamarrita entrerriana se transformó así en una verdadera necesidad artística y cultural, casi en una misión que López y sus compañeros asumieron con convicción. Con los años, el grupo incorporó una voz, la de Juan Carlos Barrera, que terminó de darle identidad al conjunto y de consolidar un estilo reconocible en cada presentación, ya fuera en un festival de pueblo o en un escenario mayor.

La carrera de López lo llevó mucho más allá de las fronteras provinciales y nacionales. Tocó su guitarra en Australia y en Nueva Zelanda, adonde llevó la chamarrita a comunidades de argentinos radicados lejos de su tierra. “Tuve la suerte de ir a Australia, a Nueva Zelanda, a llevar la chamarrita. Tocaba en todos lados. También toqué el Himno Nacional Argentino, porque ahí está lleno de argentinos”, relató y recordó con emoción el efecto que esas actuaciones generaban en el público: “Se paraban cincuenta en cada lado que iba, cantaban y lloraban, porque se extraña mucho el país”. Esas escenas, según pudo relatar, se repitieron en distintos puntos del planeta y confirmaron que la música entrerriana tenía la fuerza suficiente para emocionar a un argentino en cualquier rincón del mundo.

Fue justamente Linares Cardozo, admirador de su estilo, quien lo bautizó como la Guitarra Entrerriana, un título que López asumió con orgullo y al que procuró honrar a lo largo de toda su trayectoria. Con un repertorio amplio que combina ranchera, chamarrita, chamamé y tanguito montielero, Los Chamarriteros construyeron con el tiempo una relación fraterna con su público, mostrando al país una parte esencial de la identidad entrerriana. Esa cercanía con la gente es quizás uno de los mayores logros que el propio López reconoce cuando repasa su trayectoria: haber contribuido a que la chamarrita dejara de ser un género de nicho para convertirse en un símbolo cultural reconocido dentro y fuera de la provincia.

A pesar de haber recorrido escenarios de los cinco continentes, López no duda a la hora de hablar de su ciudad natal. “Disfruto mucho de volver a Santa Elena, es todo muy lindo, un entorno natural, hermoso, y su gente es muy cálida”, expresó, en una definición que resume el vínculo profundo entre el músico y el pueblo que lo vio nacer. Con una trayectoria que atraviesa más de cinco décadas, entre peñas, giras internacionales y la fundación de conjuntos que hoy forman parte de la memoria musical entrerriana, Julio López sigue siendo, para Santa Elena y para toda la provincia, la auténtica guitarra entrerriana: un artista que llevó su tierra a cuestas allá donde tocara y que encontró siempre en el regreso a su pueblo el mismo entusiasmo del primer día. Y es que, más allá de los escenarios, López es también un vecino más, de esos que uno se cruza todos los días en las veredas de Santa Elena, haciendo mandados o saludando al vecindario con la misma sencillez de siempre. En ese perfil bajo no se intuye, a simple vista, la inmensa trayectoria que carga consigo, ni su paso por algunos de los escenarios más destacados del mundo.

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